jueves, 28 de agosto de 2014

Mi vampira traviesa. Capítulo 1

Os adelanto el primer capítulo, aunque todavía estoy en fase de correcciones... pero me hace ilusión que vayáis viendo de qué va la historia. 
Espero que os guste.




1




En la tienda no había mucha gente. Edith White (la dueña), y su ayudante Samantha Walker, estaban revisando los nuevos pedidos que habían llegado mientras colocaban los expositores.

Quedaba mucha mercancía en el almacén y a Edith le preocupaba, pero tenía todos sus sentidos alerta después del robo de unos meses atrás. No quería correr más riesgos. En aquella ocasión, se habían llevado varios objetos muy valiosos, en los que estaban incluidos: un joyero y un anillo muy importantes para ella. No solo por el valor económico de éstos; eran muy preciados, porque pertenecieron a su familia desde hacía generaciones, y eran de las pocas cosas que había podido conservar.

Su vida no había sido fácil jamás, pero había logrado sobrevivir, y al igual que ella, esos pocos objetos habían sido capaces de permanecer ilesos a través de los años.

Tuvo que esforzarse mucho para lograr encontrarlos y recuperarlos. Esa era ya la segunda vez y no pensaba dejar que ocurriera lo mismo una tercera. Se prometió a sí misma, que si podía encontrar a las personas que abrieron su caja fuerte de alta seguridad como si tal cosa, pagarían muy caro su desfachatez. Y no los llevaría ante la ley, sino que tendrían que enfrentarse a ella. Y como siempre, perderían.

Edith vio que su ayudante estaba alicaída y se acercó hasta ella para preguntarle.

—¿Qué te ocurre Sami?

—Oh, nada. Es solo que…

Dejó la frase sin acabar.

Pudo notar el sufrimiento de la joven. En realidad Samantha era dos años mayor que ella, pero teniendo en cuenta la verdadera condición de Edith, poco importaba eso. Vio que las lágrimas brotaron de los ojos de la chica y quiso consolarla. Ni siquiera dejó la copa de cristal que llevaba en la mano, sujetó a Samantha por los hombros suavemente y la condujo a la sala contigua que ellas utilizaban para comer, descansar y guardar sus cosas personales.

Se sentaron en un sofá de piel y Edith encendió el enorme televisor de pantalla plana que había en la pared. A su ayudante le gustaba ver los programas del corazón y aunque no entendía que a nadie en el planeta pudiera gustarle o relajarle algo así, se había acostumbrado a hacer lo mismo cada vez que Samantha sufría una de sus crisis. Dedujo que otra vez era a causa de su novio, pero como ocurría lo mismo desde hacía meses, no le quiso preguntar. Para ella las relaciones eran absurdas y sin embargo, la que había llegado a convertirse en una buena amiga, era la mujer más enamoradiza que existía.

Nunca se ponían de acuerdo, así que Edith procuraba evitar ese tema en concreto todo lo que podía, aunque le resultaba difícil evitar discutir, ya que deseaba que Samantha dejara de sufrir por culpa de los hombres de una vez y para siempre. Por alguna extraña razón, no había sido capaz de utilizar todos sus poderes de persuasión para hacerla cambiar de idea. A veces se preguntaba si se estaba volviendo una blanda y eso no le gustaba en absoluto.

—Deja de llorar —intentó sonar autoritaria, pero más bien su voz sonó maternal. Algo que detestaba. Le dio un pañuelo y se levantó—. Te prepararé un té.

Era algo que solía hacer a menudo su madre cuando aún vivía. No fue fácil para ella la vida en América. No eran precisamente de la alta sociedad neoyorkina y se vio obligada a vivir en la pobreza hasta que conoció a un hombre rico que la mantuvo durante un tiempo. Claro que todo eso terminó cuando éste supo que su madre quedó embarazada. Las abandonó a las dos y desapareció sin mirar atrás. Margaret White no volvió a ser la misma mujer. Se fue a vivir con una prima suya, que prácticamente crió a Edith, porque su madre perdió todo su mundo el día que Tomas Rogers desapareció de su vida.

Todo eso había pasado hacía demasiados años. Tantos que a Edith casi le daban escalofríos cuando lo pensaba. Aún le afectaba mucho, aunque le costara admitirlo.

