lunes, 17 de abril de 2017

"Mis besos para ti" - Fragmento, capítulo 9

Si buscáis una lectura y no os decidís, aquí tenéis un nuevo fragmento para animaros con esta romántica historia. Espero que os guste :-)



[...]

Las recibieron los padres de Adrián. Estaban tomando café en el hotel, y cuando vieron llegar a Luna, se levantaron enseguida para encontrarse con ellas. Todos los nervios que pudiera tener Luna por hacer las presentaciones, se disiparon en ese instante. Manuel era un hombre extraordinario, y Lorena una mujer maravillosa, y no sabía por qué razón había estado tan ansiosa, claro que su abuela era su única familia y Adrián el primer novio formal con el que veía un futuro real, de modo que no quería que nada pudiera ir mal entre los más cercanos a los dos. Eso sí que podía llegar a ser un desastre si ocurriera.

Por suerte, todo iba estupendamente.

Adrián apareció a los pocos minutos. Había estado ultimando los detalles de la cena para poder ir a casa a arreglarse y después de hablar con ellos un rato, se marchó para así volver lo antes posible.

Manuel le entregó la llave de la habitación para Aurora, y Luna la llevó para dejar sus cosas y que pudiera relajarse un rato antes de la cena. Le pidió encarecidamente que no picara nada, pero ya la conocía, al poco rato se encontró con una bolsa de frutos secos sobre una de las mesas. Lo único que hizo fue lanzarle una risita irónica. A veces cambiaban los papeles y era Luna la que se convertía en su madre.

En cierto modo eso la divertía.

—¿Qué te parece la habitación, abuela?

Luna vio que la miraba con una cara extraña.

—Cariño, es un hotel de cinco estrellas, así que no deberías preguntarme algo así.

Las dos se rieron.

—Esto es precioso, y tu novio tiene suerte de trabajar aquí —añadió complacida.

—Sí, la tiene.

No pudo evitar pensar que ojalá el hotel estuviera en el centro de Granada y no tan lejos de ella. De esa manera podrían verse más a menudo, lo que, teniendo en cuenta los trabajos de ambos, serían unas pocas horas al día, pero era bastante más que ahora.

Se riñó a sí misma por pensar así. Tenía una excelente razón para seguir como estaban; y esa razón estaba sentada justo enfrente, su abuela. Él no podía dejar su trabajo ni ella el suyo, así que su relación tendría que seguir así un tiempo más. Tal vez podría convencer a su abuela de vivir en Almuñécar; podría intentar buscar trabajo junto con Tania y de esa manera tener cerca a sus todos sus seres queridos.

Un golpe en la puerta, interrumpió de forma brusca sus enrevesados pensamientos.

—Aurora, soy Belinda —saludó la madre de Tania desde fuera.

Luna abrió la puerta y se saludaron con efusividad.

—Pero qué pedazo de hotel —dijo cuando esta la invitó a pasar—. Esto es impresionante, Luna. Eres una joven con suerte.

—¿Suerte? —inquirió confusa.

Belinda dio dos besos a su abuela y se volvió hacia ella con la mirada brillante por la emoción apenas contenida.

—Claro mujer, si algún día te casas con Adrián, todo esto será también tuyo. Imagina trabajar cada día aquí… Es que es precioso —divagó sin perder detalle de la elegante y luminosa decoración de la habitación.

Sin duda el hotel era una obra de arte en sí. Imponente. Casi demasiado para ella en ocasiones, pero nunca había pensado que aquello pudiera pertenecerle de algún modo. Porque no era así.

Y si bien sabía que la intención de Belinda no era la de llamarla “mantenida”, cuando reflexionó sobre ello, casi le dieron arcadas. Ella no buscaba esa clase de vida, sino más bien al contrario. Desde que ocurrió todo aquello con Hugo, se dio cuenta de que lo mejor que podía hacer por sí misma, era saber depender solo de su valía y de su trabajo. Debía poder ser independiente.

—Esto es su legado, es de Adrián y de su familia, de nadie más.

—Desde luego, pero piensa que si en el futuro sois una familia, esto se convertirá en la herencia de tus hijos. Será parte de vuestro legado común —añadió con entusiasmo.

No había pensado en aquello como parte de su responsabilidad, ni como algo que algún día le pertenecería. Sin embargo, estaba claro que sus palabras encerraban algo de verdad.

De momento no quería pensar en ello porque otra idea, una mucho más oscura, cruzó por su mente y su humor cambió por completo.

Puede que existiera una persona que sí hubiera reparado en ese detalle, que deseara una vida de glamour y lujos, junto con el que ahora era su hombre. Yolanda.

¿Sería ese su objetivo?

No quería juzgar a nadie, y menos sin conocerla en realidad, pero le daba mala espina todo lo relacionado con ella. La amabilidad y la madurez no parecían ser valores en su persona.

—Bueno, es un poco pronto para eso. Con el tiempo se verá.

