lunes, 22 de mayo de 2017

Amor a fuego lento - Capítulo 2


Capítulo 2

  
Ashley se despertó con una resaca de campeonato a la mañana siguiente. Le dolía casi todo el cuerpo, pero sobre todo la cabeza. Notó que había demasiada luz cuando intentó abrir los ojos, y lo único que pudo hacer fue darse la vuelta y taparse la cabeza con la almohada.

Cuando se movió, notó que no estaba sola en la cama, y aún con la duda de que pudiera ser Donovan, desvió su mirada y echó un rápido vistazo. Era un hombre rubio, así que no era su ex. Respiró aliviada, aunque no tanto al pensar que tendría que echarle pronto de su habitación.

Se levantó, fue al cuarto de baño y cuando salió, se puso un camisón negro que tapaba lo imprescindible y se recogió el pelo en una coleta alta. Le zarandeó un poco en el hombro para intentar despertarle. Al moverse, se dio cuenta de que era el musculitos con el que había estado bailando durante toda la noche. Estaba muy bueno, eso estaba claro, pero no era el típico tío que llevaría a su casa, y a su cama. Viendo lo depilado que estaba y los músculos que marcaba, al menos en la parte que no tapaba la sábana, estaba claro que dedicaba más tiempo a cuidarse que ella misma. Podía haberse ligado a alguien mejor, aunque no tenía intenciones de ir más allá de un rápido revolcón, así que poco importaba.

Quería echarle para poder hablar con Donovan, el cual debía estar durmiendo todavía, o al menos esperaba que no se hubiera quedado en casa de cualquier mujer a la que hubiera seducido con esos innegables encantos suyos.

Volvió a zarandear al hombre desnudo que ni siquiera sabía cómo se llamaba, y cogió su teléfono para llamar a Donovan.

Colgó al escuchar la melodía en algún rincón de la casa. Se acercó al musculitos y, con las dos manos, intentó moverle para ver si de esa manera se despertaba. Dormía profundamente, y lo peor fue que empezó a roncar como un cerdo. Se le ocurrió que Donovan podría ayudarle para sacarle de la cama. También de casa.

Salió al pasillo y vio la puerta de su habitación semi abierta. Tocó con suavidad porque no sabía si tendría compañía.

—Entra.

—¿Hay alguien más contigo?

—No tranquila, estoy solo —respondió con una sonrisa cuando la vio asomar—. ¿Me llamabas al móvil?

—Sí, necesitaba saber si estabas en casa. Quiero deshacerme de mi ligue de anoche —dijo, notando que sus mejillas se encendían. Donovan no le dio mayor importancia, solo la miró con curiosidad—. No consigo despertarle, y he pensado que podrías hacer de marido celoso para ahuyentarle.

Donovan empezó a reír por lo bajo. Ashley puso los ojos en blanco y se plantó frente a él.

—Por favor —rogó con desesperación.

—Oh, venga, ¿no te apetece convertir esa noche de perversión en algo más? Ya sabes… conoceros y empezar una relación.

Ashley cruzo sus brazos, negó con la cabeza y le miró con impaciencia.

—Eres el rey de las relaciones de una sola noche —apuntó con obviedad—. No digas bobadas, solo me hace falta que le digas que se largue.

Su voz adquirió un tono chillón que no pudo reprimir.

—¿Está en tu cuarto o te lo has montado en otra parte de la casa, como por ejemplo… en la cocina? —inquirió con burla.

—La cocina es sagrada; nada de sexo entre los fogones y el horno, ¿recuerdas? —inquirió con un asomo de sonrisa.

Donovan le lanzó una mirada descarada y recorrió su cuerpo con una mirada perezosa. No se había dado cuenta de lo que llevaba puesto al entrar, y le dieron ganas de arrimarse para quitárselo de un tirón. Sin embargo, antes debía encargarse del suertudo que dormía en la habitación de su preciosa ex.

Se preguntó por qué la veía tan alterada, ya que no era la primera vez que llevaba a un ligue a casa. El alcohol sacaba su lado más salvaje, estaba claro.

Se puso una camiseta de manga corta en color gris, acabó de calzarse las zapatillas deportivas para ir a correr, se amasó el pelo para peinárselo después y miró a Ashley antes de salir hacia su habitación.

Ella no había perdido detalle de su musculoso pecho que trabajaba duro con ejercicio, pero que no era tan marcado como el de su ligue de esa noche. Le gustaban los hombres que iban al gimnasio, pero no los que parecían que vivían allí y no paraban de entrenarse. Un término medio siempre resultaba más sexy, sin duda.

—¿Qué te ocurre con ese tipo para que no puedas echarle tú misma?

—Nada.

Donovan se había acercado mucho a ella y esta no pudo hacer otra cosa más que mirar sus profundos ojos azules y pícaros. El bulto en sus pantalones azules deportivos le indicaba que podía estar atraído por ella en ese preciso momento, pero también estaba preocupado sinceramente por su pequeño “problema”. Lo conocía.

Se había colocado bloqueando la puerta, de modo que su medio para escapar estaba bajo su custodia, y algo le decía que no iba a poder salir sin hablarle claro al hombre con el que compartía su casa, y prácticamente su vida.

—Es el típico plasta al que no daría ni la hora… no sé ni cómo se me ocurrió traerle aquí —confesó avergonzada.

Donovan trató de no reír ante su dilema.

—Si estabas tan borracha, deberías haber escuchado los consejos de tus amigas. Ellas te habrían disuadido, ¿no?

Ashley hizo una mueca de disgusto.

—¿Qué? —inquirió ella con aire distraído.

