Espero que os guste.
2
Al entrar
en el local nos damos cuenta de que aún no hay demasiada gente, son las doce y
falta al menos una hora para que la fiesta esté en su apogeo. Nosotras subimos
a la tercera planta, donde la música es un poco más suave antes pasar a la
terraza y empezar la fiesta de verdad y que estamos deseando disfrutar.
Carmen aprovecha
para contarme lo mal que lo ha pasado después de romper su relación, muy poca
gente sabe que han terminado aunque algo sospechan, ya que solían estar juntos
siempre y es demasiado obvio. No desea dar explicaciones y mucho menos hablar
de los detalles escabrosos de la ruptura. Me dice una cosa que me sorprende y
es que pasó página e intentó ser fuerte igual que lo soy yo, pero después de
haber pasado por muchas relaciones desastrosas lo que menos me siento es
alguien fuerte, aunque es lo que intento aparentar, en mi interior noto que la
soledad no me abandona tan fácilmente como suelo fingir. Sin duda eso ha
cambiado desde que me marché. Fue como borrar todo mi pasado y empezar de cero.
El local
se está llenando y nuestros amigos poco a poco van apareciendo, somos un grupo
numeroso y como algunos de ellos vienen muy bien acompañados, tanto mis amigas
como los chicos con los que siempre salíamos de fiesta, casi llenamos media
sala.
Me siento
como en casa, literalmente lo estoy, pero al principio creí que sería extraño
reencontrarme con gente con la que solía relacionarme años atrás y con los que
apenas he tenido contacto desde que me fui. Siempre que vengo es para pocos
días y no tengo tiempo de quedar con ellos, pero veo que todos están felices de
verme y gracias a ello estoy divirtiéndome como hace tiempo que no hago, ya que
en América apenas salgo si no es para trabajar.
El
alcohol corre de forma peligrosa y ya empiezo a notar sus efectos a las tres de
la madrugada.
De pronto
me doy cuenta que estoy como una cuba porque me imagino cosas raras, pero soy
consciente de que las personas que se van acercando hasta donde estamos mis
amigos y yo, son reales y me sonríen mientras vienen a nuestro encuentro.
El grupo
es numeroso y a la mitad no los conozco de nada, pero una buena amiga y su
marido van cogidos de la mano y apartando a la gente con delicadeza mientras se
abren paso.
Carmen,
que está a mi lado, me agarra del brazo y me zarandea preguntándome por qué he
dejado de bailar. Con el dedo le señalo al grupo que se acerca y le digo que
son conocidos míos. Ella como es lógico reconoce a la mujer que aparece la
primera, porque es una famosa magnate del mundo empresarial y vuelve a
apretarme el brazo y a gritarme como una posesa que cómo es que la conozco. Mientras
me encojo de hombros y le sonrío con suficiencia ella se acerca a nuestro grupo
de amigos para anunciarles que tenemos nueva compañía. En este momento, con el
vaso en la mano, bebo un poco del combinado que me he pedido y Carmen llega a
mi lado. Se queda quieta y me pregunta con una expresión que la hace parecer
hipnotizada:
—¿Estás
viendo lo mismo que yo?
Tiene la
boca abierta del asombro y enseguida pone cara de ligar y se muerde el labio de
manera sugerente. Yo me estoy riendo de ella porque a veces puede ser muy
exagerada, estoy segura de que se refiere a Matt, el marido de mi amiga Ellen y
que casi nos ha alcanzado. Es sin duda muy atractivo, pero aparte de estar
felizmente casado, no es mi tipo, aunque estoy viendo que Carmen está loca por
el conocido director de cine.
—¡Dios
mío, no me puedo creer que estén aquí! —exclama gritando y sorprendiéndome. Pensé
que se refería a Matt, pero no es así.
Ella mira
más atrás donde dos hombres con un intenso parecido se van acercando, junto a
la pareja que conozco y a otras chicas que por su figura y su ropa, enseguida
me doy cuenta de que deben de ser actrices o modelos, quizás ambas cosas.
