Muchísimas gracias Lorena!! Me alegro de que te haya gustado.
Aquí os dejo el enlace para que podáis leer la reseña, espero que os guste y aprovechéis el día de hoy para haceros con ella de forma gratuita en amazon. Es el último día de la promoción. No os la perdáis.
Espero que os animéis a adquirirla. Durará tres días, desde el domingo 21 de junio hasta el 23.
Hago esta promoción para que todos aquellos que lo deseen, puedan tener mi novela de manera gratuita sin caer en la piratería.
Porque aunque no lo parezca, el trabajo de un escritor no es fácil.
Aunque no es lo frecuente, esta promoción va dirigida a una persona en especial: Pili Doria, porque me ha demostrado ser una gran persona, que respeta mi trabajo, y por eso le estoy muy, muy agradecida. Espero que lo disfrutes, de corazón.
Es una novela de género romántico-contemporáneo. Una historia muy emotiva.
La protagonista sufre muchísimo por un suceso del pasado, que después de un tiempo, aún le atormenta y le afecta en su día a día.
Hace todo lo posible por que su vida siga su curso, pero cuando su novio la abandona por otra, sus recuerdos vuelven a hacerle daño. Por suerte, cuenta con grandes amigos y con su familia, que están con ella pase lo que pase.
Cuando Carla acepta ir a terapia, no está muy dispuesta a creer que eso pueda ayudarla, pero está equivocada y con el tiempo descubre que fue la mejor decisión que jamás tomó.
Cuando al final los secretos salen a la luz, por fin podrá poner punto final al sufrimiento y pasar página. Y no es la única, pero tendrás que leer esta novela para saber quiénes son.
He disfrutado mucho esta historia, aunque las partes malas me dejaron un nudo en el estómago. Sin embargo, es precioso ver cómo se desenvuelven los personajes y al final, todo tiene sentido y disfrutan de la felicidad que merecen.
Mis felicidades a la autora. Es una historia muy bien escrita que merece ser leída y disfrutada, así que no lo dudes...
Deseo daros las gracias a todos por dar una oportunidad a mi nuevo libro.
Lleva 10 días publicado y los mismos en la lista de los más vendidos de amazon: en el top 100 y en romántica (tienda kindle) también... lo cual es increíble.
UN MILLÓN DE GRACIASSSS
Espero tener la suerte de continuar así. Y sobre todo, que disfrutéis de esta historia que he creado con todo mi cariño.
Luna García estaba
mirando por la ventana, con gesto aburrido, cuando alguien llamó su atención.
Le costó varios minutos reaccionar. Estaba tan ensimismada en sus recuerdos,
que ni siquiera se percató de que su jefa la observaba con preocupación y su
tono de voz no podía ocultar cierto tono reprobatorio.
Desde que empezó a
trabajar en la inmobiliaria, la relación con Belinda y Fabián, dueños de la
agencia y también padres de su mejor amiga, habían sido como unos segundos
padres para ella. No es que no lo fueran antes, pues ella y Tania Sánchez se
conocían desde que eran niñas; pero la relación se había estrechado aún más
desde que se veían cada día. Luna tuvo sus dudas en un principio… ya se sabe,
la confianza a veces es demasiado… pero no fue el caso. Eran como una segunda
familia sin contar con la abuela Aurora. Madre de su madre, la había criado
desde que sus padres fallecieran en un incendio que arrasó su hogar cuando ella
apenas era una adolescente.
Ahora a sus veintiséis
años, había pasado por algo parecido. Igualmente traumático, ya que su novio,
con el que llevaba saliendo dos años, había sufrido un accidente al saltar
desde unas rocas en el mar. Aunque todo apuntó al principio a que se
recuperaría, no sobrevivió y Luna llevaba sin ir a la playa desde entonces.
Tampoco había vuelto a salir con nadie, a pesar de que desde la muerte de Hugo
ya habían pasado más de once meses. De hecho, en dos semanas sería el
aniversario del fatídico día y por eso su mente divagaba con más frecuencia de
lo normal.
No era nada extraño
porque había estado muy enamorada. Conoció a Hugo Vidal en una discoteca y
congeniaron de inmediato, era de esas personas que caen bien a todo el mundo,
atractivo y muy divertido. Desde que le puso los ojos encima, estuvo segura de
que ese chico era para ella, y como solo se llevaban unos meses, pues también
tenían en común muchas cosas, como las ganas de salir y pasarlo bien, sin
pensar demasiado en el futuro.