Este compuso su famosa mirada de infinita paciencia para que se diera cuenta de que no iba a ceder y olvidarlo.

—Ellas ligaron también —confesó al final.

—Ya. ¿Congregación de pesados en la disco?

—Más o menos —farfulló malhumorada.

Con una pequeña sonrisa, Donovan se apartó para dejar que saliera la primera. Entraron en su habitación y se dieron cuenta de que el hombre estaba incorporado a medias en la cama. Le sonrió con lascivia cuando la vio, pero enseguida su expresión cambió al ver que no estaba sola.

—Eh, oye, ¿quién es ese tipo?

—No quieras saberlo, pero tienes que irte ya —dijo Ashley muy seria.

El tipo se mostró algo nervioso, pero no con muchas ganas de largarse.

—Venga mujer… no digas eso. Anoche conectamos, y podríamos repetirlo pronto —propuso mientras la repasaba de arriba abajo.

—La respuesta es no —espetó con los dientes apretados. Resopló.

—Sé que me costó un poco ponerme a tono anoche, pero es que el alcohol…

—Cállate —le cortó de inmediato—, no es por eso. No quiero repetir, y no quiero nada contigo. Vístete y márchate, por favor —pidió de nuevo y más tajante.

—¿Qué tal otro día?

—Olvídate —dijo cada vez más molesta.

Miró a Donovan, que parecía divertido con la situación, tal vez hasta demasiado, y al final este tomó parte en la conversación.

—Oye, cuando una mujer te dice que te vayas, lo mejor que puedes hacer es seguir su consejo —dijo con un tono de voz brusco que no admitía réplica.

El tipo miró a Donovan con mala cara, se levantó de la cama, completamente desnudo, y le encaró.

Ashley se sonrojó por la escena que el tipo le estaba montando, y además, desnudo. Ese hombre no tenía la más mínima vergüenza. Menudo idiota pegajoso.

—Esta mujer me gusta. No pienso irme sin saber si quiere volver a verme otro día. No voy a consentir que hables por ella —replicó indignado.

Donovan hacía un esfuerzo para no reír, pero Ashley supo que también se contenía para no darle un puñetazo. El tío se estaba portando como un lunático, y se arrepintió mucho por haber aceptado su propuesta en la discoteca. No volvería a cometer el mismo error.

—Ni siquiera sabes mi nombre —atacó Ashley.

—Pues claro que sí, esto… creo que me acuerdo…

Se rascó la cabeza mientras buscaba en su mente sin resultado.

—Se llama, «ella es mi mujer», así que olvídate de que la conoces y, como te vuelva a ver por aquí, llamaré a la policía, ¿te queda claro, o te lo tatúo en el culo? —inquirió con voz amenazante.

El tipo se puso blanco como el papel. Miró a Ashley contrariado y luego a Donovan. Debió de ver algo en su mirada y, aunque se le veía confundido, y tal vez no se lo terminaba de creer, estaba claro que no quería enfrentarse a él. Donovan imponía mucho cuando así lo deseaba.

—Mejor me largo —dijo con rapidez.

—Buena idea —convino él con una sonrisa siniestra.

El tipo desapareció por el pasillo con toda su ropa en la mano y Ashley esperó alguna broma por parte de su ex.

—Mejor paso de comentar nada sobre tu ligue y su gatillazo. Solo prométeme que pasarás de los idiotas de turno. Mereces algo más —musitó sin dejar de mirarla con una tierna expresión.

—Hecho.

Le sonrió y Donovan hizo lo mismo.

—Voy a vestirme. Cuando vuelvas de correr quiero hablar contigo.

Se detuvo a medio camino hacia la puerta y la miró con interés.

—¿Has considerado lo que te dije?

—Lo he pensado y, Erika y Jenna me han dado su opinión también.

Ashley vio cómo pasó de la ilusión al descontento más absoluto. Estaba claro que él pensaba que la habrían disuadido de ir a España, pero estaba muy equivocado. Sus amigas la habían apoyado mucho, y hasta pensaron en ir con ella, ya que podrían tomarse unas semi vacaciones y asesorar a sus clientas vía online sin problemas.

La idea empezaba a seducirlas a las tres. Sin su apoyo, la verdad es que se habría seguido negando a aceptar.

—Ellas me animan, así que creo que estoy dispuesta a hacerlo. No quiero pasar fuera más de un mes o dos, aunque estoy dispuesta a negociar un poco —admitió con una sonrisa.

Donovan se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Estaba claro que le hacía mucha ilusión.

Le dio un rápido beso en los labios y enmarcó su rosto con sus manos.

—Es un proyecto muy interesante, y estoy deseando contarte todos los detalles —dijo con entusiasmo—. Coge una libreta y me esperas media hora. No tardaré en volver de correr y lo hablamos todo, ¿vale?

Ashley asintió nerviosa.

¿Estaría haciendo lo correcto? Tal vez debería pensárselo un poco mejor, buscar un local para una pastelería, como en realidad quería, y dejarse de viajes a lo desconocido. España, y más concretamente Madrid, era como un segundo hogar para Ashley, pero el tema del programa le resultaba difícil de asimilar. No tenía ni idea de trabajar en platós de televisión bajo la dirección de un montón de personas. Menudo marrón se le venía encima. Donovan tenía mucha experiencia, y estaba claro que su colaboración sería esencial para ella también, pero no estaba nada segura de que todo eso fuera a salir bien.

Si los medios y sus peores críticos se ensañaban como tanto les gustaba, ahora tendrían más municiones, más cosas que podrían usar en su contra. No sabía si podría reponerse de algo así y, a pesar de saber que estaba adelantando acontecimientos, no podía evitar pensar en todo lo que podría ir mal.

