lunes, 20 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 7


¡Buenos días!

Espero que os hayáis levantado con buenos ánimos este lunes... y por si no fuera así, aquí os dejo algo que espero que lo consiga. ¡Que tengáis un buen inicio de semana!


[...]

Una vez que se quedaron a solas, se lanzaron algunas miradas lacónicas.

—Vale, suéltalo ya y deja de lanzarme miraditas —espetó Adrián.

—No sé qué esperas que te diga… Pero no creo que convertirte en su amigo sea una buena idea. ¿Qué crees que pensará Luna de todo esto?

—Quiero dejar claro que no soy nada de ella —declaró contundente—. Y creo que es lo mejor que puedo hacer para que no se desate la demente que lleva dentro esa mujer. Pronto se irá de aquí y no volverá a molestarnos.

Estela le miró incrédula con las cejas arqueadas.

—¿En serio? Me parece que eres un poquito ingenuo.

—No es así —farfulló él.

Terminó su café cuando Estela aún no había empezado con el suyo. Esta hizo un gesto al camarero y no tardaron en atenderles. El servicio era impecable, y cuando se trataba de atender al dueño actual, mucho más.

—Quiero un café con leche y una porción de esa tarta de tres chocolates tan rica —guiñó un ojo al camarero y este se sonrojó cuando tomó nota.

—Bien —dijo Adrián al cabo de un momento—. ¿Qué propones que haga? Tengo que ser cuidadoso con lo todo lo que tiene que ver con esa mujer. Su padre es cliente y crítico de este hotel desde hace décadas. Si Yolanda decide dejarme en mal lugar y él la cree, cosa que hará… podría hundirnos. Acabo de tomar el control, y sería el momento perfecto para que la gente llegue a creer lo que les puedan contar.

—Nadie va a decir nada malo de ti o del hotel, tranquilo —le pidió con calma—. Como parte no implicada en todo esto, yo podría intentar acercarme a ella mientras esté aquí, y saber si planea algo en contra de ti o de Luna. Estoy segura de que quiere estar contigo, y no me imagino el motivo —bromeó poniendo los ojos en blanco y haciendo una pose exagerada sin dejar de reír—, pero en serio, es mejor que sea yo la que se ponga de su parte, al menos en apariencia. Seguro que confiará más en mí que en ti, y más si cambias de un día para otro.

—¿Y eso porqué? Si piensas que solo quiere meterse en mi cama, no sé por qué razón no confiaría en mí.

—Venga ya. Si intenta malmeter para que rompas con tu novia, dudo que vaya a ponerte sobre aviso si planeara algo, ¿no crees?

Adrián lo pensó un momento. Tenía razón, claro. Pero todo esto le estaba causando jaqueca. Llevaba meses con el cargo y era agotador; más tarde la fiesta, que también le había dado algunos quebraderos de cabeza, y ahora esto. Los problemas parecían no querer acabarse. Aunque sin duda, si al menos tenía controlada a Yolanda mientras se hospedara allí, podría estar tranquilo. O eso deseaba.

Esperó a que el camarero dejara el pedido de Estela y se marchara para seguir con la conversación.

—Tienes razón —aceptó al final—. Pero si esto tuviera que ver solo conmigo, temo que ella vaya a por lo único que puede destruir con solo contar unas mentiras, el hotel. Dudo que a ti vaya a contarte nada, al fin y al cabo, eres mi familia, y si quisiera destruir el negocio, no tendría más que hablar con su padre para acabar con todo. Su periódico tiene fama local, pero él tiene muchos contactos en las altas esferas —explicó preocupado.

—Bueno, no creo que el asunto sea tan fácil para Yolanda. José Acosta aprecia a tu padre, y a ti, así que tampoco se dejaría llevar por la rabia sin estar seguro. Solo tendríamos que aportar una prueba de que Yolanda te ha amenazado en alguna ocasión.

—¿Sí? Qué fácil —soltó con sarcasmo. Estaba en lo cierto, pero no sabía cómo obtener algo así—. Seguro que cree a su hija antes que a mí. ¿Por qué habría de ser distinto? Al fin y al cabo, es su palabra contra la mía.

Desde luego tenía razón en ese aspecto, pero como estaba segura de que Yolanda no iba a dejar de intentar conquistarle por el medio que fuera, no dudaba que volvería a amenazar a su hotel, a su trabajo, con tal de lograr su objetivo.