Sus divagaciones quedaron relegadas a un rincón de la mente de Edith donde guardaba sus recuerdos del pasado, demasiado vívidos, teniendo en cuenta que hacía mucho de aquello. Pero entonces se dio cuenta de que algo la había devuelto a la realidad, un pequeño golpe se había oído desde el almacén.

Estaba ocurriendo de nuevo.

—¡Edith!

—¿Qué ocurre? —preguntó a Samantha, extrañada.

Entonces se dio cuenta de que había roto la copa que llevaba en la mano. Odiaba cuando pasaban esas cosas, a veces era un poco descuidada.

—Oh, vaya…

—¿Te has hecho daño?

—No, no. Tranquila, ya debía de estar rota.

Su comentario fue recibido con una mirada de incredulidad por parte de su ayudante. La contempló, al parecer, olvidando sus problemas sentimentales por el momento y levantó las cejas expectante.

—Para ser una mujer tan patosa, debiste dedicarte a otra cosa… o al menos haber pensado mejor lo de regentar una tienda de artículos de lujo, ¿no crees? —observó Samantha—. Esa copa cuesta una pequeña fortuna —soltó con voz chillona.

—Ya lo sé… —dijo pensativa. Su ayudante no sabía lo cerca que estaba su observación de la verdad. Recogió los pedazos y volvió a oír el ruido. Intentó serenarse y proceder con calma, porque si no, aquello terminaría en desastre—. Oye, me parece que he oído algo en el almacén, voy a ir a ver.

—Yo no he oído nada.

—Bueno, tranquila, solo iré a asegurarme. Ahora te prepararé el té.

—Está bien.

Cerró la puerta trasera con llave para que nadie pudiera salir de la tienda hasta que todo quedara arreglado. Si Edith pillaba al intruso, iba a hacerle pagar allí mismo. Entró con sigilo, aunque en el momento en que llegó al fondo del pasillo notó algo, una esencia muy reconocible por las personas como ella.

Un vampiro.

Se sorprendió mucho, porque no tenía ni idea de que la primera vez que robaron, fuera uno de ellos. Debió suponerlo, su caja fuerte estaba bien preparada y solo alguien de su misma naturaleza podía haber hecho un trabajo tan limpio y eficaz.

No trató de esconderse más. Quien quiera que fuese, ya había percibido que ella estaba allí, así que abrió la puerta que daba al almacén y sin necesidad de buscar, supo que la persona estaba esperándola junto a su caja fuerte, abierta como en las otras ocasiones. Lo que había ido a buscar no estaba allí. Y la persona que quería ese objeto tan valioso, querría saber porqué y dónde estaba ahora.

Ella no pensaba colaborar. Menos aún, cuando sus dudas estaban a punto de ser aclaradas.

Se encontró con un hombre de complexión fuerte de más de metro noventa. Su pelo castaño y sus ojos verdes, le hacían bastante atractivo, pero no amistoso. Había algo terriblemente peligroso en él, un aura oscura muy característica. Estaba claro que estaba acostumbrado a la violencia, porque había una maldad en sus ojos que no había contemplado en nadie más.

Tal vez en otra persona…

Sus sospechas se confirmaron en ese instante. El hombre que la había convertido hacía más de doscientos cincuenta años estaba detrás de todo el asunto. Pasó mucho tiempo con él antes de saber lo que era realmente y tuvo claro, que ese no era el único error que había cometido con él, sino también el dejarle entrar en su vida y darle a conocer todo aquello importante para ella.

Era un hombre sin escrúpulos que hacía lo que fuera por conseguir lo que deseaba. La quiso a ella, pero cuando se dio cuenta de que no la tendría jamás como él deseaba, la convirtió en vampira, imaginando que tras eso, se quedaría a su lado. Algo que no ocurrió. Más bien lo contrario. Edith se sintió manipulada y desprovista de todo poder para tomar sus decisiones. Nunca habría elegido esa vida, pero él tomó la decisión en su lugar y no se lo perdonaría ni en esa, ni en mil vidas.

Estaba segura de que el vampiro que tenía delante, estaba al tanto de sus sentimientos, pero le era difícil ocultarlos cuando eran tan fuertes como puñales en su corazón.

—¿Quién eres?

La voz de Edith denotaba toda la rabia contenida que sentía en esos momentos. Deseaba arrancarle la confesión a mordiscos, pero se contuvo, porque pensó que Samantha podía entrar por la puerta trasera del almacén si notaba que había cerrado con llave la que daba paso a la tienda. Su amiga se preocupaba en exceso, así que tenía que terminar con todo lo antes posible.