Donovan se marchó y la hizo esperar apenas veinte minutos. Él también estaba ansioso por comentar todos los pormenores del proyecto, como pronto le confesó.

Se dio una ducha muy rápida mientras ella paseaba impaciente por el salón, y al final apareció con una carpeta enorme que le dio para que echara un vistazo.

Había tanta información que apenas sabía por dónde empezar. Casi tenía ganas de decir sí, y que todo fluyera sin más. Sabía que se pondría nerviosa durante todo el proceso, de modo que, ¿para qué martirizarse al saberlo todo de antemano? Desde luego, lo hacía para poder negarse si algo le parecía absurdo, pero por otro lado, ella no sabía nada sobre realities, de modo que poco podía ella aportar. Si aceptaba, tendría que hacer lo que le dijeran, lo que los productores creyeran que sería mejor para el programa. Podía entender eso.

—¿Y todas estas fechas? Creía que eso de la primavera sería una aproximación, no que todo estuviera ya cerrado —dijo Ashley con una mezcla de asombro y molestia.

—No se trata de eso, tranquila —se defendió Donovan—. Cuando hablé con Paloma y me comentó que estaba buscando algo nuevo para la temporada de primavera-verano, enseguida pensé en ti. Hablamos durante horas y a los dos días me envió este dosier. Está muy ilusionada. Creo que por eso lo hizo enseguida.

—Ya lo veo —comentó en voz baja mientras ojeaba por encima toda la información. Cada vez estaba más nerviosa, pero algo a su vez, le hacía desear conocer todos los detalles.

Donovan aguardaba con fingida paciencia, ya que se sentía ansioso por saber qué pensaba de todo eso. Cabía la posibilidad de que dijera que no, pero ahora mismo sabía que su amiga Paloma quería hacer el programa de igual modo. Si Ashley decía que no, tal vez se buscara a otra para llevarlo a cabo porque, en su última conversación, le dijo que había empezado a buscar el sitio perfecto para el plató. Sabía que si una buena idea se cruzaba en su camino, nada la detendría. Y Donovan quería que la protagonista de ese programa fuera Ashley; sabía que era justo lo que necesitaba para salir de Florida un tiempo, para renovar su imagen y para hacer algo distinto, algo que le abriría nuevas puertas si era lo que deseaba. Debía ser ella, y esperaba poder convencerla.

—Un mes no es mucho tiempo, pero… —Donovan tembló al notar que llegaba a una parte del dosier que sí podría ser problemática— ¿pretendes que vivamos todos juntos en una especie de mansión, como un hotel? ¿Estás loco?

—Oye, eso se le ocurrió a Paloma para hacerlo más interesante —explicó con rapidez—. Al final del curso, el que consiga una mejor valoración de los jueces, recibirá un premio en metálico, así que ella piensa que es buena idea controlar a los participantes. No quiere que se les ocurra pedir ayuda fuera. Sus trabajos deben realizarse sin interferencias, y creo que puede ser un experimento muy divertido, ¿no crees?

—Si intentas venderme la idea de un gran hermano, la respuesta es un no rotundo —sentenció—. Me encanta la idea del curso de cocina, pero convivir con un montón de personas desconocidas en un lugar lleno de cámaras, me parece demasiado. No quiero que anden grabando cada movimiento que haga. Me niego.

Donovan la miró comprensivo.

—No es esa la idea, descuida. Paloma me explicó que el programa se grabaría solo por la mañana, de ese modo la gente podría disponer de tiempo libre para hacer lo que quisiera. Si encuentra el lugar perfecto, tendrá todas las instalaciones necesarias para que la experiencia sea como unas vacaciones, no simplemente un curso en el que compiten ocho personas.

Ashley se sintió algo más tranquila; desde luego el tener privacidad era mejor que vivir treinta días bajo la estricta supervisión de los responsables del programa a cada momento.

—¿Ocho?

—Sí —dijo Donovan con inseguridad. Casi le costaba respirar con tanta espera.

—Me parece un número razonable —indicó para el alivio de su ex marido.

Vio cómo soltaba el aire que había retenido y sonrió. Sabía que estaba poniendo muchas trabas, pero no podía evitarlo; la ponía muy nerviosa todo el proyecto en general. Por si fuera poco, era más complejo de lo que pensó en un principio. Tenía mucho que sopesar.

Siguió mirando los papeles con cuidado y temiendo encontrarse con más sorpresas similares, pero solo especificaba algunas condiciones para los posibles alumnos, los horarios, el número de recetas, y la forma en que se realizaría el curso. Los quince primeros días, los integrantes contarían con las indicaciones para la elaboración de los platos, que ella tendría que aprobar de antemano, y los últimos cinco, los alumnos los realizarían con un tiempo límite y sin que los ingredientes y pasos aparecieran en una pantalla.

Si hacía bien su trabajo con ellos, podrían ser capaces después de ese tiempo, y esperaba poder lograrlo, o sería un fracaso total.

No era la primera vez que enseñaba a alguien, pero hacerlo frente a las cámaras, y sin que esas personas tuvieran nociones previas de cocina o repostería, sería muy distinto, y ella lo sabía muy bien.

Tendría que ser organizada como nunca antes lo había sido, y esperaba que todo el equipo de detrás, no la limitara en ese sentido o en otros; lo importante era que aprendieran, porque para eso se apuntarían los alumnos.

El tema del premio en metálico y el realizar las grabaciones para que el programa fuera más comercial, era lo que más temía en realidad. Mucha presión.

—¿Publicarán un libro con las recetas del programa? —preguntó con entusiasmo.