Sin embargo, si tenían las imágenes de las cámaras del hotel, tendrían las pruebas que necesitaban.

—¿No tienes las grabaciones de aquella conversación que tuviste el primer día que vino?

—Sí, hay cámaras en esa parte, pero dudo que hayan captado el sonido, y dentro de los ascensores no las hay; solo en algunos puntos de las salidas y de recepción —explicó pensativo.

—Deberías poner alguna en tu despacho, y algún micrófono también. Si vuelve a chantajearte con algo parecido, solo tendrías que mostrarle las pruebas a su padre, y así no tendrías problemas.

—No pienso poner nada en mi despacho, eso queda descartado —dijo tajante.

Estela le miró con interés. No tardó ni un solo segundo en comprender. Habló bajito para que nadie la oyera.

—Por muy bien que me parezca que puedas montar numeritos calientes con tu novia en tu escritorio, creo que puedes pasar de eso por un tiempo. Al menos mientras esa loca esté aquí en el hotel.

Adrián se sonrojó de forma violenta. Le daba igual que hubiera acertado, pero estaba hablando con su prima, y debía confesar que hablar con ella de sexo le incomodaba muchísimo.

—Lo pensaré.

—Bien —dijo sintiéndose victoriosa.

Le miró de reojo y habló antes de terminar de comerse la tarta de chocolate.

—Siempre puedes montar un despacho con una mesa maciza en tu casa —soltó Estela con una expresión inocente.

Adrián casi se atragantó cuando oyó sus palabras. La miró con mala cara y ella cambió de tema.

—Como sea… pero el caso es que tal vez podríamos conseguir lo que necesitamos con algunas de esas cámaras ocultas. ¿No es emocionante? Sería como una espía del hotel, y cuando tengamos pruebas de que es una desequilibrada con malas intenciones, la chantajeamos con ir a la policía o algo así.

—Dudo que un video casero pueda servir a la policía —dijo dubitativo—. Puede que ella me demande por meterme en su vida privada sin consultar primero —farfulló con mal humor.

—Oh bueno, si eso no te va bien… contrata a un detective privado, así todo será legítimo.
Adrián cerró los ojos con fuerza.

—Creo que esto se está saliendo de madre, ¿no crees que es pasarse? No estamos en una película de misterio. Yolanda quiere que vuelva con ella y no pienso hacerlo. Caso cerrado.

Estela se puso seria entonces. Tal vez se había puesto muy dramática con eso de un detective, pero algo le decía que no podía quedarse de brazos cruzados viendo como una cualquiera le destrozaba la vida a su familia.

—Oye, puede que me haya excedido un poco, pero tienes que mirar por ti. Si nada más verte esa mujer ya se puso agresiva con el tema de la mala prensa, piensa lo que puede llegar a hacer si ve que no consigue nada contigo. Solo te digo que te replantees esto, y que consigamos algo que te respalde, por si acaso.

Miró a su prima sintiendo que estaba en lo cierto. Nunca, cubrirse las espaldas había perjudicado a nadie, y él no lo hacía solo por sí mismo. Tenía que proteger el hotel, a todo el mundo, porque no solo su puesto de trabajo podía estar en peligro. Y por supuesto, tenía que pensar en Luna. Él era una persona conocida por la zona y en muchos lugares, y sin bien no era un personaje mediático a nivel nacional —por suerte para él—, debía pensar en las consecuencias de aquel arrebato de una de su ex. Aunque ella no se diera cuenta, su obsesión y sus malas intenciones podían costar muy caras. No podía confiar del todo en que fuera razonable y madura y aceptara que solo eran amigos.

Como rezaba el dicho: es mejor prevenir que curar. Y eso justo iba a hacer. Solo tenía que decidir cómo llevarlo a cabo sin empeorar las cosas.

[...]

Aquí os dejo el book tráiler, espero que os guste.







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¡Felices lecturas!



miércoles, 15 de marzo de 2017

Ya en preventa - *Nunca es tarde si la "bicha" es buena* de Paula Rivers

¡Buenos días soleados!

Os traigo una increíble novedad de una compi de letras muy querida, y que no podéis perderos por nada del mundo. Promete muchas risas y muchas subidas de temperatura...

Estará a la venta el 11 de abril, pero ya podéis pedirla en los enlaces que os dejo abajo.