Hugo era demasiado
temerario para el gusto de Luna, pero siempre le gustó esa faceta de su
personalidad. No le temía a nada y aunque eso le hacía ser tan especial,
también fue su perdición. Le apenaba recordar que ese fin de semana habían
discutido porque ella pensaba que se estaba pasando con tanta aventura. Él le
espetó de malos modos que era su manera de ser, le gustaba la adrenalina y sin
ella no pensaba vivir. Muy a su pesar, se dio cuenta de que Hugo podría vivir
perfectamente sin ella, pero no sin sus actividades de alto riesgo. Sin
embargo, como siempre, se había resignado y se despidió con un «Adiós» sin mucho sentimiento.
Él ni siquiera respondió. Detestaban discutir y cuando eso sucedía, a menudo
Hugo se iba durante días para que el ambiente se relajara entre ellos. Así
funcionaba él la mayoría del tiempo.
Como estaba enamorada,
procuraba tomarse a bien sus arrebatos, pero no podía evitar sufrir ataques de
ansiedad cada vez que este le anunciaba que pensaba hacer parapente o alguna de
sus locuras. Lo que al principio le pareció alucinante, pronto se convirtió en
una dura carga que soportar.
No siempre fue así; cuando
estaban juntos, Luna se sentía en una burbuja. Era feliz a su lado. Pero era
más que eso, no podía vivir sin él, porque era parte de ella misma. Se sentía
comprendida y querida, y aunque a veces discutían, como todas las parejas, no
podía imaginarse con otra persona que no fuera él.
Ahora ya nada de eso
era posible y después de todo este tiempo sola, se daba cuenta de muchas cosas.
Algunas que a ella misma le costaba entender, pero al no tener a Hugo a su
lado, podía ver con perspectiva su noviazgo. No sabía si era justa, porque solo
era su visión parcial de la relación, pero se sentía un poco vacía. Y no por
echarle de menos, lo cual era mucho peor.
—¿Te encuentras bien,
cielo? —inquirió Belinda.
—Lo siento, estoy algo
distraída.
—Ya veo. Si quieres
puedes irte a casa —comentó con ternura—. Tania está a punto de llegar, así que
puede quedarse a cerrar por ti.
—Gracias, me vendrá
bien descansar un poco.
Ante su comentario,
Belinda asintió con tristeza. A nadie se le escapaba el detalle de que pronto
era el aniversario de la muerte de Hugo y a menudo la trataban como si fuera a
romperse. A Luna eso le partía el corazón, porque ninguno sabía cómo era Hugo
en realidad. Y no lo sabrían nunca. Era lo mejor. De ser así, aparte de sentir
pena por ella, la compadecerían y no tenía ganas de despertar eso en personas a
las que apreciaba. Era humillante y no deseaba otra cosa que olvidar.
Si fuera tan fácil…
Estaba ya en la cama y
se sobresaltó al oír el teléfono móvil. Maldijo su mala memoria, porque si se
hubiera acordado de apagarlo o de quitarle el sonido, ahora podría continuar
soñando con ese hombre misterioso de ojos azules y profundos.
Con el corazón palpitando
sin control, alargó la mano y acabó por estrellarlo contra el suelo. La batería
salió volando y Luna sonrió con ironía: justo donde la quería. Así la dejarían
en paz. Solo que… podía ser Tania. Aunque era bastante tarde, era su mejor
amiga y ella no la dejaría en la estacada si necesitaba algo. Si se equivocaba,
siempre podía volver a tirar el teléfono al suelo y volver a soñar.
Acababa de montarlo de
nuevo y encenderlo cuando entró otra llamada. No se equivocó al imaginar que
sería su mejor amiga. Respondió enseguida.
—Te fuiste pronto, ¿te
pasa algo?
—Hola a ti también.
Solo estoy cansada —dijo con voz pastosa.
—¿Estabas acostada?
—Claro que sí, tengo
la costumbre de dormir por las noches —comentó sarcástica.
Luna oyó una risita al
otro lado de la línea.
—Me preocupas.
—Pues no debería, ya
soy mayorcita, se me pasará.
—No es eso, es que
cada vez te pareces más a tu abuela —dijo—. Y no es que no adore a Aurora, pero
es que sus costumbres se te están pegando más con los años.
—No sé a qué viene eso
—dijo algo crispada.
—Viene, a que solo son
las diez y ya estabas acostada como una niña de ocho años. No puedes seguir así
—el tono de su voz denotaba preocupación y Luna tuvo que respirar hondo para no
echarse a llorar—. Mira, te llamaba porque he hablado con mis padres y nos van
a dar vacaciones a las dos. Nos iremos quince días aprovechando que aún es
temporada baja. Es poco tiempo, así que pensé ir a Almuñécar. Si mis padres
necesitan algo, podemos subir enseguida. Al fin y al cabo, la playa queda a una
hora y media más o menos. Claro que ya les tengo dicho que si no es cuestión de
vida o muerte, no me llamen para nada.