—Eh… sí…

Ashley le miró confusa por su titubeo. Casi sintió pánico por preguntar.

—¿Qué ocurre?

—Oh, nada, es que pensé que tal vez no te gustaría la idea. Han pensado que sería una buena manera de obtener ingresos extra cuando haya finalizado el curso, y, si va bien el proyecto en general, puede que quieran repetirlo en el futuro —explicó con una mirada inquisitiva.

—Ya veo.

Era mucho suponer el que todo saliera bien si tan siquiera haber empezado, y no conocía a los responsables de llevar a cabo el proyecto, de modo que no tenía ni idea de si trabajar con ellos sería fácil, o por el contrario, le ocurriría como con Leslie, y sería un completo fracaso.

Cada vez le parecía más interesante. Le gustaba saber que no estaría sola, sino que Donovan estaría a su lado en todo momento, pero tenía claro que si trabajar con una productora se llegaba a convertir en una odisea, le daba igual que el programa tuviera todo el éxito del mundo, no repetiría. Ahora bien, aceptar implicaba ir hasta el final y dar lo mejor de sí misma, por eso quería estar segura al cien por cien de su decisión. O al menos, lo máximo que pudiera estarlo.

—Creo que te puede gustar, o de lo contrario, ni te lo mencionaría. Es una gran oportunidad, y pienso que ha surgido en el mejor momento posible —dijo Donovan con total sinceridad.

Sabía que podía confiar en él, que jamás le ofrecería algo que la pudiera perjudicar, sino al contrario. Le debía todo su éxito, y más de lo que se imaginó nunca.

No quería ser impulsiva en esto, porque con el trabajo siempre había sido concienzuda, meticulosa y muy profesional pero, en el fondo, le daba buenas vibraciones. No creía que hubiera nada de malo en dar un salto de fe hacia algo desconocido. Desde luego, un cambio de aires le vendría bien, eso seguro.

Suspiró.

—Bien, creo que puede salir bien —concluyó algo nerviosa—. ¿Cuándo empezamos?

Vio cómo Donovan abría mucho los ojos por la inicial sorpresa y la miró sin dar crédito a lo que oía.

—¿Estás segura? ¿No te lo vas a pensar más tiempo?

Contuvo la respiración, sintiendo que su pulso se aceleraba. No quería pensarlo mucho en realidad, si era un error, casi prefería no saberlo.

Le gustaba la aventura, viajar y hacer cosas nuevas. ¿Por qué no esto? Al final sería una experiencia más.

—Estoy segura —soltó—, si estoy cometiendo un error, no quiero saberlo, así que… adelante.

Donovan empezó a dar saltos de alegría y la animó para unirse a la celebración.

Felices, comenzaron a hacer cantidad de planes. Ashley casi se mareó al oírle hablar sin parar sobre todo lo que debían ir haciendo desde ya, pero a su vez, notaba cómo su entusiasmo se le contagiaba.

No podía ser de otro modo. Se mostraba tan seguro de que la experiencia sería algo maravilloso, que lo creyó de verdad.


A pesar de sus nervios y dudas, algo en su interior le decía que valdría la pena el riesgo.


¡Espero que os haya gustado mucho!





¡Felices lecturas!

lunes, 15 de mayo de 2017

Amor a fuego lento - Capítulo 1

Acabó la semana de promoción, y os doy infinitas gracias por haber adquirido el libro en las diferentes plataformas de amazon de diferentes países. También os agradezco que la hayáis adquirido a través de Kindle Unlimited. Espero que la disfrutéis mucho y que os animéis a dejar vuestras opiniones.

Aquí os presento el capítulo uno. Disfrutadlo ;-)



Capítulo 1



A las cuatro de la madrugada, Ashley seguía despierta, dándole vueltas a la cabeza y sintiéndose culpable por no estar haciendo lo que quería de verdad.

Era como darse la espalda a sí misma.

Antes de dejar su trabajo, fue muy consciente de que tenía varios encargos para San Valentín, y ahora… en lugar de estar horneando deliciosos pasteles con forma de corazón para sus antiguos y exigente clientes, se encontraba comiendo galletas con chocolate mientras miraba la televisión.

Además, lo que daban era un asco.

Debía llamar a sus padres, y también a su hermano menor, para contarles lo sucedido, pero no quería decepcionarles; y tenía que entrar en su web para responder a los miles de correos que recibía con preguntas sobre sus recetas, pero ni siquiera los mensajes de ánimo de sus seguidores conseguían que lo superara. Temía lo que pudieran estar pensando de ella, y esperaba que no todo el mundo creyera las mentiras que iban circulando por todas partes. Casi era la peor parte de todo el asunto, y lo detestaba de un modo que le dolía.

Nadie podría culparla, ya que muchos de los mensajes no eran de ánimo precisamente. Algunas personas se cebaban con ella, y no podía entenderlo; jamás había hecho daño a nadie, no pisó la carrera de nadie para avanzar en la suya, al menos que supiera, y nunca hizo nada en contra de otra persona, porque ella no era así. Supuso que habría otros cocineros y reposteros a los que no les gustó que recibiera tanta atención, premios y halagos, pero ante eso no podía hacer nada.

Ahora que estaba sin trabajo, se había planteado abrir su propio negocio, pero no estaba resultando fácil ponerse a ello; todo resultaba demasiado complejo y sus ánimos tampoco estaban como de costumbre. Ni siquiera había respondido a las ofertas de trabajo de algunos restaurantes y pastelerías. Parecía que en algunas partes del Estado aún valoraban su trabajo, y quizás no habían creído las mentiras que Leslie iba contando sobre ella después de que dejara su puesto libre para que su amiguita lo ocupara, pero se sentía paralizada. Llevaba dos semanas así, y no sabía si conseguiría reponerse y salir de casa y ser la entusiasta y trabajadora Ashley Stevens que todo el mundo conocía.