Esta es la picante portada. ¡Me encanta!


Teresa es una mujer que, a pesar de sus complejos y sus excesivas curvas, nunca se muerde la lengua. Incluso para criticar a Kin, uno de los abogados más sexys de la empresa en la que trabaja, cuya meta es dejar extasiadas a las mujeres con sus artes sexuales.

Una apuesta urdida por parte de sus amigos creará una peculiar alianza entre ellos; Teresa se tendrá que encargar de mantener a Kin alejado de las conquistas durante un tiempo, y él, a cambio, la ayudará a sacar partido de sí misma y a ligar con los hombres.

Después de una boda, una cita fallida con un coreano con un «pequeño defecto», una manifestación antitaurina, una borrachera y el paso de Teresa por el cuartel de la guardia civil, esa noche, la reina de la moralidad y el adicto a las barbies de plástico se verán obligados a compartir lecho.

¿Sucumbirá la comedida y pudorosa Teresa al famoso efecto «KIN»? ¿Será capaz él de dejar de ver a las mujeres como meros objetos cuando al fin una real de talla cuarenta y dos se le resista? Quizás y sólo quizás.

Una divertida novela con la que no pararás de reír y en la que asistirás al proceso de transformación de una mujer que había tirado la toalla en el amor en una fémina de bichas tomar.

Ya podéis reservar aquí:


lunes, 13 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 6

¡Feliz lunes!

¿Qué tal el fin de semana? ¿Habéis leído mucho?



        [...]

Pasaron el sábado y el domingo intentando esquivar el tema, haciendo como si nada, aunque sabían que la amenaza estaba al acecho, como si en cualquier momento alguien fuera a aparecer de repente y a poner sus vidas patas arriba. Era una pesadilla que ninguno se atrevía a exteriorizar.

¿Cómo hacerlo? Cada uno se preocupaba por el otro y no querían que se convirtiera en un problema real. Pensaban que si dejaban de pensar en ello, o lo intentaban al menos, se olvidaría y sería menos real. Acabaría por pasar de largo, como los segundos, los minutos y las horas que cada día quedaban atrás y eran irrecuperables sin remedio.

Cuando faltaba poco rato para despedirse, Luna se encontraba desnuda, solo tapada por la sábana de la cama de Adrián, y echada sobre su pecho. Hacía mucho que no se sentía tan relajada, parecía que el tema de la fiesta, con todo lo que vino tras eso, había ocurrido en un período largo de tiempo, cuando en realidad los peores momentos fueron esa última semana, con la cercanía del acontecimiento y lo demás. Ahora todo había pasado, o casi todo, pero ella se quedaba con el momento que estaban viviendo ahora.


Jamás había pensado que un hombre como él pudiera resultar ser tan tierno, tan cariñoso y protector, tan responsable. Eran cualidades que unidas a su atractivo y su carisma, daban como resultado a un verdadero tesoro andante. Tenía mucha suerte.

—¿Qué piensas, cariño?

Luna disfrutó de su profunda y grave voz mientras notaba cómo sus dedos le acariciaban el pelo con pasadas lentas, como si se tratara de su piel.

—Pienso en que… adoro estos momentos.

Adrián había notado esa pequeña pausa y sonrió aunque sabía que ella no podía verle la cara en ese momento.

—Para mí también ha sido el mejor momento de toda la semana —confesó—. No te sientas mal por pensarlo. La fiesta era algo importante, pero lo que cuenta es lo que hacemos cada día por nuestras obligaciones, y no una simple fiesta aniversario.

Se incorporó para mirarle. No quería establecer un silencio permanente sobre el asunto, debían tratarlo y afrontarlo. Si existía un problema, lo arreglarían juntos.

—Solucionaremos esto, te lo prometo —dijo sin más. Sobraban explicaciones.

—Lo sé —asintió él.

Luna pudo ver en sus ojos las dudas que sentía. Ella también las compartía, pero ambos debían creer que las amenazas de una mujer encolerizada no podrían hacer el daño que pretendían. No podía ser, así de simple.

 Se acercó a sus labios y los saboreó a conciencia. Adrián se dejó hacer, disfrutando de todo lo que ella le ofrecía, maravillándose de lo afortunado que se sentía por tenerla a su lado. Era el hombre con más suerte del mundo. Ahora mismo, con Luna entre sus brazos, se sentía el rey de universo entero.