Al
principio no los reconozco, pero al ir acercándose me doy cuenta de que son
unos famosos actores de la serie que sigo desde hace más de cuatro años y a la
que estoy enganchada hasta el punto de no querer salir de casa ni hablar con
nadie, cuando está saliendo por la televisión.
Por poco
se me cae el vaso de la mano y voy corriendo a dejarlo en la mesa donde están
sentados mis amigos. Me va a dar un infarto, respiro hondo varias veces porque
estoy segura de que si me ven en este estado, pensarán que estoy loca o que soy
de esas fanáticas de las series, cosa que en parte es cierto, pero ellos no
tienen por qué saberlo.
No es que
ver o conocer en persona a una persona famosa sea algo nuevo para mí. En California
es algo normal, además he hecho algunas entrevistas para mis artículos a
diversos famosos. Por si fuera poco, tengo una relación estrecha con Matt y
Ellen, que son la élite de las estrellas, pero otra cosa muy distinta es que mi
actor favorito junto con su hermano gemelo, estén en mi ciudad y a pocos metros.
Ellen
corre hacia mí en cuanto puede y me abraza con fuerza. Se nota que la atractiva
empresaria está feliz de verme y yo me alegro de que me eche de menos, porque
en poco tiempo la he llegado a considerar una de las mejores personas que he
conocido y somos buenas amigas desde hace tres años. Saludo a Matt y a Karla,
la estilista que trabajaba conmigo en muchas ocasiones y me ayuda siempre que
se lo pido. La verdad es que me sorprende verla aquí.
Mis amigos
solteros enseguida están a mi lado esperando poder conocer a las atractivas
mujeres y cuando nos presentan a las dos modelos que los acompañan, Mario y
David se quedan embobados y empiezan a ligar con ellas. Algo que me hace
gracia, ya que se les ve claramente interesadas en los hermanos actores y por
supuesto no hablan nada de español.
Ellen al
ver que observo a mi actor favorito -y amor
platónico desde hace años- se acerca hasta él y nos presenta,
también a su hermano. Ella sabe que a mí me vuelve loca porque a menudo me
pongo a parlotear sobre ellos y la serie que me tiene enganchada, pero nunca
mencionó que los conociera personalmente, aunque es algo de lo más corriente,
porque allí en su tierra difícilmente pueden no conocerse, ya que deben de
coincidir en los eventos a los que están acostumbrados a asistir.
Estoy tan
feliz de verles que me siento como en una nube, pero aún así les pregunto cómo
es que han decidido venir a España sin avisarme. No lo digo para nadie en
particular, ya que se miran y sonríen entre ellos y enseguida soy consciente de
algo obvio, han decidido adelantar el viaje que pensaban hacer para venir a
verme aunque no me imaginé que pudieran tener tiempo de hacerlo ahora, a
comienzos de verano.
—¿Qué
ocurre? ¿No te alegras de vernos? —pregunta Ellen en inglés.
—Claro
que sí —respondo en inglés también—, no pensé que pudierais venir tan pronto.
Apenas acabo de llegar —le digo soltando una carcajada.
—Te
echábamos de menos, además Karla tiene que ir a Francia en pocos días por
trabajo, y pensamos acompañarla aprovechando los días que tenemos libres.
Ellen
está frenética y da saltos bailando al son de la música a mi lado,
contagiándome su alegría, ahora mismo no es la mujer de negocios que conozco,
sino una amiga de treinta años que está casi más loca que yo.
En este
momento me doy cuenta de que mis amigos nos miran con un interés extraño. Me
percato de que estoy hablando en otro idioma con la multimillonaria Ellen
Harrison y es evidente que a ellos les atrae.
Yo misma
debo de resultar una extranjera más.
—Vaya, cuando
hablas así estás muy sexy —Carmen me arrastra con ella al fondo de la pista de
baile—. Creía que los conocías y no me habías dicho nada al respecto, pero ya
veo que no —dice refiriéndose a los atractivos actores que nos gustan tanto a
las dos—. Yo me pido a Andy, creo que está soltero, ¿no? ¿Por qué no le pides
con tu maravilloso nuevo acento que me invite a una copa?