No sabía ni cómo empezar.

Tal vez podría confesar a sus padres lo que pasaba y trabajar con ellos en la tienda. No podría cocinar dulces ni deliciosas tartas, pero podría vender todos los utensilios de cocina habidos y por haber. Al menos no se alejaba demasiado de la repostería, meditó.

Escuchó ruido en la entrada, pero supuso que sería alguien del servicio y no prestó mucha atención. Continuó mirando la televisión y devorando el plato de galletas que había sacado del horno hacía solo unos pocos minutos. Estaban deliciosas, y no la avergonzaba admitir que eran su perdición.

—¿Ashley? ¿Qué estás haciendo?

Se giró y se encontró con la mirada reprobadora de Donovan.

—Viendo una peli, ¿te apuntas? —propuso.

—No.

—¿No? —inquirió con el ceño fruncido.

—No Ashley —repitió sin dejar de escrutarla—, porque no estás viendo una peli mientras comes sin parar —apuntó, haciendo que ella se sintiera contrariada—. Estás auto-compadeciéndote, y no voy a ayudarte a que sigas por este camino.

Dejó el plato sobre la mesa y Donovan aprovechó para sentarse a su lado y mirarla con genuina preocupación.

—¿Qué tal tu cita de esta noche? —preguntó Ashley para sortear su inquisidora mirada.

Su expresión cambió. Sonrió y desvió la mirada.

—Muy caliente… pero… —se detuvo al darse cuenta de lo que pretendía— no me cambies de tema. Tienes que salir por ahí con tus amigas, y no dejarte estancar como si tu vida se hubiera acabado. No es así —añadió con suavidad.

Ashley resopló.

—No tengo que salir. Esta casa es muy grande, y puedo cocinar, ir al gimnasio o a la piscina, darme un masaje, o lo que quiera sin moverme de aquí —expuso con una media sonrisa.

—Te prometo que si no sigues viviendo como una persona normal —advirtió amenazador—, vendo esta casa… con tu permiso o sin él, y te obligo a salir de estas cuatro paredes —dijo con voz determinante.

—Hay más de cuatro paredes —apuntó con ironía—, es una enorme mansión junto a la playa, y me encanta pasar tiempo aquí. No tiene nada de malo —expuso como defensa.

Donovan la observó como quien miraba a la cara a un niño cabezota que es consciente de que lo es, pero que también se niega a ceder. Ella también se daba cuenta de su propia actitud, sin embargo, le resultaba muy duro levantarse, literal y metafóricamente hablando.

Se sentía una completa fracasada.

Se le saltaron las lágrimas cuando él la miró con ternura y acarició con suavidad su largo pelo rubio para enmarcar su rostro con sus manos.

—Me duele verte así, cariño. No puedes dejar que todo eso te arrastre. Planta cara y vuelve a la cima, que es donde tienes que estar —concluyó con seguridad.

—Eso es muy melodramático —dijo sonriente.

—¿Y bien, me harás caso? —inquirió tras una breve pausa.

—Serás mi secretaria y me ayudarás a poner al día la web. Si lo haces, entonces, trato hecho.

Donovan hizo como que lo pensaba muy en serio y al cabo de unos segundos, miró a Ashley con resolución.

—Bien. Hecho. Dame un vestido corto, unos tacones y algo de maquillaje, y seré la secretaria perfecta. No querrás despedirme nunca —bromeó.

Ashley empezó a reír a carcajadas al tener esa inquietante imagen mental. Donovan estaba muy bueno con lo que se pusiera encima, pero con ropa de mujer, simplemente no lo veía.

—Si algún día apareces como un travesti, no te dejo entrar en casa —soltó, y empezó a carcajearse de nuevo.

Bromearon sobre el tema, cachondeándose el uno del otro, y al final, cuando Ashley pudo respirar de nuevo y las risas acabaron, le miró con seriedad.

—Prometo que me pondré las pilas —aceptó al final.

—Bien.

Le veía tan contento, que tuvo la necesidad de abrazarle. Daba igual en qué punto extraño estuviera su relación, o su falta de ella en realidad, al fin y al cabo eran amigos, y su apoyo y sus ánimos siempre la sacaban de sus momentos más duros. Su vida nunca había sido difícil, pero con él, era definitivamente mucho mejor. Igual que peleaban a menudo, también compartían risas y cariño.

Ya era parte de su vida, y no quería que eso cambiara nunca.

Esa noche, pudo dormir con una sonrisa.



Al final, el sábado consiguió que Donovan le ayudara a poner al día la web y, en unas horas, entre los dos respondieron a todos los mensajes que había recibido. No fue un trabajo sencillo, y menos aún cuando leyeron las críticas más punzantes que jamás hubiera imaginado.

Ashley se sentía extenuada a media tarde aunque apenas se había levantado del sofá en casi todo el día.

Cuando Donovan apareció con dos tazas de café, ella le dedicó una gran sonrisa de agradecimiento. Hizo un gran esfuerzo por no beberlo de un trago.

—Lo necesitaba. Eres un encanto.

Se sentó a su lado y la observó.

—¿Estás bien?

Al principio le sorprendió la pregunta, pero enseguida se dio cuenta de que tal vez se refería al hecho de haberse enfrentado a los comentarios de la gente en las redes sociales.

—Estoy bien, no te preocupes. No ocurre nada por enfrentarse a la verdad. Tenía que dejar de vivir sobre nubecitas de algodón.

