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lunes, 6 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 5



  

 [...]

Había pequeños grupos de personas entrando, con sus trajes y vestidos negros, y con los antifaces ya puestos. Solo algunos permanecían allí esperando. Eran Adrián, Rubén, y la familia del primero.

Las piernas de Luna apenas la sostenían. Estaba nerviosa y a la vez excitada al ver que hasta la iluminación de la recepción había cambiado para ir acorde con el tema de la fiesta. El hotel parecía otro, uno muy íntimo; acogedor y a la vez misterioso.

Todos se giraron para mirarlas cuando se acercaron. Rubén se aproximó a Tania y la besó con pasión durante unos largos segundos.

Adrián se quedó paralizado un instante, pero sus piernas al fin se movieron como guiadas por una fuerza poderosa hacia Luna. Él llevaba un impecable traje negro y un antifaz liso, sin florituras de ningún tipo, que le sentaba muy bien. Alzó ambas manos para sostener las suyas y Luna pudo ver que sus ojos azules estaban brillantes bajo el antifaz.

—Estás preciosa, pareces un impresionante ángel negro… no sabes cómo me excita pensar eso… —musitó en voz baja, acercando su rostro despacio.

Acercó sus labios a los de ella y se fundieron con el leve contacto. No fue suficiente ni por asomo. Adrián le tentó con la lengua y el beso se volvió abrasador. Le daba igual el resto del mundo, su familia, el personal del hotel, la fiesta.

Llevaba una semana extenuante y al fin tenía a Luna allí con él. Se sentía en paz después de lo que le parecía un larguísimo período de tiempo.

Esa semana había sido demasiado en todos los sentidos. Estaba desesperado por acabarla.

Ella alzó sus brazos para colocarlos sobre sus hombros y él aprovechó para sujetarla por la cintura, para pegarla más contra su cuerpo. Se encontró con el borde del vestido que dejaba su espalda al descubierto y cuando notó su piel, se estremeció. Subió la mano y acarició su suave espalda hasta descubrir que no llevaba sujetador. Sonrió contra sus labios.

Se separó para lanzarle una provocadora mirada ardiente. Fue entonces cuando se percataron del espectáculo que acababan de dar para todos los que pasaban por allí.

—Tu familia está ahí mismo —señaló Luna avergonzada, mirando hacia donde se encontraba Manuel, Lorena y otras personas a las que no conocía.

Una de ellas era una mujer joven que los miraba boquiabiertos.

—Todos son adultos. Seguro que entienden —ronroneó con voz apenas audible.

—Ya —dijo en voz baja, notando el rubor intenso de sus mejillas.

Se separaron sin mucho entusiasmo y fueron a su encuentro cogidos de la mano. Cuando se deshicieron de los antifaces por un momento, Adrián les presentó a Tania y a ella a su tío Oscar Hidalgo, hermano de su padre y también hombre de negocios, a su mujer Diana González y a su prima Estela. Se les veía gente distinguida y con mucha clase. A Luna le entró el pánico pensando que no iba a encajar ni por asomo con ellos, o con el resto de invitados, cuando estos empezaron a hablar del hotel y de la fiesta de aniversario.

Sus mundos eran muy distintos, y aunque Adrián le había demostrado que era tan trabajador como cualquiera, tenía un imperio que dirigir. Luna no sabía si algún día comprendería lo que aquello implicaba. Mucha responsabilidad, eso para empezar.

Estela la miraba como si la estuviera evaluando, pero para su alivio, parecía contenta de conocerla, y algo en su expresión le indicó que no estaba mostrando una pose falsa porque la tuviera delante. Su sonrisa parecía genuina.

—¿A qué te dedicas Luna? —preguntó de repente Estela.

Todos las observaron y permanecieron en silencio en espera de su respuesta. Solo los tíos y la prima de Adrián desconocían ese detalle de su vida, pero los demás no pudieron evitar aguardar a que hablara.

—Soy agente, igual que Tania —dijo señalándola con la mano—. Las dos trabajamos en la inmobiliaria de sus padres en Granada.

—Oh vaya, qué bien —dijo con cara de sorpresa.

Luna no encontró ni rastro de desprecio o superioridad en ninguno de los presentes, para su asombro y alegría. Se ganaba la vida como millones de personas, y por suerte para ella, no parecía que eso lo consideraran un pecado. Otros sí que lo harían, pero le daba igual. Aunque contaba mucho lo que los demás pensaran de ella, si su familia política —si es que algún día llegaban a serlo oficialmente— la aceptaba, para ella contaba mucho más que el resto.

—Con lo guapa que eres, creía que serías modelo o actriz, y me alegro de que no sea así —dijo muy sonriente.

—¿Por qué dices eso, cielo? —le preguntó su madre contrariada.

—Porque creo que están todas locas —soltó con una frescura que casi no parecía un insulto.

Adrián carraspeó para evitar carcajearse.