¿Qué más podía pedir?

Tal vez que nada cambiara entre ellos, que siempre estuvieran juntos y que pudieran vivir en paz, sin que nadie empañara esa felicidad que sentían cuando estaban cerca el uno del otro.

—Quiero más —susurró Luna contra sus labios.

Profundizó el beso y este se volvió exigente, ardiente, como lava líquida.

—Pues lo tendrás, nena —siseó él sin apenas poder hablar.

Se puso a cien en cuestión de segundos cuando ella dijo esas palabras. El poder que tenían sobre él era asombroso. Ninguna otra mujer había conseguido nada igual.

Tiró de la sábana para poder verla bien y giró para que quedara tumbada en la cama. Estaba preciosa con su rostro enrojecido por la pasión, su pelo algo revuelto y los labios hinchados por sus besos.

—Eres la cosa más bonita que he visto jamás —murmuró sin dejar de mirarla, memorizando cada curva, cada recoveco, cada porción de su piel. Y esos hermosos ojos castaños que le miraban con adoración.

—Y tú eres el mejor hombre que una chica pueda soñar jamás.

Una solitaria lágrima se derramó y acabó mojando la sábana. Adrián limpió el rastro salado con un dedo y acarició su mejilla.

—No te muevas —musitó.

Se incorporó y Luna se rió. Vaya momento para ir a hacer algo fuera de la cama, pensó.

Se quedó quieta mientras observaba con el rabillo del ojo que había ido en busca de su teléfono móvil.

—¿Vas a hacer una llamada, ahora? —inquirió confusa.

—Nooo boba, quiero sacarte una foto —dijo mientras tecleaba en la pantalla.

—¿Qué? Ya sabes que no me gustan las fotos en pelotas. No quiero que mis tetas queden inmortalizadas en la memoria de un teléfono que… podría perderse —añadió.

Se tapó los pechos con las manos como pudo.

La última vez que Adrián perdió el teléfono, la pirada de su secretaria se lanzó a sus brazos después de mandarle un mensaje a Luna. Quería que los viera en una posición incómoda, y claro, les vio. Por suerte para ella, al menos visto desde un lado práctico, Adrián fue también la víctima de sus maquinaciones y no un hombre dispuesto a disfrutar de aquella confusión, y al final aquella trabajadora fue despedida. Las relaciones en el trabajo estaban prohibidas en el hotel, y él estaba de acuerdo en que era una política muy acertada. Además, jamás se le ocurriría poner su relación en peligro. Bastantes chifladas le rondaban últimamente, como para que encima tuviera que lidiar con una ex en el trabajo cada día.

Mejor ni pensarlo, porque no iba a ocurrir.

Adrián puso los ojos en blanco ante su comentario.

—Tranquila, no me hace falta sacar fotos de tus preciosas tetas —apuntó—. Lo tengo todo grabado en mi mente —dijo con una sonrisa lasciva cuando señaló su propia cabeza con un dedo.

Luna dejó escapar una risita ahogada y se sonrojó aún más.

—No hagas nada, solo dedícame esa sonrisa. Quiero inmortalizarla —dijo muy concentrado.

—Es toda para ti —señaló ella con los ojos brillantes.

Adrián contuvo la respiración unos segundos y sacó más de diez fotos.

—Creo que no tenemos una de los dos, ¿te parece que nos saquemos la primera?

—Sí, buena idea —aceptó enseguida—. Pero recuerda que la siguiente foto en pareja debería ser con ropa —bromeó.

Se mostró pensativo y le lanzó una peligrosa mirada por todo su tentador cuerpo.

—¿Por qué? Desnudos todo es mejor…

Luna se quedó con la boca abierta y le dio un codazo en el brazo en plan juguetón.

Al final se sacaron la foto tumbados. Sus sonrisas y sus ojos eran brillantes. Se podía ver el amor en ellos.

Luna tomó algunas más lanzándole un beso y sonrió para sus adentros. Su regalo para el día de los enamorados sería algo muy especial.

Adrián, a su lado, sonreía al verla tan feliz.

No sabía que en ese preciso momento, Adrián se dio cuenta de algo importante sobre sus planes. Lo que iba a ser su regalo de San Valentín para ella, se estaba convirtiendo en algo mucho más significativo. Tragó un nudo que se formó en su garganta, tiró el móvil a la mesilla de noche y se preparó para disfrutar de ella de unas cuantas formas. Ya pensaría detenidamente en lo que acababa de descubrir sobre sí mismo.