—Aquí lo importante no es quién soy yo. Sino quién eres tú. Vengo a recuperar lo que le quitaste.

La seguridad en sí mismo no amedrentó a Edith, tampoco la certeza de saber de quién hablaba. Podía notar que era un vampiro mucho más joven que ella, y él también lo notaría sin dificultad, por eso, como hombre que era, sentía la necesidad de sentirse imponente, algo que ella sabía manejar muy bien.

—Tienes mucho valor viniendo solo.

—¿Cómo estás tan segura de que no he venido con nadie? —media sonrisa asomó a los labios del hombre.

Hacía mucho tiempo que ella no se dejaba embaucar por hombres atractivos y seductores, había aprendido la lección después de tropezar con muchas piedras en su largo camino.

—Vamos campeón —ronroneó—, ya sabes que puedo notar esas cosas mejor que tú, así que te ahorraré tiempo y esfuerzo —su tono condescendiente, pasó a otro mucho más oscuro y determinante—. Dile a Adolf que no encontrará nada de lo que busca y si tanto lo desea, que venga él en persona. Le estaré esperando.

La amenaza velada no impresionó al hombre, que miró de arriba abajo a Edith y le hizo sentir una pequeña oleada de deseo. Escrutó a la joven y percibió mucha más fuerza interior de la que mostraba, ya que era menuda y de no más de metro sesenta y cinco. Su cabello moreno y ojos azules, hacían una combinación irresistible para cualquier hombre que supiera apreciar la belleza. Desde luego ahora entendía la obsesión de su jefe con Edith White.

Él no soportaba tener que hacer los trabajos sucios del viejo vampiro. Jonathan Brown no había nacido para servir a nadie, pero por desgracia, su suerte había cambiado aquel día de 1922, cuando Adolf Callaghan le miró con el mismo ojo crítico con que observaba a su preciada colección privada de objetos valiosos. Sabía ver el potencial de todo lo que poseía y de aquellos que convertía, porque desde luego, solo había que mirar a la preciosa mujercita que tenía justo enfrente. No era de extrañar que quisiera recuperarla, aunque por alguna extraña razón, ahora no estaba demasiado dispuesto a entregársela en bandeja. Su trabajo consistía en recuperar ciertos objetos e intentar forzarla a un encuentro con Adolf. Ya no le parecía tan sencillo ni tan interesante, porque sabía la clase de persona que era el hombre para el que trabajaba, y sin duda, Edith se merecía algo mejor.

Jonathan no la conocía de nada, y tampoco es que le importara demasiado, pero estaba claro que detestaba a Adolf y si no fuera porque su influjo le tenía atrapado, le habría abandonado hace tiempo. Ya no detestaba su condición de vampiro, llegó a acostumbrarse después de muchos años, pero de haber elegido esa vida, habría preferido sin duda que le convirtiera Edith. Ahora que la tenía delante y notaba sus fuertes vibraciones y su infinita energía, sabía con seguridad, que hubiera disfrutado estando bajo su influjo. Eso era algo que sometía al vampiro con su creador, lo que le convertía en alguien leal a este, aún si no compartían los mismos principios sobre la vida.

Su creador nunca le había llegado a confesar porqué liberó a Edith, si al parecer, estaba tan enamorado de ella. Pero se alegraba, aunque ese pensamiento le estaba desconcertando. No había sentido nada igual por una mujer, aunque por su vida habían pasado docenas de ellas. Estaba claro que ninguna humana podía equipararse a ese ser inmortal que tenía a pocos pasos. Casi le resultaba imposible reprimirse para no dar unos pasos más y notar su calor y su aura más cerca.

Ambos notaron la presencia de otra persona cerca de donde estaban. Edith la reconoció enseguida y se tensó, pero Jonathan se quedó impresionado por la energía tan especial que sentía, muy pocas veces se había cruzado con algo parecido y sin duda no lo olvidaría fácilmente. Frunció el ceño ante el amargo recuerdo.

—Es mi ayudante, más te vale desaparecer —siseó Edith.

—Un poco tarde —dijo Jonathan sonriendo con malicia. La otra mujer estaba frente a la puerta trasera y giraba la llave en ese momento—. Tendrás que inventar una excusa —propuso en voz baja—. Como que soy tu novio o algo así.

—¿Estás loco? Es la peor excusa que podría darle —puso mala cara y sin saber por qué, su corazón latió desbocado como nunca en su vida.