—No creo que pueda ir
a la playa, la verdad es que no quiero dejar sola a la abuela y…
—Excusas —cortó a
Luna—. Me ha costado mucho convencer a mis padres de que nos den dos semanas
seguidas a las dos a la vez. No puedes negarme este pequeño placer. Hemos
trabajado tanto —terminó la frase con un tono infantil y Luna la imaginó
haciendo pucheros ella sola.
Suspiró de manera
sonora, para que no se le fuera a escapar ese detalle a Tania, y sonrió a su
pesar.
—Está bien —claudicó.
La verdad es que le
apetecía desconectar. Sabía que la playa le traería recuerdos, pero debía
superarlo. Quizás era lo que le hacía falta para empezar de nuevo aunque no lo
viera muy claro.
De repente se dio
cuenta de que le hacía ilusión pasar un tiempo fuera de Granada y el bullicio
de coches y gente que va con prisas a todas partes. Ella incluida.
Tania se puso a
explicarle que mientras hablaban, estaba haciendo una reserva en un hotel de la
zona que estaba muy bien. Tenía spa, piscina
climatizada y unas instalaciones impresionantes. Ella, por otro lado, solo
tenía en mente una palabra: vacaciones. Algo que no disfrutaba en condiciones
desde hacía años en realidad.
Con una enorme sonrisa
en la cara, empezó a pensar en todas las cosas que quería comprar para
marcharse al cabo de unos días.
El viernes siguiente,
con las maletas en el coche de Tania y con sus padres en la puerta de casa
abrazados como si estas se fueran a ir a la guerra, se despidieron con la mano
por tercera vez y ocuparon sus asientos. Con los cinturones abrochados, ambas
sonrieron con nerviosismo y alegría y salieron a toda marcha.
Luna tenía el estómago
encogido. No por las vacaciones, en realidad estaba entusiasmada. Sino porque
el día del fatídico aniversario era al cabo de tres días y ella, en lugar de
estar triste por ello, se encontraba extasiada. Parte de su ser, le hacía notar
que estaba siendo egoísta, pero trató de ignorarlo, ya estaba bien de tanto
melodrama. Era momento de disfrutar, de pasar página.
Con la música a toda
pastilla para amenizar el trayecto, fueron cantando como dos locas de remate.
Era justo lo que necesitaban después de muchos meses de tedio y trabajo duro.
La monotonía acababa volviendo grises los días, y ahora que la primavera estaba
en su apogeo, era momento de disfrutar de la vida y de los días de sol.
El aire que entraba
por las ventanillas, revolvía el cabello de Luna que se lo había dejado suelto
y aunque lo tenía muy largo y le azotaba en la cara, no le importaba para nada.
Incluso pensó en darse mechas de algún color para acabar con su inamovible
castaño de siempre. Pero quizás sí era una locura teñirse el pelo en un
arrebato. No lo había hecho nunca antes, aunque siempre hay una primera vez
para todo. Quizás era momento de experimentar cosas nuevas. Siempre había sido
algo comedida con todo lo relacionado con su vida. Muy posiblemente por haber
sido criada desde pequeña por su abuela, pero no era algo que la preocupara
demasiado. Ella hacía las cosas que le gustaban.
Ya había leído antes a Patricia, tiene un modo de narrar que me encanta, es atrevido, fresco y directo. En la última presentación a la que fui, tuve la suerte de conocer en primicia esta historia (con la cual también nos sorprendió con varios regalitos: muchas gracias!)
Y ya desde el primer momento me llamó la atención.
Cuenta la historia de Aisha, una mujer que vive un matrimonio que no le aporta nada bueno. Ella se vuelca en dar lo mejor de sí, pero solo consigue desprecio, indiferencia y algunas peticiones que no desea cumplir.
Su marido desea hacer un intercambio de parejas y aunque Aisha piensa que es una locura, termina aceptando. Conoce a Iván y a Sonia, una pareja que parece muy compenetrada y con la que llevan a cabo su primer experimento en estas prácticas.
A partir de ahí empiezan los problemas... Nada es lo que parece después del primer encuentro. Ni entre el matrimonio, ni tampoco con la pareja que conocieron. Muy a pesar de Aisha, no son los únicos con los que quedan, y todo lo hace por complacer a su marido, aunque lo pasa cada vez peor en estos encuentros.
La protagonista se dará cuenta, poco a poco, de que su idílico matrimonio está peor de lo que ella desea admitir. Tendrá que poner en una balanza lo bueno y lo malo, para tomar una decisión complicada que le cambiará la vida.
Es una historia que además de estar muy bien contada, te hace reflexionar. En esta vida hay que luchar por lo que uno quiere, y no tener miedo a cambiar, si lo que tenemos no nos hace felices de verdad. Todos merecemos una nueva oportunidad. Y también, ver cumplidos esos sueños que guardamos en nuestro ser.
Os recomiendo esta historia que os hará palpitar el corazón.