Belinda la observó con una sonrisita. Ahora que su hija se casaba, se la veía con ganas de hacer de celestina con ella también. Solo esperaba que durante la cena no mencionara el asunto. No quería que Adrián se viera presionado. Bastante tenía ya de eso con sus padres.

[...]


Espero que os haya gustado. Aquí os dejo el book tráiler.






Y por si os quedasteis con ganas de más... ya está disponible un relato cortito con una escena final e inédita en "Cuando el amor es de verdad".





¡Felices lecturas!

martes, 11 de abril de 2017

Ya a la venta lo nuevo de Paula Rivers

Es para mi un gran placer anunciaros que esta historia, que promete hacer las delicias de los lectores más exigentes, ya está a la venta!! Sí, habéis leído bien!!
La podéis encontrar en formato digital en todas las plataformas online. 
Yo ya estoy deseando echarle la vista encima, así que no tardaréis en conocer mi opinión. Hasta entonces, aquí tenéis todo lo que os puede interesar. Felices lecturas!! 




Teresa es una mujer que, a pesar de sus complejos y sus excesivas curvas, nunca se muerde la lengua. Incluso para criticar a Kin, uno de los abogados más sexys de la empresa en la que trabaja, cuya meta es dejar extasiadas a las mujeres con sus artes sexuales.

Una apuesta urdida por parte de sus amigos creará una peculiar alianza entre ellos; Teresa se tendrá que encargar de mantener a Kin alejado de las conquistas durante un tiempo, y él, a cambio, la ayudará a sacar partido de sí misma y a ligar con los hombres.

Después de una boda, una cita fallida con un coreano con un «pequeño defecto», una manifestación antitaurina, una borrachera y el paso de Teresa por el cuartel de la guardia civil, esa noche, la reina de la moralidad y el adicto a las barbies de plástico se verán obligados a compartir lecho.

¿Sucumbirá la comedida y pudorosa Teresa al famoso efecto «KIN»? ¿Será capaz él de dejar de ver a las mujeres como meros objetos cuando al fin una real de talla cuarenta y dos se le resista? Quizás y sólo quizás.

Una divertida novela con la que no pararás de reír y en la que asistirás al proceso de transformación de una mujer que había tirado la toalla en el amor en una fémina de bichas tomar.

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lunes, 3 de abril de 2017

"Mis besos para ti" - Fragmento, capítulo 8



[...]
Notaba cómo la furia y la rabia había teñido sus mejillas de rojo. Pero Luna no estaba enfadada con él, sino con esa odiosa mujer, y con ella misma por sentirse celosa.

¿Qué le pasaba?

Confiaba en Adrián, eso ella lo tenía claro, y su corazón también, pero el hecho de saber que alguien como su ex novia estaba tratando de meterse en su relación, lo detestaba, la enfermaba en realidad. Desde luego aquella horrible mujer había encontrado el mejor modo de acercarse a él, y estaba claro que para Adrián, fingir amistad no era la peor opción teniendo en cuenta que Yolanda estaba chiflada, pero que estuviera tan cerca también era un riesgo enorme.

Si Adrián cometía un error en algún momento, no sabía cómo reaccionaría.

—Por favor, dime algo —suplicó con la voz algo temblorosa—. Si crees que he hecho mal, lo puedo arreglar, ¿vale?

Por primera vez tuvo miedo de su reacción, de si cambiaría de parecer con respecto a él y ya no querría seguir con la relación. Nunca había tenido una novia formal, ni de ningún otro tipo para ser sinceros. Le aterraba, hasta lo más profundo de su ser, el hecho de haber cometido un error irreparable, algo que le pudiera estar haciendo daño a Luna.

En toda su vida, muy pocas veces se había parado a pensar en los sentimientos de las mujeres, eso sin contar con sus parientes, claro está, pensó.

Ahora sin embargo, se daba cuenta de que todo era distinto con Luna. Y en realidad se sentía bien con eso, a pesar de que en el pasado hubiera pensado de manera diferente sobre ello. Si tan solo siete meses antes le hubieran dicho que iba a estar cómodo con una relación monógama y con esa fuerte sensación de sincera lealtad, no se lo habría creído ni por asomo. El hecho de acabar con las juergas de locura y las noches de sexo sin compromiso, solo le había demostrado que se estaba convirtiendo en un hombre mejor. Luna le hacía ser un hombre mejor, y eso no lo hubiera logrado ninguna otra mujer, eso seguro.

Por esa razón se sentía aterrorizado; no quería decepcionarla.

Deseaba, más que ninguna otra cosa —aparte de ella misma, como era obvio—, poder demostrarle que ya no era el Donjuán que solía ser. Todo su mundo había cambiado para mejor cuando la conoció, y necesitaba que se diera cuenta, que lo viera, y no solo que lo oyera de sus labios.

—Yo… no sé por dónde empezar…

Adrián se encogió por dentro, y esperó con temor.