—¿Qué pasa? ¿Tú nunca has tenido novio?

—Pues no, y para tu información, no es algo que te concierna para nada.

—Ya… —Arqueó una ceja y la miró un instante que a ella le pareció una eternidad.

La puerta se abrió de golpe. Dejando a los dos vampiros mirándose sin saber muy bien qué hacer o decir.

Edith no quería poner a su amiga en peligro, aunque imaginaba que podría defenderse sin problemas del ataque de aquel hombre si se lo proponía, no había confirmado la naturaleza de aquella energía que provenía de Samantha y no deseaba ponerla a prueba delante de un vampiro del que no sabía nada. No tenía ni idea de hasta qué punto, Adolf había influido en su personalidad y mientras no estuviera segura, no iba a consentir que se acercara a ninguna de las dos.

—Edith, estaba preocupada… —su semblante cambió cuando miró en dirección a Jonathan. Se quedó sin habla y sintió un miedo atroz que le obstruyó la garganta y casi no le dejaba respirar. Edith notó el estado de su amiga—. ¿Quién es? —preguntó con voz temblorosa.

—Oh, Sami no te preocupes, solo es un amigo. Ya sabes… ha venido para invitarme a salir.

Su comentario tenía una clara advertencia para Jonathan, esperaba que no le contradijera, si no su amiga se daría cuenta de que no era precisamente alguien bienvenido allí. No quería que se asustara, aunque podía percibir desconfianza y miedo vibrando por todo su ser y no supo interpretar el motivo.

—Ya veo. No me habías hablado de él —dijo con decepción.

—Lo siento, ya sabes cómo soy —no quería darle explicaciones estando él allí, tenía que invitarle a largarse lo antes posible y sin levantar sospechas, no deseaba involucrar a su amiga en asuntos tan turbios como su pasado—. Ya hablaremos en otro momento, estoy trabajando. —Se dirigió a él y esperó su respuesta.

—Sí, ya me iba. Por cierto soy Jonathan Brown —tendió la mano a Samantha y ella se la estrechó con reticencia, más por pura cortesía que por ser amable con él—. Un placer.

—Igualmente, yo soy Samantha Walker —habló algo más relajada.

—Lo sé, me han hablado mucho y bien de ti.

Edith le fulminó con la mirada. Le había dicho aquello que deseaba saber: su nombre. Pero también había dejado caer, que sabía mucho más de su vida de lo que parecía. No le hacía ninguna gracia, y mucho menos que su amiga se viera implicada de alguna manera en lo que sin duda parecía, una guerra entre ella y Adolf. No sabía si alguna vez lograría deshacerse de él.

Cuando se marchó por fin, Jonathan dedicó una mirada significativa a Edith, y ella pudo leer en su mente las palabras de él: Nos veremos muy pronto, con un tono burlón. Desde luego ese hombre la sorprendía al demostrarle, que había aprendido rápido, los trucos que tenía el hecho de ser vampiro. No deseaba enfrentarse a él ni a su creador, porque no sabía si tenía las de ganar a pesar de su fuerza y experiencia, pero lo haría si era necesario, porque no iba a permitir que le arrebataran aquello que era importante para ella.

Su amiga la agarró del brazo y la sacudió. Edith pudo percibir en Samantha la confusión y el miedo, que momentos antes habían desaparecido al tocar a Jonathan.

Algo en lo que tendría que pensar más tarde.

Ahora, su amiga volvía a experimentar esos sentimientos como si se tratara de una burbuja asfixiante y no le gustaba nada en absoluto.

—¿En qué estabas pensando Edith?

—¿Qué quieres decir? —replicó.

—No me gusta ese hombre… no me habías contado nada de él. Ya sé que es cosa tuya, pero siempre me dices con quién andas por ahí, aunque solo sea una aventura de una noche —habló tan deprisa que Edith no supo cómo no se había quedado sin aire.

—Samantha… —advirtió a su amiga.

—No, nada de Samantha. Me llamas así porque sabes que no lo soporto y así zanjas las cuestiones que no quieres afrontar, pero después de dos años ya no soporto andar con secretos. Estoy harta.

Edith se quedó sin habla. Algo que no ocurría con frecuencia. Apreció en los ojos de su amiga, la certeza de lo que pasaba por su mente. Sabía lo que era ella. Lo que aún no estaba segura es desde cuándo y cómo es que lo había descubierto.