—¡Estás
loca, si no le conozco de nada!
—Vamos, si
se lo pido yo, no se va a enterar de nada, no ves que no hablo inglés desde el
instituto —me suelta haciendo un mohín—. Debí aprender cuando lo hiciste tú,
ahora no necesitaría a una intérprete para ligar con el actor buenorro.
—Estoy
segura de que él querrá aprender español solo para poder invitarte —al ver la
expresión de súplica de Carmen no puedo negarme—. Está bien, le diré que estás
deseando conocerle, pero no pienses ni por un momento que voy a traducir todo
lo que quieras hablar con él, porque a mí me gusta Johnny, y no quiero que su
hermano piense que soy yo la que está loca por él —le digo con malicia.
La
arrastro conmigo de la mano y nos acercamos a donde están también las dos
rubias modelos, como dejan de hablar cuando estamos a pocos pasos de ellas, nos
damos cuenta de que debían de estar hablando de nosotras.
Los
hermanos actores nos miran y nos sonríen ya que seguro que están informados de
que soy buena amiga de Matt y Ellen, cuando me acerco a Andy tengo que levantar
la vista para poder mirarle a los ojos. Yo mido 1,70cm pero como ellos son tan
altos, ya que casi alcanzan los dos metros, cualquiera puede parecer de
estatura mediana a su lado. Me siento algo paralizada cuando su hermano me mira
con su sonrisa torcida tan característica y por poco me olvido de qué hago yo
aquí. Mi amiga me aprieta la muñeca y vuelvo a la Tierra. Estoy muerta de
vergüenza, pero tengo una misión que llevar a cabo, si no quiero que Carmen se
enfade conmigo por no aprovechar la oportunidad de ligar con el famoso actor.
—Hola —me
saluda él en español.
Las dos
nos quedamos sorprendidas y enseguida él nos aclara que habla un poco nuestro
idioma. Yo me alegro por quitarme ese peso de encima y así mi amiga puede
seguir hablando con él mientras se alejan juntos hacia la barra de la
discoteca.
Me quedo
un rato mirándolos y sonriendo ante las ocurrencias de Carmen y apenas me doy
cuenta de que Johnny está a mi lado haciendo lo mismo.
—Creo que
a mi hermano le gusta tu amiga —me informa en inglés.
—Bueno…
es una buena chica, espero que se lleven bien.
—Estoy
seguro —dice sonriendo de forma que queda claro que su comentario tiene un significado
no tan oculto.
En este
momento me doy cuenta de que es posible que Andy esté realmente interesado en ella
y me alegro.
—¿Desde
cuándo conoces a mi hermano? —me pregunta dejándome desconcertada.
—No le
conozco, nos acaban de presentar.
—Me
refiero a Matt —señala hacia el atractivo hombre de pelo oscuro que baila muy
pegado a Ellen.
—¿Matt es
tu hermano? —pregunto sorprendida.
La música
está alta, pero aún así se oye mi grito de desconcierto cuando Johnny me informa
de su relación con un hombre al que conozco desde hace poco más de tres años, algo
después que a su mujer. Menos mal que no me he acercado mucho para hablarle,
porque de lo contrario le habría dejado sordo. Me sonrojo, pero por su
expresión parece que no se ha dado cuenta debido a la poca iluminación del
local.
Él
asiente y me sonríe. Le respondo y parece pensativo por un momento. Me pregunta
por mi trabajo y cómo es que he acabado viviendo en California. Le aclaro que quise
ampliar mis horizontes y me pongo triste pensando que fue la tensión con mis
padres en ese momento lo que me dio el empujón que me hacía falta para irme.
Cuando decidí estudiar lenguas modernas en lugar de medicina igual que ellos se
llevaron una decepción. Mis escapadas a distintos puntos de España no les hacían
mucha gracia, a pesar de que al principio no iba sola, pero cuando empecé a
salir del país sin compañía en busca de nuevas experiencias fue el colmo y
empezaron a agobiarme hasta casi desesperarme.