—¿De algodón? —inquirió con sorna.

—Sí —dijo con una sonrisa—. Son deliciosas, y tengo ganas de seguir haciéndolas —dijo en voz baja, pensativa—. Quiero seguir trabajando. Espero que no deba esperar mucho más, porque estoy harta de que ningún proyecto de los que he intentado llevar a cabo, haya salido bien al final. Siempre surge algo —dijo malhumorada.

Donovan la observó con preocupación. Creía que era el momento de comentarle la idea que había tenido, aunque más bien fue la de una amiga suya que era productora de televisión en España. Estaba seguro de que el proyecto no le iba a gustar demasiado al principio, pero creía que era una oportunidad increíble de verdad, y quizás, incluso para él.

No podía posponerlo más, porque de lo contrario, Ashley seguiría visitando locales y estudiando la posibilidad de abrir una pastelería por su cuenta, y era demasiado arriesgado, teniendo en cuenta que su reputación había sufrido un revés por culpa de Leslie.

Ese también era un tema que debía solucionar, y lo haría, pero lo primero era limpiar su nombre, darle otra imagen a su impecable trayectoria. Sabía que cambiar de aires sería bueno para ella, y pasar tiempo en España con sus amistades y la familia materna, tampoco le vendría mal. Estaba seguro.

—Oye, llevo unos días barajando una idea que me comentó una amiga —empezó hablando Donovan con voz pausada. Ashley le observó con interés—. Sería un curso de cocina, repostería —apuntó de inmediato al ver la cara que ponía—. Tranquila Ashley, no te lo mencionaría si no tuviera que ver con lo que te gusta.

—Bien, ya sabes lo que opino sobre manejar cosas crudas y muertas en mi cocina.

Sintió escalofríos solo de pensarlo. Sin duda era su punto débil, lo que le impidió ser chef y le complicó su aprendizaje en la escuela de cocina; no podía con la carne animal de ningún tipo, incluido el pescado. Otra cosa era comerlo, porque ser vegetariana también era difícil, sin embargo, tocar carne cruda, cortarla y demás, la superaba. Era lo único que odiaba de su profesión, y la principal razón para trabajar con postres y dulces.

—Técnicamente las langostas no se cocinan muertas —dijo para pincharla.

Ashley entrecerró los ojos. Sabía que lo decía solo para molestarla, pero le daba igual, no iba a caer en esa discusión tan tonta.

—Mi cocina nunca ha sido, y nunca será, un matadero de crustáceos… así que venga, cuéntame más sobre esa amiga tuya. Ya sabes que los cursos me gustan bastante, pero por la cara que me pones —dijo escrutándole—, creo que hay algo que puede que no me agrade.

—Bueno —suspiró para darse unos segundos—, para empezar, es en España.

—Hum. —Lo pensó unos segundos y aunque le parecía una locura marcharse un largo período de tiempo tan lejos de su hogar y su familia, la idea de tomarse unos meses para despejarse, no le resultaba poco tentadora—. Sería divertido.

—¿En serio?

—Sí. No te sorprendas tanto —dijo al verle tan asombrado por su pronta aceptación—. Estoy deseando alejarme un poco de todo esto, y ver a mis amigas estará genial. Unas vacaciones antes de verano.

—Solo que es un trabajo, no un descanso —apuntó él.

—Oh venga, un curso de repostería es como el paraíso para mí. Ya estoy deseando empezar. ¿Cuándo sería? —inquirió con rapidez.

—Supongo que si estás de acuerdo con todos los términos, podríamos empezar a trabajar en primavera.

—¿Quiénes? ¿Tú también vendrías?

Donovan se aclaró la garganta. Sabía que Ashley no estaba interesada en saber si le acompañaría a España, porque no era la primera vez que iba con ella de vacaciones en verano, sino más bien, había captado el sentido de sus palabras. No se le escapaba ningún detalle, y el hecho de haberse incluido en el trabajo, habían hecho saltar sus alarmas.

—Sí —dijo con calma—. Paloma Salas me pidió que participara en el proyecto porque cree que haríamos una buena pareja. Obviamente le dije que antes debía hablar contigo, pero creo que sería una buena idea. ¿Qué te parece? —inquirió con suavidad.

—Paloma Salas —repitió ella para hacerse una idea de lo que Donovan le decía—. Te estás refiriendo a la directora de la mayor productora de televisión de España —dijo en voz baja, meditando todas las implicaciones—. ¿Quieres que haga un programa de cocina, con cámaras por todas partes y todo eso?

Su voz fue en aumento, al igual que la ansiedad y las ganas de gritarle que estaba loco.

—En realidad estamos hablando de un Reality Show. Están muy de moda aquí en América, y las productoras españolas empiezan a ver que serán muy populares allí también.

—Eso es aún peor —se quejó ella. Se levantó y empezó a pasear de un lado a otro del salón—. No soporto estar bajo los focos, no sé cómo has podido plantearte que yo aceptaría algo así. No lo haré ni loca.

—No son periodistas haciendo entrevistas, sería algo diferente —señaló con su mejor voz comprensiva. Se acercó a ella y la sujetó con suavidad por los brazos—. Y creo que a tu carrera le vendría muy bien este empujón. Podrías enseñar, y tu audiencia vería de primera mano cómo lo haces, cómo demuestras lo que vales en realidad. Dejarías a toda la mala prensa en las cloacas, donde deben estar, y lo más importante, puedes seguir con la web, y también compartir tus recetas por un medio que ahora mismo tiene mucho tirón. Lo he pensado durante varios días, y estoy seguro de que sería un éxito rotundo.

Ashley se relajó, al menos en parte.

