lunes, 6 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 5



  

 [...]

Había pequeños grupos de personas entrando, con sus trajes y vestidos negros, y con los antifaces ya puestos. Solo algunos permanecían allí esperando. Eran Adrián, Rubén, y la familia del primero.

Las piernas de Luna apenas la sostenían. Estaba nerviosa y a la vez excitada al ver que hasta la iluminación de la recepción había cambiado para ir acorde con el tema de la fiesta. El hotel parecía otro, uno muy íntimo; acogedor y a la vez misterioso.

Todos se giraron para mirarlas cuando se acercaron. Rubén se aproximó a Tania y la besó con pasión durante unos largos segundos.

Adrián se quedó paralizado un instante, pero sus piernas al fin se movieron como guiadas por una fuerza poderosa hacia Luna. Él llevaba un impecable traje negro y un antifaz liso, sin florituras de ningún tipo, que le sentaba muy bien. Alzó ambas manos para sostener las suyas y Luna pudo ver que sus ojos azules estaban brillantes bajo el antifaz.

—Estás preciosa, pareces un impresionante ángel negro… no sabes cómo me excita pensar eso… —musitó en voz baja, acercando su rostro despacio.

Acercó sus labios a los de ella y se fundieron con el leve contacto. No fue suficiente ni por asomo. Adrián le tentó con la lengua y el beso se volvió abrasador. Le daba igual el resto del mundo, su familia, el personal del hotel, la fiesta.

Llevaba una semana extenuante y al fin tenía a Luna allí con él. Se sentía en paz después de lo que le parecía un larguísimo período de tiempo.

Esa semana había sido demasiado en todos los sentidos. Estaba desesperado por acabarla.

Ella alzó sus brazos para colocarlos sobre sus hombros y él aprovechó para sujetarla por la cintura, para pegarla más contra su cuerpo. Se encontró con el borde del vestido que dejaba su espalda al descubierto y cuando notó su piel, se estremeció. Subió la mano y acarició su suave espalda hasta descubrir que no llevaba sujetador. Sonrió contra sus labios.

Se separó para lanzarle una provocadora mirada ardiente. Fue entonces cuando se percataron del espectáculo que acababan de dar para todos los que pasaban por allí.

—Tu familia está ahí mismo —señaló Luna avergonzada, mirando hacia donde se encontraba Manuel, Lorena y otras personas a las que no conocía.

Una de ellas era una mujer joven que los miraba boquiabiertos.

—Todos son adultos. Seguro que entienden —ronroneó con voz apenas audible.

—Ya —dijo en voz baja, notando el rubor intenso de sus mejillas.

Se separaron sin mucho entusiasmo y fueron a su encuentro cogidos de la mano. Cuando se deshicieron de los antifaces por un momento, Adrián les presentó a Tania y a ella a su tío Oscar Hidalgo, hermano de su padre y también hombre de negocios, a su mujer Diana González y a su prima Estela. Se les veía gente distinguida y con mucha clase. A Luna le entró el pánico pensando que no iba a encajar ni por asomo con ellos, o con el resto de invitados, cuando estos empezaron a hablar del hotel y de la fiesta de aniversario.

Sus mundos eran muy distintos, y aunque Adrián le había demostrado que era tan trabajador como cualquiera, tenía un imperio que dirigir. Luna no sabía si algún día comprendería lo que aquello implicaba. Mucha responsabilidad, eso para empezar.

Estela la miraba como si la estuviera evaluando, pero para su alivio, parecía contenta de conocerla, y algo en su expresión le indicó que no estaba mostrando una pose falsa porque la tuviera delante. Su sonrisa parecía genuina.

—¿A qué te dedicas Luna? —preguntó de repente Estela.

Todos las observaron y permanecieron en silencio en espera de su respuesta. Solo los tíos y la prima de Adrián desconocían ese detalle de su vida, pero los demás no pudieron evitar aguardar a que hablara.

—Soy agente, igual que Tania —dijo señalándola con la mano—. Las dos trabajamos en la inmobiliaria de sus padres en Granada.

—Oh vaya, qué bien —dijo con cara de sorpresa.

Luna no encontró ni rastro de desprecio o superioridad en ninguno de los presentes, para su asombro y alegría. Se ganaba la vida como millones de personas, y por suerte para ella, no parecía que eso lo consideraran un pecado. Otros sí que lo harían, pero le daba igual. Aunque contaba mucho lo que los demás pensaran de ella, si su familia política —si es que algún día llegaban a serlo oficialmente— la aceptaba, para ella contaba mucho más que el resto.

—Con lo guapa que eres, creía que serías modelo o actriz, y me alegro de que no sea así —dijo muy sonriente.

—¿Por qué dices eso, cielo? —le preguntó su madre contrariada.

—Porque creo que están todas locas —soltó con una frescura que casi no parecía un insulto.

Adrián carraspeó para evitar carcajearse.

—¿Tengo que señalar lo evidente, prima? —inquirió este con ironía.

Estela le miró con una cara muy seria y negó con la cabeza cuando se volvió hacia Luna.

—Yo soy modelo desde hace unos años… así que sé porqué lo digo —añadió muy satisfecha. Hubo risitas por lo bajo.

Guiñó un ojo a Luna y esta no pudo contener la risa por más tiempo. Esta chica iba a caerle muy bien.

[...]

¿Qué os ha parecido?

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