Antes de
que eso ocurriera me compraron el piso que adoro desde que lo vi la primera vez,
pero eso no me quitaba las ganas de viajar aunque siempre volvía a las pocas
semanas y cuando descubrí lo que realmente me gustaba de esos viajes les dije
que no me iba a buscar un trabajo estable en la ciudad, porque aunque ellos no
lo sabían, ya lo había encontrado. Por aquel entonces llevaba más de cinco años
documentándome y viajando a diversos países y escribiendo divertidas guías de
viajes en las que escribía mis anécdotas personales, entrevistas a gente de
todo tipo, fotos que iba tomando de diversos lugares para que estuvieran actualizadas
según el año de publicación y opiniones personales sobre todas mis vivencias.
Claro que todo esto lo hice con el nombre de Sophie Thompson porque en un
principio no me hacía mucha gracia que mis padres supieran exactamente lo que
hacía fuera de España.
Al final
les hablé del tema y aunque no era lo que ellos querían para mi futuro, creo
que lo entendieron, al menos intentaban comprender que había encontrado mi vocación.
Ellos no la compartían, claro, y estoy segura que ahora, después de tanto
tiempo, sus esperanzas siguen puestas en que vuelva a España de forma permanente
y con un trabajo estable.
Fue una
época dura, que con el tiempo hemos ido superando. Creo que se resignaron al
hecho de que tenía que buscarme la vida por mi cuenta, aunque ellos no son de
los que se rinden.
Cuando se
dieron cuenta de que mi trabajo estaba teniendo éxito en diversos países donde publicaba,
vieron que me lo tomaba en serio. No estoy segura de que lleguen a aprobarlo algún
día, pero por lo menos no me atosigan con sus ideas de cómo tendría que enfocar
mi vida laboral.
Miro a
Johnny y casi me desmayo al notar su proximidad y su mirada intensa, es
complicado distinguir el color de sus ojos en la oscuridad de la discoteca,
pero como los veo a menudo en televisión sé que son una mezcla de color castaño,
verde y ámbar. De repente baja su rostro para hablar cerca de mi oído:
—¿Cómo es
que hablas tan bien mi idioma? —pregunta en inglés.
Intento
tragar saliva con dificultad, ya que el acercamiento me está provocando un
ataque al corazón aunque él lo haga con tanta naturalidad. Un olor atrayente y masculino
me envuelve, estoy segura de que en cualquier momento me caeré redonda al
suelo. Respiro hondo varias veces mientras miro a otro sitio simulando que
busco a Carmen, pero sé exactamente donde está. Ligando con Andy. No me
sorprende en absoluto, pero en este momento deseo que esté a mi lado dándome
apoyo y así evitar quedar como una tonta incapaz de soltar una frase con
coherencia, aunque creo que ya es tarde para eso. Disimulo como puedo y doy un
paso atrás mientras bebo un poco para intentar sosegarme.
—He
estudiado inglés desde niña y lo he practicado bastante.
—Lo sé,
pero muchos no pueden disimular sus raíces, en cambio tú parece que has vivido en
América desde siempre —me dice con una sonrisa.
—Sí…
esto… vivo en Santa Mónica desde hace cinco años —digo hipnotizada. No puedo
desviar la mirada de sus labios, cada vez más cerca de los míos.
—Claro eso
lo explica —su voz grave me provoca un escalofrío y veo que se acerca
peligrosamente hasta casi tocarme.
Me deja sin
respiración, este hombre es tan atractivo que una no puede quitarle los ojos de
encima y con esa voz tan sensual que tiene cuando habla, hace que me quede
inmovilizada y tenga ganas de decirle que haré todo lo que me pida.
Mi mente
vuelve a razonar cuando con el rabillo de ojo veo que una de las chicas rubias
llamada Candice se queda mirando en nuestra dirección con cara de querer
matarme.
Sin poder
evitarlo me entra la risa nerviosa, sé que estoy entrando en terreno peligroso.