—Tengo que pensarlo, porque ya sabes que estar frente a un montón de cámaras no es lo mío.

—Tranquila, podemos hablar todo esto mañana, y te comentaré todo lo que me dijo Paloma. Luego podrás tomar una decisión. Ya sabes que no te plantearía esta posibilidad si no creyera que sería bueno para ti. Quiero verte triunfar porque te lo mereces. No me gustaría que desaprovecharas tu tiempo y tu talento —declaró con ternura.

—Lo sé.

Ashley se sintió conmovida por sus palabras, porque sabía que lo decía de verdad, pero aun con todo, no tenía nada claro el asunto. Debía pensarlo muy bien porque si se comprometía, no podría dar marcha atrás. Eso no iba con ella, y quería estar segura, porque igual que respetaba su palabra una vez la daba, también odiaba arrepentirse de algo. Eso era cosa de perdedores.

—¿Mañana entonces?

Donovan sonrió. El hecho de que no le dijera que no de inmediato o de forma tajante, le daba esperanzas. Tal vez le haría caso y se lanzaría a esta nueva aventura. Quería lo mejor para ella y estaba seguro de que iría muy bien. Él mismo podría sacar partido, pero eso era otra cosa. Jamás la presionaría si no fuera a servirle para avanzar en su carrera, eso lo tenía claro.

—Sí, porque esta noche tenemos otros planes —dijo con aire misterioso.

—Vaya, qué intriga.

El timbre sonó varias veces y Donovan le hizo un gesto para que ella se acercara al interfono para averiguar quién era.

La imagen de sus dos mejores amigas, Erika Bradley y Jenna Grant, la sorprendió. Con una enorme sonrisa, las recibió con efusivos abrazos a los pocos segundos. Llevaba sin verlas más de una semana y las echaba de menos.

—¡Qué alegría veros!

—Y nosotras a ti. Llevas días sin dar señales de vida —se quejó Erika.

—Ya. Siento haber estado tan distante, pero ya sabréis lo que está pasando después de que dejara a los Kelley. Leslie ha aprovechado para alguna especie de venganza contra mí y…

—Lo sabemos Ashley —interrumpió Jenna en voz baja—. Por eso estábamos preocupadas por ti, y por eso hemos venido.

—Para llevarte de marcha y hacer que te olvides de todo ese mal rollo. Esa bruja se llevará su merecido, es cuestión de tiempo. Y mientras tanto… nosotras vamos a beber y a conocer a chicos guapos —propuso Erika.

Ashley miró a Donovan, que sonreía a cierta distancia de ellas tres. Apoyado contra la pared, tan atractivo y sexy, y a la vez, cercano y divertido. Su mejor amigo.

—¿Querías posponer esa conversación porque sabías que estas locas me arrastrarían de fiesta, no? —bromeó.

—Este tío no sabría divertirse ni en la mejor fiesta del siglo —intervino Erika con sorna. Siempre se divertía cachondeándose de él.

—Mi idea de diversión consiste más bien, en dos personas desnudas, tal vez tres, en una cama —espetó él con aire pensativo y una rebelde mirada. Sus ojos azules brillaban con picardía.

Erika y Jenna se rieron por lo bajo y Ashley puso los ojos en blanco. Siempre con sus salidas de tono, pensó. Menos mal que era discreto fuera de su íntimo círculo de personas que sabían la verdad sobre su relación, de lo contario, con ese carácter tan abierto y despreocupado, se habría llevado más de una sorpresa desagradable, por no hablar de que ella sería la cornuda del país. Con sus ocasionales ligues también era muy cuidadoso, menos mal, pensó Ashley, porque solo le hacía falta ahora que hablaran también sobre las infidelidades de su “marido”. Si alguien poco conveniente llegara a enterarse, no quería ni imaginar los golpes que sufriría su imagen pública. No le importaría nada de todo eso, si las habladurías no afectaran a su trabajo, pero claro, al ser una persona tan conocida, no podría evitar que todo el mundo, incluidos compañeros de trabajo y clientes, hablaran o la miraran mal.

Fue testigo de la expectación que generó su falsa boda, y cómo todo su mundo cambió a partir de entonces. Claro que Donovan parecía ser la clase de persona que revuelve todo a su alrededor, como un huracán, pero uno que estaba de su lado, que la apoyaba, la comprendía, y sobre todo, siempre había hecho lo mejor para ella.

Empezaba a pesar que tal vez debería aceptar el trabajo en España. Él estaría trabajando también, y sabía que solucionaría cualquier problema que pudiera existir, aunque lo de la televisión no lo tenía tan claro.

¿Estaba preparada para que todo el mundo la conociera de verdad?

No era un programa de cotilleo en el que ella se sentaría a hablar sobre tonterías personales e invasivas para su vida, pero en un reality, debería estar frente a la cámara durante horas y horas, mostrándose tal como era. Eso era lo que no tenía tan claro.



Aún tenía tiempo de pensarlo. Por el momento, lo único que necesitaba era un poco de fiesta. Y qué mejor que con la compañía de sus amigas, las que la animaban y la aconsejaban para tomar buenas decisiones. Eran algo alocadas, igual que ella misma, pero sabía que en el fondo, para las cosas importantes, siempre podía contar con su apoyo.

Las adoraba, así de simple.

Subieron a su habitación y sacaron un montón de zapatos y vestidos. Hacía varias semanas que Ashley no salía a ningún sitio, a menos que fuera al trabajo durante los últimos días en el restaurante, y eso de arreglarse para dar la imagen de alguien que se comería el mundo, había acabado relegado a un baúl cerrado con siete llaves.