Empezó a besar su cuello mientras sus manos viajaban por todo su cuerpo. Su recorrido empezó en sus pechos, dedicándoles un masaje en profundidad y haciendo que sus pezones se endurecieran al instante. Le gustaba cuando arrancaba jadeos incontrolados a Luna y siguió con su tarea. Bajó despacio una de sus manos hasta su abdomen, acariciando la zona con lentitud, y solo con la yema de sus dedos, hasta llegar a rozar su sexo. Fue una caricia suave por la parte superior de sus muslos que terminó en sus húmedos pliegues.

Adrián se movió entonces y se colocó en posición para darle el mayor placer. Su lengua acarició aquel rincón secreto y Luna se estremeció desde la cabeza a los pies. Agarró con fuerza la sábana cuando él se empleó a fondo varios minutos y utilizó un dedo para penetrarla a la vez que trazaba círculos sobre su hinchado clítoris con la lengua. Aquello era la tortura más exquisita que había sentido jamás.

Estaba tan entregada, que apenas podía respirar, pensar… solo sentía. Todo su cuerpo estaba al borde del precipicio cuando él se detuvo de forma brusca.

—¿Pero qué? —jadeó.

Se incorporó y abrió sus piernas para tener mejor acceso para penetrarla a fondo y eso fue lo que hizo. Luna gritó por la sorpresa y por la invasión. En un segundo estaba con la cabeza entre sus piernas y al siguiente le tenía dentro, empujando fuerte, como a los dos les gustaba. Aquel placer era demasiado intenso. Perfectamente irresistible. Con sus piernas apoyadas en los hombros de Adrián, Luna podía ver cómo bombeaba su potente erección dentro y fuera de su interior, y aquella visión la encendió aún más.

Cerrando los ojos, se dejó arrastrar por la marea, de esas que llegan despacio, sin que apenas puedas percatarte, pero que arrasan con todo a su paso.

Adrián la siguió de inmediato. Sentir las intensas contracciones de su vagina, apretando su miembro una y otra vez, era indescriptible. Podía acabar con su autocontrol con una velocidad pasmosa.

A los dos les encantaba estar unidos de aquella forma, porque era algo más que físico, más que sexo.

Cuando recuperaron el aliento, Adrián sujetó sus piernas y las dejó caer con suavidad sobre las sábanas. Estaban exhaustos; habían dormido poco esos días y cayeron en la cama casi con los ojos cerrados, listos para entrar en un sueño profundo.

Tuvo el detalle de poner la alarma en su teléfono para una hora después, que sería más o menos cuando llegaría Tania, y así tendría tiempo de descansar, de tomar un café y marcharse despejada y saciada.

Eso último le gustaba más. Lo de que se alejara de él de nuevo, no tanto.

[...]


¿Qué os ha parecido?

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¡Felices lecturas!


domingo, 12 de marzo de 2017

Mi reseña sobre "Por siempre... Te amo" de Silvana D. Saba


Es una novela romántica contemporánea preciosa.
Intensa, arrolladora, dulce, son palabras que la definen bien según mi opinión.

La historia cuenta la vida de Aurora, una enfermera que no ha tenido suerte en el amor, y que también sufre algunos altibajos con su propia familia, y más concretamente, con su madre.
Lorenzo es todo un Dios nórdico, apodado Vikingo o León por su familia y amigos, es más de lo que parece desde fuera.
Tiene en común con Aurora, los conflictos familiares, y es que su padre controla una gran empresa y espera mucho de él.
A pesar de tener sus propios planes de futuro, al final será capaz de sacrificar su vida entera para que su familia no sufra unas horribles consecuencias a manos de una déspota sin corazón.
Sus decisiones le afectarán de un modo drástico... y esa corta aventura con Aurora, quedaría relegada al olvido durante años.

¿Queréis saber qué ocurrirá después de tanto tiempo cuando se encuentran por casualidad, en otro Hospital, al igual que cuando se conocieron?
Sus vidas entonces son muy distintas, pasan diez años y en ese tiempo, ambos han ocupado sus corazones...
Os invito a adentraros en estas páginas y descubrir si el Destino es tan poderoso como parece. Os sorprenderá, y desde luego, os mantendrá con los sentimientos a flor de piel.