—Esto es abrumador —tragó saliva con fuerza e intentó evitar echarse a llorar desconsolada—. No me hace especialmente feliz que tengas que fingir amistad con alguien como ella —musitó.

—No sientas celos, cariño. Esa mujer está loca, y no creas que esto implicará que vayamos a salir juntos por ahí como coleguitas. Confía en mí. Solo quiero que se mantenga alejada de los dos, y que no haga ninguna tontería que pueda afectarnos, ni al hotel tampoco.

—Confío en ti —aseguró asintiendo con la cabeza.

Adrián saboreó sus palabras, sintiendo un delicioso escalofrío, y acarició con ternura sus mejillas. Acercó su cuerpo al suyo y lo apretó con suavidad.

—Por favor, no pienses que esto va a afectar a nuestra relación, porque no lo soportaría —dijo con voz quebrada—. Seguro que pronto se marchará y nos dejará en paz —añadió deseando con todas sus fuerzas que fuera verdad.

—Ojalá.

Se separó unos centímetros para encontrarse con su profunda mirada y tan solo con eso se relajó.

—Te quiero, Luna. Y quiero que sepas que no antepondría nada, y a nadie, antes que a ti.

Sus ojos se humedecieron y su corazón empezó a latir muy deprisa. Era todo cuanto necesitaba saber para poder soportar la amenaza de esa horrible tercera persona. No deseaba que pudieran perjudicarle de ninguna manera solo porque ellos estuvieran juntos, pero era tranquilizador saber que era su prioridad. Sabía que Adrián lo decía en serio, había una sinceridad y una determinación en su voz, que le hizo sentir segura de que todo iría bien.

Sintió una pequeña ola de inquietud al imaginar que tal vez estaba empezando a sentirse dependiente de él. Algo que sí podría ser malo, porque fue eso lo que causó que su anterior relación fuera tan mal sin que se diera cuenta. Solo cuando Hugo murió en el accidente, cuando su vida entera cambió, pudo verlo con claridad.

Claro que Adrián no tenía nada que ver con el pasado.

Él era su presente, su futuro; lo tenía muy claro, de modo que decidió evitar pensar en cosas que ya no estaban en su vida, ni lo estarían más, y se concentró en la persona más importante de su vida, la que tenía justo delante, la que la abrazaba con ternura y le decía lo que sentía por ella.

—Yo también te quiero. Pase lo que pase, estaré contigo, te lo prometo.

Una enorme sonrisa iluminó su rostro. Adrián sabía que podía contar con ella para cualquier cosa, y no solo porque sus palabras se lo indicaran. Era más sencillo que eso; su mirada no mentía. Igual que Luna confiaba en él, él confiaba en ella, con todo su ser.

—Gracias nena. Lo superaremos como un equipo.

—Eso suena muy bien, porque te aseguro que me pone un poco nerviosa todo esto —confesó con una pequeña sonrisa.

Una chispa brilló en los ojos de Adrián y este se incorporó.

—Bien, aunque no podamos hacer el amor esta noche, creo que puedo hacer algo para esos nervios —aseguró con una perversa sonrisa.

Luna se escandalizó al imaginarlo.

—No es nada pervertido, así que no te preocupes antes de tiempo —expuso al ver la cara de Luna.

—¿Y qué es lo que vas a hacer?

—Un masaje, claro —dijo muy satisfecho con su gran idea.

Luna soltó una risita tonta al darse cuenta de que su mente calenturienta había imaginado algo mucho más íntimo. Siempre le ocurría cuando se trataba de él.

—Date la vuelta, voy a empezar por la espalda —le pidió Adrián—. Pero no te quites la ropa… porque entonces estoy seguro de que no podría hacerlo. Ya me está costando no imaginarte desnuda —añadió con una sonrisa irónica.

—Ya somos dos —musitó Luna cuando ya estaba boca abajo en la cama. Escuchó una ronca risa tras ella.

Adrián empezó a acariciar con suavidad su cuello, y fue bajando sus manos hasta sus hombros hasta recorrer su columna vertebral. Apretó sus dedos con cuidado de no hacerle daño, sintiendo cómo Luna se relajaba poco a poco.

Le estaba costando no introducir sus manos bajo la parte superior de su pijama de invierno, pero no era lugar para ponerse demasiado cariñoso. No querría ser él quien causara daños emocionales o infartos a la abuela de Luna. Mejor mantener las manos donde estaban. Al menos por el momento.

Al cabo de un rato, notando que Luna estaba a punto de dormirse, se tumbó a su lado y después de darle un tierno beso en los labios, él también cayó en un sueño profundo. Sabía que descansaría mejor que en toda la semana, siempre lo hacía cuando ella estaba a su lado. 
[...]




Aquí os dejo el book tráiler, espero que os guste.







Y por si os quedasteis con ganas de más... ya está disponible un relato cortito con una escena final e inédita en "Cuando el amor es de verdad".





¡Felices lecturas!