A mí me gusta mantenerme al margen de toda complicación y ahora estoy al lado
de un actor famoso seguido por millones de personas y de una modelo guapísima que
parece estar celosa de mi acercamiento con el objeto de sus deseos. De un
momento a otro estoy viendo que se va a encarar conmigo para decirme que me
aleje de él. Estoy segura de que me puedo meter en un lío absurdo y no tengo
ganas de esas bobadas. Johnny me observa con los ojos entrecerrados, no sé si
tenía intención de besarme, pero si era así, que me ría le habrá desconcertado,
aunque no puedo evitarlo, me pasa cuando estoy nerviosa.
—¿Qué
ocurre?
—Nada. Bueno…
creo que tu amiga tiene ganas de que me aleje de ti —le digo señalando con
sutileza la dirección donde se encuentra Candice observándonos.
Entonces
ella cambia de expresión, se queda mirándolo con cara de niña buena y sonríe de
oreja a oreja. Me parece de lo más infantil, pero entiendo perfectamente que
quiera atraer su atención.
—Mi
cuñada las ha traído. Cuando se enteraron de que veníamos se apuntaron al
viaje, créeme cuando te digo que Candice es insufrible pero Maya es mucho peor,
casi me doy la vuelta en el aeropuerto. Ellen está empeñada en emparejarme y mi
hermanito le sigue el juego —explica con una evidente molestia dirigida a Matt,
su hermano mayor—. Por desgracia son íntimas amigas y nos vemos en muchas ocasiones.
Creo que si tuviera novia, mi cuñada dejaría de intentar buscarme una ella
misma.
—Sí,
supongo —le digo no muy convencida.
He oído muchos
rumores sobre los hermanos Harrison, al parecer son unos ligones de primera a
pesar de que no se les conozca ninguna relación seria, y aunque no suelo hacer
caso de ese tipo de chismorreos, me pregunto si habrá tenido algún tipo de
relación con Candice o si es ella la que desea tenerla. Desde luego no voy a
preguntarle, no estoy segura de querer conocer la respuesta y tampoco es de mi
incumbencia. Le miro y creo que debe de estar en otra galaxia, tiene el
entrecejo fruncido y parece que le da vueltas a algo. Vuelve su mirada
penetrante hacia mí y noto un hormigueo en el estómago. Tiene una expresión
calculadora y seria, me pregunto qué le estará pasando por la cabeza.
—¿Tú
sales con alguien ahora? —suelta de repente.
—No, ni
quiero —le contesto sinceramente.
—Bueno,
yo tampoco busco nada, pero si le hago creer a Candice que tengo una relación
me dejará en paz, ¿no crees?
—Puede
ser, pero algunas mujeres son muy persistentes —le digo sonriendo mientras veo
que la imponente rubia se aproxima.
Johnny me
pega a él y pone una mano en mi cintura para acercarme a su cuerpo. Me falta el
aliento al notar su calor a través de mi vestido, casi me derrito.
—Sígueme
el rollo, por favor. Si fingimos que estamos saliendo, podré disfrutar del
viaje y no me seguirá como un perrito faldero toda la semana —continúa hablando
rápidamente ya que Candice está cada vez más cerca—. Te compensaré, te lo
prometo.
Estoy a
punto de negarme en redondo cuando le miro y noto su dulce aliento muy cerca,
provocando un hormigueo en mis terminaciones nerviosas. Nuestros labios casi se
tocan y mientras le miro a los ojos noto que la razón me abandona.
No puedo
decirle que no cuando me habla de esa manera. Una parte de mí se muere por
interpretar ese papel, cuántas veces no habré deseado estar en la piel de su
compañera de reparto en la serie que tanto me gusta, para que el actor se fije
en mí. La verdad es que parezco una adolescente encaprichada, pero supongo que
no pasará nada por dejarme llevar por la locura una vez más…
—Está
bien —digo en voz baja y en español. Sé que me ha entendido porque asiento con
la cabeza nerviosamente y él me deslumbra con su característica sonrisa torcida.
Creo que es el hombre más atractivo que he tenido el placer de conocer.
Suelto
un gran suspiro algo tembloroso, “¿en qué
lío me estoy metiendo?”
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