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¡Felices lecturas!

lunes, 6 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 5



  

 [...]

Había pequeños grupos de personas entrando, con sus trajes y vestidos negros, y con los antifaces ya puestos. Solo algunos permanecían allí esperando. Eran Adrián, Rubén, y la familia del primero.

Las piernas de Luna apenas la sostenían. Estaba nerviosa y a la vez excitada al ver que hasta la iluminación de la recepción había cambiado para ir acorde con el tema de la fiesta. El hotel parecía otro, uno muy íntimo; acogedor y a la vez misterioso.

Todos se giraron para mirarlas cuando se acercaron. Rubén se aproximó a Tania y la besó con pasión durante unos largos segundos.

Adrián se quedó paralizado un instante, pero sus piernas al fin se movieron como guiadas por una fuerza poderosa hacia Luna. Él llevaba un impecable traje negro y un antifaz liso, sin florituras de ningún tipo, que le sentaba muy bien. Alzó ambas manos para sostener las suyas y Luna pudo ver que sus ojos azules estaban brillantes bajo el antifaz.

—Estás preciosa, pareces un impresionante ángel negro… no sabes cómo me excita pensar eso… —musitó en voz baja, acercando su rostro despacio.

Acercó sus labios a los de ella y se fundieron con el leve contacto. No fue suficiente ni por asomo. Adrián le tentó con la lengua y el beso se volvió abrasador. Le daba igual el resto del mundo, su familia, el personal del hotel, la fiesta.

Llevaba una semana extenuante y al fin tenía a Luna allí con él. Se sentía en paz después de lo que le parecía un larguísimo período de tiempo.

Esa semana había sido demasiado en todos los sentidos. Estaba desesperado por acabarla.

Ella alzó sus brazos para colocarlos sobre sus hombros y él aprovechó para sujetarla por la cintura, para pegarla más contra su cuerpo. Se encontró con el borde del vestido que dejaba su espalda al descubierto y cuando notó su piel, se estremeció. Subió la mano y acarició su suave espalda hasta descubrir que no llevaba sujetador. Sonrió contra sus labios.

Se separó para lanzarle una provocadora mirada ardiente. Fue entonces cuando se percataron del espectáculo que acababan de dar para todos los que pasaban por allí.

—Tu familia está ahí mismo —señaló Luna avergonzada, mirando hacia donde se encontraba Manuel, Lorena y otras personas a las que no conocía.

Una de ellas era una mujer joven que los miraba boquiabiertos.

—Todos son adultos. Seguro que entienden —ronroneó con voz apenas audible.

—Ya —dijo en voz baja, notando el rubor intenso de sus mejillas.

Se separaron sin mucho entusiasmo y fueron a su encuentro cogidos de la mano. Cuando se deshicieron de los antifaces por un momento, Adrián les presentó a Tania y a ella a su tío Oscar Hidalgo, hermano de su padre y también hombre de negocios, a su mujer Diana González y a su prima Estela. Se les veía gente distinguida y con mucha clase. A Luna le entró el pánico pensando que no iba a encajar ni por asomo con ellos, o con el resto de invitados, cuando estos empezaron a hablar del hotel y de la fiesta de aniversario.

Sus mundos eran muy distintos, y aunque Adrián le había demostrado que era tan trabajador como cualquiera, tenía un imperio que dirigir. Luna no sabía si algún día comprendería lo que aquello implicaba. Mucha responsabilidad, eso para empezar.

Estela la miraba como si la estuviera evaluando, pero para su alivio, parecía contenta de conocerla, y algo en su expresión le indicó que no estaba mostrando una pose falsa porque la tuviera delante. Su sonrisa parecía genuina.

—¿A qué te dedicas Luna? —preguntó de repente Estela.

Todos las observaron y permanecieron en silencio en espera de su respuesta. Solo los tíos y la prima de Adrián desconocían ese detalle de su vida, pero los demás no pudieron evitar aguardar a que hablara.

—Soy agente, igual que Tania —dijo señalándola con la mano—. Las dos trabajamos en la inmobiliaria de sus padres en Granada.

—Oh vaya, qué bien —dijo con cara de sorpresa.