—¿A qué te refieres? —preguntó insegura.

—¿Tú qué crees? —resopló con impaciencia—. Jonathan es un vampiro… y desde luego uno que no te conviene nada en absoluto. Hay algo peligroso en él y no me fío.

—¿Cómo puedes saber eso? ¿Y por qué no estás más asustada sabiendo lo que es? Yo…

—También sé que eres una vampira, pero tú eres distinta —la sujetó por la mano y la hizo sentarse en una de las dos sillas antiguas que había a un lado del almacén—. Confieso que al principio me sorprendió, pero puedo ver más allá de lo que hay en las personas, sobre todo en los que son como tú. Enseguida noté que hay muchas cosas buenas en tu interior. Me daba miedo decirte que lo sabía, porque pensé que ya lo habrías notado tú también.

—¿Notado? ¿Qué tenía que notar?

—Vaya… así que no has conocido a ninguno como yo… No me extraña entonces que no te dieras cuenta enseguida. Lo que ocurre es que cuando un vampiro conoce a una bruja, suele existir una rivalidad y rechazo que normalmente acaba en tragedia. El temor a ser descubierto es demasiado fuerte, surge lo peor del vampiro y su esencia le empuja a destruir aquello que considera un peligro para su existencia. Por eso los que aún quedamos con vida, somos tan pocos.

—Eres una bruja —susurró Edith. Ahora comprendía la energía que sentía fluir alrededor de su amiga, y que siempre había considerado algo especial—. Si existe esa rivalidad entre vampiros y brujas, ¿cómo es que tú y yo somos amigas? No tiene mucho sentido.

—Pues no estoy muy segura. Pienso que si un vampiro puede controlar sus impulsos asesinos… —guardó silencio cuando vio la atónita expresión de Edith—. Lo siento, estoy tan acostumbrada a guardarme mis pensamientos, que ahora que parece que puedo hablar contigo con libertad, va a salir todo fuera —sonrió un poco avergonzada—. Hace años que no ocurre eso con tanta frecuencia y creo que es porque los vampiros han evolucionado. Igual que ahora los humanos ya no van persiguiendo a las brujas con antorchas, pues podemos convivir de un modo más pacífico con los vampiros también.

 —Sí, bueno. Yo por suerte, me libré de alguien terrible que ahora anda detrás de Jonathan y por eso creo que él no te gusta, ¿no es verdad?

—Hay algo muy oscuro a su alrededor sí, pero también en su interior. Pocas veces he visto algo así… y no me queda más remedio que preguntarte —habló de forma pausada—, ¿qué hay realmente entre vosotros?

Había un brillo calculador en los ojos azules de su amiga. No sabía qué estaría pensando en realidad sobre ellos dos, pero si imaginaba que estaban juntos o algo parecido, no podría estar más equivocada.




Espero que hayáis disfrutado.

Para leer más, tendréis que esperar solo un poquito, porque muy pronto podré anunciaros la fecha exacta de publicación, (que será a finales del mes que viene).

Un abrazo!



martes, 26 de agosto de 2014

Book trailer de "Mi vampira traviesa"

Es un placer para mí presentaros el book trailer de mi nueva novela. Espero que lo disfrutéis, porque como siempre, está hecho con todo mi cariño. 
Muy prontito podréis leer el primer capítulo de la novela y el mes que viene (ya avisaré de la fecha) estará a la venta en amazon.

Saludos y feliz semana!!!







domingo, 17 de agosto de 2014

Mi nueva novela: Mi vampira traviesa

Me hace muy feliz presentaros mi nuevo trabajo, la primera novela que he escrito de género paranormal.
Estará a la venta en amazon el próximo mes de Septiembre.



Sinopsis

Edith White es joven, hermosa y no ha tenido una vida fácil. Es una vampira cuyo destino fue impuesto y no piensa tolerar que nadie más le diga cómo tiene que hacer las cosas.

Se guía por su propio código… hasta que Jonathan Brown se cruza en su camino y no para hacerle la vida más fácil. Es atractivo, seductor y de la misma naturaleza que ella. Le enseñará que en la vida a veces merece la pena dejarse llevar y olvidar al resto del mundo.
Pero es algo que Edith no puede hacer cuando sabe que Ian y Samantha, podrían estar en peligro por su culpa.


