martes, 9 de agosto de 2016

Elsa no sabe lo que quiere - Fragmento

Buenos días!
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Aquí podréis leer los tres primeros capítulos gratis, así que ánimo, espero que os guste ;-)


(Fragmento del capítulo 2)

(...)
—Soy todo tuyo, cariño —dijo con una sonrisa perversa.

Elsa acercó su rostro al suyo y sonrió ante su acertado comentario. Los labios de Román estaban entreabiertos, y ella le acarició con suavidad con la lengua. Atrapó su labio inferior y lo mordisqueó sin hacerle daño. Vio que sus ojos se oscurecían, y la miraban con intensidad.

—Eso me encanta —murmuró Elsa junto a su oído. Jugueteó con el lóbulo de su oreja y oyó un gruñido de placer.

Eso la hizo vibrar por dentro y por fuera. Se dijo que si no comenzaba, al final se dejaría llevar, dejaría que la penetrara sin compasión y la follara hasta perder el sentido, hasta que gritara su nombre una y otra vez a pleno pulmón. La idea era de lo más tentadora, pero deseaba que Román tuviera su regalo; aún cuando su cuerpo pidiera a gritos la liberación que tanto ansiaba.

Le dedicó una perversa sonrisa y se separó de él.

Con un pequeño mando a distancia que había en la mesilla, subió el volumen de la música, y después lo dejó donde estaba. Se giró para darle la espalda, pero echó un rápido vistazo a su pene erecto; le lanzó una sonrisa de suficiencia y tras mirarle a los ojos, que él tenía entrecerrados, se preparó para dar comienzo al espectáculo. Cogió aire para calmar su agitada respiración.

Puso sus manos en sus caderas, de manera que fueran visibles para él. Estaban a poca distancia, apenas a unos dos metros; cualquier sonido sensual que escapara de sus labios, lo escucharía, y cuando empezó a subir sus manos con lentitud por todo el contorno de su vestido, dejó escapar un erótico gemido por sus labios. Llegó hasta su pecho y siguió subiendo hasta su pelo. Lo recogió con las manos y lo pasó por su hombro, para dejar su espalda al descubierto. El vestido le llegaba por debajo de los omóplatos, por lo que no tuvo que hacer ningún esfuerzo para coger el inicio de la cremallera y empezar a bajar con lentitud, dejando su piel clara al descubierto. Era una sensación muy erótica estar desnudándose para alguien, sobre todo cuando la otra persona, tenía los ojos clavados en ella, y la miraba con esa lujuria.

Pensó quitarse los tacones, pero sabía que a Román le parecerían un toque muy sensual, así que se los dejó puestos. Pudo oír que se removía en su asiento, y le encantó saber que estaba inquieto, y muy excitado. No habría esperado otra cosa de él, porque era un hombre muy apasionado, y sabía que disfrutaba con su cuerpo desnudo. Siempre le decía lo mucho que le gustaba verla como Dios la trajo al mundo. Apenas podía apartar las manos cuando la tenía cerca, y Elsa disfrutaba siempre con su cuerpo. Y con el de Román. Estaba tan bueno que quitaba el aliento.

La música continuaba con su provocadora melodía y Elsa contoneó sus caderas al compás. Empezó a sentir electricidad en el ambiente y sonrió para sí misma. Cuando bajó del todo la cremallera, en lugar de quitarse el vestido, se giró hacia él con una mirada hambrienta.

Vio a Román muy concentrado en su exhibición, con sus manos apretadas en fuertes puños. Sabía que le costaba contenerse. No era un tío que disfrutara manteniéndose quieto, pasivo; muy al contrario, era un hombre de acción.

Bajó los tirantes con suavidad, rozando su propia piel con sus dedos. El sujetador era sin tirantes, de forma que aún estaba oculto. Cuando tuvo los dos hombros desnudos, y mientras bailaba, se inclinó hacia delante, para que su excitado marido, tuviera una buena visión casi completa de sus pechos. Su mirada por su cuerpo era como una sensual caricia, pudo sentir sus manos aunque no la estuviera tocando, y su propia respiración se volvió errática, superficial. Estaba muy excitada, y deseosa de tenerle dentro, de disfrutar de todo él.

Jugueteó con su pelo y decidió provocarle un poquito más. Giró la cabeza hacia el lado derecho y lamió con sensualidad su hombro desnudo. Dejó escapar de sus labios un jadeo y en respuesta, oyó que Román cambiaba de posición en el sofá y se inclinó hacia delante.

Le miró directamente a los ojos, que revelaban un elevado grado de exaltación, y puso un dedo en sus labios, para indicarle que guardara silencio, pero sin dejar su pose provocativa.

—Shhh… cariño, relájate —ronroneó—. Esto acaba de empezar.

—Me estás matando, nena —siseó este con voz grave, cargada de deseo—. Cuando te coja, te voy a destrozar —sentenció con voz ronca sin dejar de observar todos sus movimientos.