Luna no encontró ni rastro de desprecio o superioridad en ninguno de los presentes, para su asombro y alegría. Se ganaba la vida como millones de personas, y por suerte para ella, no parecía que eso lo consideraran un pecado. Otros sí que lo harían, pero le daba igual. Aunque contaba mucho lo que los demás pensaran de ella, si su familia política —si es que algún día llegaban a serlo oficialmente— la aceptaba, para ella contaba mucho más que el resto.

—Con lo guapa que eres, creía que serías modelo o actriz, y me alegro de que no sea así —dijo muy sonriente.

—¿Por qué dices eso, cielo? —le preguntó su madre contrariada.

—Porque creo que están todas locas —soltó con una frescura que casi no parecía un insulto.

Adrián carraspeó para evitar carcajearse.

—¿Tengo que señalar lo evidente, prima? —inquirió este con ironía.

Estela le miró con una cara muy seria y negó con la cabeza cuando se volvió hacia Luna.

—Yo soy modelo desde hace unos años… así que sé porqué lo digo —añadió muy satisfecha. Hubo risitas por lo bajo.

Guiñó un ojo a Luna y esta no pudo contener la risa por más tiempo. Esta chica iba a caerle muy bien.

[...]

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jueves, 2 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 4



¿Os apetece un fragmento más sobre estos personajes?

Pues, deseo concedido ;-)


[...]
Antes de coger el ascensor, miró su teléfono que había vibrado en el bolsillo de su pantalón de vestir. Luna le deseaba buenas noches con unas dulces palabras y una foto de ella lanzándole un beso.

Sonrió al recordar que la primera vez que recibió una foto similar, le preguntó si no le enviaría una en ropa interior o provocativa. Ella se escandalizó, pero al final él consiguió una de Luna con un mini vestidito de lo más sensual. Se dijo que cualquier día lograría esa foto en ropa interior.

Algo se removió en su interior cuando pensó en su cuerpo desnudo. Era una mujer de ensueño en todos los sentidos posibles.

Le mandó una nota de voz diciéndole que la echaba mucho de menos y que sentía no haberla llamado porque estaba muy liado. Podría llamarla, se dijo, pero estaba tan agotado, que estaba seguro de que notaría eso en su voz y no quería preocuparla.

Puso unos cuantos iconos con corazones y dio a enviar antes de guardarse el teléfono en el bolsillo de nuevo.

—Deduzco que esa sonrisita se debe a tu nueva novia —dijo una voz femenina a su espalda.

Adrián se arrepintió de volverse en cuanto lo hizo y se encontró con Yolanda. No habían tenido más que unos pocos encuentros en el pasado, pero era la mujer más posesiva que había conocido jamás, y desde hacía dos años la rehuía cuando podía. Ahora que estaba con Luna, no quería ni acercarse a ella.

Sin embargo, era obvio que no podía hacer eso. Era una conocida de la familia porque sus padres eran buenos amigos, así que tendría que soportarla toda la semana. Estaba convencido de que iría a la fiesta. Y por una vez, pensó en cancelarla; y lo pensó muy en serio.

—Yolanda, qué alegría verte —mintió de forma descarada.

Ella quedó encantada con sus palabras, ignorando que él no sentía ni una sola de ellas.

Yolanda no perdió el tiempo y se acercó para darle dos besos, aprovechando para estrecharle entre sus huesudo cuerpo. Adrián se deshizo de su abrazo para que no fuera a más. Ya la conocía, y estaba convencido de que querría avivar la llama entre ellos de cualquier modo, incluso lanzándose, de una forma muy literal, a sus brazos.

No iba a consentirlo, eso por descontado.

—¿Cómo sabes que tengo novia? —inquirió al comprender que ella se había referido antes a Luna.

—Oh por Dios —blasfemó con sarcasmo—, todo el mundo por aquí lo sabe… lo oí por ahí —dijo mirándole a los ojos.

Adrián pudo ver gran cantidad de resentimiento allí, como también de deseo. Estaba claro que la noticia de que él ya no estaba en el mercado de la soltería, no le había sentado muy bien.

Solo quería, con desesperación, que su ex amante hubiera cambiado un poco, que hubiera madurado y dejado esa personalidad posesiva y narcisista atrás.

Por muy atractiva que fuera, no quería tener que ver nada con ella. Ni con ninguna que no fuera su Luna.

—Espero que dejen de parlotear como en los programas de cotilleo. Esto no es un patio de recreo —masculló Adrián refiriéndose al personal del hotel.