No le gustaba la sensación de haber dejado de ser quien era, de modo que se puso en sus expertas manos y tras darse una rápida ducha que le sentó de maravilla, dejó que Erika la peinara. Ella misma llevaba su castaño pelo largo recogido en un moño casual muy favorecedor, con algunos pechones sueltos, y le pidió que hiciera algo parecido con su rubia melena.

—Estoy de acuerdo, y creo que no hará falta ni que te pase la plancha, tienes un pelo increíble —convino Erika.

Ashley estaba sentada frente a un gran espejo en el cuarto de baño y sonrió a su amiga.

—Deberías hacer anuncios para la televisión. Dejarías sin trabajo a esas súper modelos, te lo aseguro —añadió con sinceridad.

Sabía que sus amigas se lo decían porque así lo sentían, a pesar de que lo normal sería que lo hicieran solo para animarla o como un simple cumplido. Una de las cosas que más le gustaba de las dos, era que no se callaban nunca sus sentimientos. Se dedicaban a asesorar como Personal Shopper y lo hacían muy bien, aunque sus comentarios a veces eran tajantes y, a menudo, poco halagadores, no se andaban con sutilezas a la hora de decir lo que les quedaba bien o no a sus clientas. No estaban hechas para las verdades a medias, y sin embargo, a pesar de que eso no gustaba a todo el mundo, las personas que contrataban sus servicios, lo hacían precisamente porque podían confiar en que no maquillaban lo que pensaban, y era un motivo más para depositar su confianza en las dos.

Se conocían de toda la vida, y al cumplir los dieciocho, Erika y Jenna montaron su propia empresa. Ashley las admiraba por ello, eran trabajadoras como las que más, y siempre sacaban tiempo para salir y ver a sus amistades. Al igual que se centraban en sus trabajos con una dedicación del cien por cien, también les gustaba salir a pasárselo bien.

—Os quiero chicas, sois justo lo que siempre necesito para animarme —dijo Ashley con la voz quebrada.

Erika le sonrió desde el espejo y Jenna la miró con ternura mientras sujetaba su mano para empezar a hacerle la manicura.

—No te pongas a llorar, que te conocemos —bromeó Jenna—, y también sabes que todas acabaremos igual —empezó a reír para evitar que ocurriera justo eso y escogió un color rojo intenso para que resaltara en sus delicadas manos.

—Excelente elección —alabó Erika.

—Es mi color favorito —dijo Ashley—, y creo que con el vestido negro ajustado y con cuello barco, me irá muy bien.

—Dudo que esta noche vuelvas sola a casa, así que avisa a Donovan… —insinuó Erika con un exagerado arqueo de cejas.

Sonrió ampliamente a Jenna y sus ojos azules le devolvieron una mirada divertida. Negó con la cabeza y se puso a su tarea, porque a pesar de que el esmalte era de secado rápido, quería que Ashley estuviera lista lo antes posible, y así poder salir de fiesta y aprovechar la noche al máximo.

—Por cierto, me encanta tu corte de pelo, se ve mejor incluso que en las fotos que me enviaste —apreció Ashley—. ¿Crees que me quedaría bien a mí también?

—Cualquier peinado te sentaría de maravilla, pero no te aconsejo que lo cortes, porque tienes una melena larga preciosa y muy sedosa, en serio, después de todos los cuidados que le dedicas, si me dices que te lo vas a cortar por la mejilla, te mato —declaró Erika muy seria.

—Casi me mata a mí cuando le dije que lo haría, y yo nunca lo he dejado crecer mucho en realidad —expuso Jenna sonriendo a las dos.

—Te habría convencido para que no lo hicieras —dijo a Jenna—, pero la muy perra me avisó cuando ya estaba en la peluquería —masculló mirando a Ashley.

Rieron y bromearon durante un rato mientras Ashley se vestía, y cuando terminaron, se la veía completamente distinta.

Su recogido informal, dejaba algunos mechones sueltos, al igual que Erika lo había hecho con su pelo, pero como el de Ashley era más liso, al final le puso un poco de espuma para moldearlo con suavidad y que quedara ondulado. El maquillaje era sutil; el pintalabios y las uñas no tanto, ya que el rojo era el predominante. Su vestido y zapatos negros la hacían parecer una estrella de cine. A las tres les encantaba ir de compras, vestirse elegantes y sexys, y sobre todo, salir de fiesta para mostrar sus encantos y divertirse.

Ashley estaba deseando pasárselo bien. Se daba cuenta de que había estado encerrada demasiado tiempo, y no podía permanecer más en su mundo, alejada de la realidad. Tenía que enfrentarla, plantar cara y demostrar que ella valía mucho, y que no iba a dejar que las malas lenguas acabaran con todo aquello que significaba tanto para ella.

Después de esa noche de juerga, en la que sintió que volvía a vivir de nuevo, sabía que debía tomar algunas decisiones.

Algunas le daban miedo pero, aunque trató de evitarlo, mientras iban a algunas discotecas de moda y bebían cócteles, bailaban y charlaban con chicos guapos, meditó sobre la posibilidad de aceptar la propuesta de Donovan. Su aversión a las cámaras no podía acabar con la oportunidad que se presentaba ante ella. Podía ser un salto hacia algo mejor, hacia la buena dirección que parecía haberse desviado en las últimas semanas. Necesitaba un cambio, estaba claro, de modo que tal vez podría empezar por ahí.

Si bien la decisión parecía tenerla clara, dejar a sus padres y su hermano Frank en Florida no la convencía mucho. Se dijo que solo sería durante un tiempo, pero aún debía pensarlo muy bien.


¡Espero que os guste mucho!





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