Tendrá que enfrentarse a muchas cosas, incluso a la verdad que le fue negada hace años, para conseguir la vida que desea. ¿Lo logrará a pesar de que quizás tenga que renunciar a algo importante para ella?


viernes, 8 de agosto de 2014

Mi reseña sobre "Mis días sin ti" de Connie Jett



Me encantó la portada cuando la vi. Creo que es perfecta para esta novela y sin duda llama la atención por lo original que es.

No fue ninguna novedad, según iba adentrándome en la historia, sentir que me iba gustando más y más. Es la segunda novela que leo de Connie y como ocurrió con la primera, la disfruté y la devoré en cuestión de horas... más bien minutos...

Esta autora, a la que admiro, sabe crear protagonistas sencillos y a la vez entrañables, que se quedan en tu memoria y así perduran para siempre. Son personajes con los que cualquiera podría sentirse identificado, en uno o más sentidos. 

La historia es preciosa, divertida y también emotiva. Habla de la experiencia de Marisa en un momento complicado con su ex y cómo un viaje con su amiga Carol, la hace reflexionar sobre lo que está viviendo. A veces vemos solo lo que hay a nuestro alrededor (las cosas que según nosotros, los demás hacen mal), sin darnos cuenta de nuestros propios actos, decisiones y equivocaciones.
 Está bien a veces, distanciarse de todo para verlo con perspectiva. Y eso es precisamente lo que intentará hacer la protagonista.

Os recomiendo hacer este viaje con ella, porque descubriréis cómo una breve escapada, puede cambiar la vida de una... o más personas.

La podéis encontrar en papel en este enlace.



jueves, 7 de agosto de 2014

Reseña de "Nunca olvides" por Estefanía Molina


Una nueva reseña que agradezco mucho a Estefanía Molina. Gracias!!!



De nuevo vengo a hablar de esta escritora que lleva ya en sus espaldas muchas teclas de ordenador formando nuevos libros, aunque podríamos decir que está comenzando en este mundillo. 
Este es el primer libro que escribió en 2.013, y os diré que me pareció.

Nunca olvides, es la historia de una chica acomodada económicamente, con novio y a la que parece que todo le va de maravilla, aunque de repente, todo cambia en su vida de la noche a la mañana poco antes de su boda. A raíz de aquí comienza toda una historia de amor y desamor en el que conoceremos la vida y sentimientos de los protagonistas. 

Es un libro que me leí en poquísimo tiempo y me encantó. Como ya he comentado en anteriores críticas, para que un libro me guste debe de meterme en el papel, y éste sin duda, es otro de los que te hacen sentir la historia y formar parte de ella. Sin duda os hará reír y llorar a lo largo de sus páginas. 

Os lo recomiendo, y es la primera parte de la serie "El destino", no tengo duda de que será igual o mejor que este.

...a seguir leyendo...




Su blog podéis verlo aquí.

La novela podéis comprarla aquí.


martes, 5 de agosto de 2014

Mi reseña sobre "Ámame sin más" de Loles López



En la sinopsis ya me dejó intrigada esta historia y desde luego fue toda una sorpresa descubrir el gran secreto de Elisa, nada que yo me hubiera esperado... y tengo mucha imaginación...
La portada es maravillosa, igual que el título, insinúa misterio y un romance épico.

La he disfrutado porque es como un cuento de hadas en la actualidad, la protagonista tras ciertos reveses con su padre, afronta ciertos problemas que son bastante comunes en la sociedad de hoy en día, por desgracia. Y lo bueno es que como en todo cuento de hadas que merezca la pena leer... tiene que haber un príncipe azul que intenta rescatarla, uno con un uniforme muy peculiar y ese es el del protagonista: Pablo. 

No dejéis de leerla porque no os arrepentiréis.

Puedes adquirirlo en papel en este enlace.

lunes, 4 de agosto de 2014

Mi reseña sobre "¿Por qué no?" de Aileen Diolch



Es una historia preciosa. Muy bien escrita y con unos personajes maravillosos.
La portada es muy original y a mí me encanta, promete una dulzura que impregna cada una de sus páginas.
Saúl me ha enamorado completamente, es mi favorito sin duda, me gustan los personajes que tienen grandes gestos y hacen lo que sea por aquello que quieren.

Es una historia corta que, los románticos de verdad, disfrutarán enormemente. Yo lo he hecho y la recomiendo porque no decepcionará, solo querrás más... 


Puedes adquirirlo en formato papel en este enlace.
Y en kindle aquí.