Ella soltó un suave grito complacido y ahora lamió su dedo con su lengua, muy lentamente, de manera perversa. Después lo mordisqueó con una ligera sonrisa juguetona. Pudo comprobar que Román se tensaba, y buscaba una posición más cómoda. Este miró hacia su entrepierna y luego a ella, sonriendo a su vez de manera intencionada, sabía que apenas podía contenerse y que deseaba coger su pene y aliviar toda la tensión que iba acumulando. Elsa miró hacia su erección y su calor interior aumentó varios grados en segundos. Estaban al límite. Ella lo sabía, él lo sabía. El juego pronto acabaría. Moría de ganas por tocarle, como estaba segura que le ocurría a él, pero estaba siendo muy divertido y no tenía intención de parar ahora. Los preliminares podían ser tan excitantes como la penetración, aunque ahora mismo deseaba que la poseyera sin contenciones. Ella misma notaba que su vagina se humedecía, estaba deseando una pronta liberación y respiró hondo para intentar calmarse, aunque era tan difícil como decirle a un volcán en erupción que dejara de soltar lava.

Comenzó a bajar el vestido hasta su cintura y así, Román pudo apreciar su conjunto de ropa interior. Este dejó escapar una risa ahogada. Elsa mordió su labio inferior con lascivia y paseó su lengua por el superior. Sabía que eso lo mataba, pero en el buen sentido. Estaba segura de que había acertado en su elección, aunque a ella misma no le gustara demasiado ese tipo de lencería.

—¿Qué te parece? —musitó con la voz entrecortada.

—Mmm… me gusta más de lo que te imaginas… —comentó él con aire distraído y la voz ronca, sin dejar de contemplar sus movimientos y gestos.

Antes de seguir bajando, Elsa olvidó el vestido y masajeó sus pechos por encima de la tela. Le encantaba provocarle, y estaba convencida de que Román estaba a punto de estallar. No le dio ninguna pena, porque ella misma estaba en el mismo estado: abrumada por las sensaciones que la situación les estaba provocando a ambos.

Sin embargo, cuando percibió lo agitado que estaba, se apiadó de él, y quiso permitirle un pequeño aliciente.

—Ahora puedes tocarte —concedió con un susurro.

Esa visión la dejó sin aliento. Tuvo que concentrarse para seguir con su baile erótico, de ese modo llegarían al punto que los dos buscaban, aunque era difícil, puesto que le encantaba admirar cómo movía su mano por toda su longitud. Quería ser ella la que acariciara su pene de arriba abajo, despacio, gozando de tenerle a su merced.

Colocó sus dedos en el borde del vestido que estaba arremolinado en su cintura y comenzó a bajar despacio, sin dejar de moverse y de mirarle, mientras bailaba y le sonreía a la vez. Al final, dejó su vestido convertido en un charco de tela negra en el suelo y con un pie, lo envió de una patada a unos metros de distancia. Ahora estaba casi desnuda, mostrando su excitado cuerpo.

Sus caderas se contoneaban y deslizó sus manos, con una leve caricia desde su cuello hasta sus pechos, y de ahí, hasta su ya húmeda entrepierna. El tanga que llevaba era semi transparente, así que sabía perfectamente que Román estaba teniendo una detallada visión de su depilado pubis. Paseó sus manos por allí con suavidad y lentitud.

Román tenía la boca ligeramente abierta, y Elsa pudo ver con claridad que estaba asombrado; no sabía si por su exhibición, o por el bailecito que le dedicaba, ya que era algo que no había hecho antes, pero le encantó que estuviera disfrutando. Se sintió sexy, poderosa, y muy, pero muy caliente. Había llegado el momento de subir el nivel. Jugueteó con la fina tira del tanga, pero sin moverla del sitio, para provocarle. Paseó sus dedos por su centro, aunque por encima de la tela, mientras que con la otra mano, seguía acariciando su cuerpo. Se giró para que tuviera una visión completa de su semi desnudo cuerpo, y aprovechó para rozar con suavidad sus muslos y glúteos. En esta posición, podía seguir moviéndose, para que él no perdiera detalle de sus partes más íntimas y fue entonces cuando decidió que ya era hora de desvelar la mejor parte. Bajó la delicada prenda hasta el suelo y sus manos subieron por sus piernas con delicadeza. Elsa hizo un sonido de placer para que Román supiera que gozaba con aquello también, incluso sin apenas tocarse. Echó hacia un lado el tanga para no pisarlo y se dio la vuelta despacio, para quedar de frente.

En ese instante le dieron ganas de saltar sobre él. Los movimientos de Román también eran lentos mientras subía y bajaba su mano por su pene erecto, y a Elsa se le hizo la boca agua. Quería más. A él. Y lo quería ya.
(...)


Espero que lo hayáis disfrutado, y os haya abierto el apetito... y por su fuera poco, os presento a nuestro Román... El atractivo marido de Elsa, que dará mucho juego en esta historia...


Feliz martes!!

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