—Vamos Adri —dijo de manera cariñosa—, es una bomba que el soltero por excelencia se haya rendido a los encantos de una sola mujer. Por cierto, ¿dónde está ella?

Adrián la miró con la sospecha dibujada en su rostro. Podría negarse a decirle nada, pero seguro que alguien se lo contaría. Todos sus empleados conocían ya a Luna personalmente. O al menos la mayoría.

—Ella vive en Granada.

Una enorme sonrisa se dibujó en el fino y atractivo rostro de Yolanda de inmediato, pero lo que podría parecer encantador a ojos de cualquier hombre, para Adrián era escalofriante. Algo tramaba esa mujer, y no le avergonzaba decir que le aterraba. Estaba algo chiflada si recordaba bien.

Razón de más para no querer tenerla cerca.

—Así que te deja solito durante la semana, ¿eh? —dijo arqueando las cejas y aproximándose, dando pequeños pasos en su dirección. Adrián dio varios pasos hacia atrás a su vez—. ¿Qué te pasa? ¿Esa chica te ha convertido en su perrito faldero y ya no te van las fiestas? —inquirió con un evidente doble sentido.

Adrián puso mala cara. La última vez que se vieron, las cosas no habían quedado muy bien, y parecía que cuando se trataba de él, Yolanda se volvía aún más loca que de costumbre. Esto iba a ser un horror.

—Venga, Yolanda. Sigo siendo el mismo, pero ahora tengo una relación seria, y lo único que ha cambiado es que ya no me interesa liarme con cualquier mujer que se me cruza en el camino —dijo con una calma que no sentía en su interior—. Me voy a ir a dormir. Si necesitas algo, llama a recepción y ellos te atenderán encantados.

Pulsó el botón del ascensor y este no tardó en abrir sus puertas; entró en él y justo cuando empezaron a cerrarse, Yolanda se coló y pulsó el botón para subir a la planta más alta, la sexta. No era la suya, pero sí la de él, aunque no iba a mencionarlo, ya que ella solo pretendía tener algo de tiempo con Adrián.

Este la miró con cara de pocos amigos.

—¿Se puede saber qué intentas? No estoy de humor.

—Seguro que esa niña no te da lo que necesitas, pero tranquilo, yo puedo hacer que te sientas muy bien… ¿lo recuerdas? —ronroneó, salvando la poca distancia que les separaba.

Adrián la sujetó por los brazos para que no se le arrimara más. Ni toda su belleza, ni toda su entrega podrían tentarle. Y no solo porque estuviera algo desequilibrada; sino porque no le haría eso a Luna.

—Lo siento, pero no podemos tener nada tú y yo. Te lo dije en su momento y te lo repito. Además, ahora tengo novia, por si acaso lo has olvidado en estos últimos treinta segundos —espetó algo molesto.

No quería herirla ni ser desagradable, pero tampoco deseaba malos entendidos. Cuanto más claro fuera, mejor. En el futuro lo agradecería.

Yolanda se deshizo de su agarre y frunció el ceño cuando se cruzó de brazos con un puchero infantil.

—No puedo creer que me des calabazas. Lo pasábamos muy bien. Y estoy convencida de que recuerdas lo salvaje que eras conmigo en la cama —repitió con una directa y caliente mirada.

—Eso es el pasado —replicó con sequedad.

—Bueno… —dijo alargando las sílabas de manera intencionada—. Tu liderazgo también será pasado si mi padre habla mal del hotel en su periódico.

Adrián sintió un escalofrío muy desagradable por la espalda. Algo le decía que no estaba tirándose un farol, pero no estaba preparado para darle crédito a las palabras de una mujer despechada.

—Tu padre es un profesional, estoy seguro de que no le interesa que tú y yo seamos pareja o no.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron.

Yolanda salió de él y dejó a un Adrián algo preocupado en su interior. Le lanzó una mirada airada y cargada de suficiencia.

—Eso ya lo veremos —escupió con palabras engañosamente dulces. Como una manzana de caramelo podrida por dentro.

Adrián se quedó allí solo entre las cuatro paredes del ascensor, pensando en lo que acababa de pasar. ¿De verdad esa odiosa mujer iba a echar por tierra todo por lo que su padre había luchado tanto?

Algo tenía que hacer para evitarlo.

[...]

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