—¿Tengo que señalar lo evidente, prima? —inquirió este con ironía.

Estela le miró con una cara muy seria y negó con la cabeza cuando se volvió hacia Luna.

—Yo soy modelo desde hace unos años… así que sé porqué lo digo —añadió muy satisfecha. Hubo risitas por lo bajo.

Guiñó un ojo a Luna y esta no pudo contener la risa por más tiempo. Esta chica iba a caerle muy bien.

[...]

¿Qué os ha parecido?

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jueves, 2 de marzo de 2017

Mis besos para ti - Fragmento, capítulo 4



¿Os apetece un fragmento más sobre estos personajes?

Pues, deseo concedido ;-)


[...]
Antes de coger el ascensor, miró su teléfono que había vibrado en el bolsillo de su pantalón de vestir. Luna le deseaba buenas noches con unas dulces palabras y una foto de ella lanzándole un beso.

Sonrió al recordar que la primera vez que recibió una foto similar, le preguntó si no le enviaría una en ropa interior o provocativa. Ella se escandalizó, pero al final él consiguió una de Luna con un mini vestidito de lo más sensual. Se dijo que cualquier día lograría esa foto en ropa interior.

Algo se removió en su interior cuando pensó en su cuerpo desnudo. Era una mujer de ensueño en todos los sentidos posibles.

Le mandó una nota de voz diciéndole que la echaba mucho de menos y que sentía no haberla llamado porque estaba muy liado. Podría llamarla, se dijo, pero estaba tan agotado, que estaba seguro de que notaría eso en su voz y no quería preocuparla.

Puso unos cuantos iconos con corazones y dio a enviar antes de guardarse el teléfono en el bolsillo de nuevo.

—Deduzco que esa sonrisita se debe a tu nueva novia —dijo una voz femenina a su espalda.

Adrián se arrepintió de volverse en cuanto lo hizo y se encontró con Yolanda. No habían tenido más que unos pocos encuentros en el pasado, pero era la mujer más posesiva que había conocido jamás, y desde hacía dos años la rehuía cuando podía. Ahora que estaba con Luna, no quería ni acercarse a ella.

Sin embargo, era obvio que no podía hacer eso. Era una conocida de la familia porque sus padres eran buenos amigos, así que tendría que soportarla toda la semana. Estaba convencido de que iría a la fiesta. Y por una vez, pensó en cancelarla; y lo pensó muy en serio.

—Yolanda, qué alegría verte —mintió de forma descarada.

Ella quedó encantada con sus palabras, ignorando que él no sentía ni una sola de ellas.

Yolanda no perdió el tiempo y se acercó para darle dos besos, aprovechando para estrecharle entre sus huesudo cuerpo. Adrián se deshizo de su abrazo para que no fuera a más. Ya la conocía, y estaba convencido de que querría avivar la llama entre ellos de cualquier modo, incluso lanzándose, de una forma muy literal, a sus brazos.

No iba a consentirlo, eso por descontado.

—¿Cómo sabes que tengo novia? —inquirió al comprender que ella se había referido antes a Luna.

—Oh por Dios —blasfemó con sarcasmo—, todo el mundo por aquí lo sabe… lo oí por ahí —dijo mirándole a los ojos.

Adrián pudo ver gran cantidad de resentimiento allí, como también de deseo. Estaba claro que la noticia de que él ya no estaba en el mercado de la soltería, no le había sentado muy bien.

Solo quería, con desesperación, que su ex amante hubiera cambiado un poco, que hubiera madurado y dejado esa personalidad posesiva y narcisista atrás.

Por muy atractiva que fuera, no quería tener que ver nada con ella. Ni con ninguna que no fuera su Luna.

—Espero que dejen de parlotear como en los programas de cotilleo. Esto no es un patio de recreo —masculló Adrián refiriéndose al personal del hotel.

—Vamos Adri —dijo de manera cariñosa—, es una bomba que el soltero por excelencia se haya rendido a los encantos de una sola mujer. Por cierto, ¿dónde está ella?

Adrián la miró con la sospecha dibujada en su rostro. Podría negarse a decirle nada, pero seguro que alguien se lo contaría. Todos sus empleados conocían ya a Luna personalmente. O al menos la mayoría.

—Ella vive en Granada.

Una enorme sonrisa se dibujó en el fino y atractivo rostro de Yolanda de inmediato, pero lo que podría parecer encantador a ojos de cualquier hombre, para Adrián era escalofriante. Algo tramaba esa mujer, y no le avergonzaba decir que le aterraba. Estaba algo chiflada si recordaba bien.

Razón de más para no querer tenerla cerca.

—Así que te deja solito durante la semana, ¿eh? —dijo arqueando las cejas y aproximándose, dando pequeños pasos en su dirección. Adrián dio varios pasos hacia atrás a su vez—. ¿Qué te pasa? ¿Esa chica te ha convertido en su perrito faldero y ya no te van las fiestas? —inquirió con un evidente doble sentido.

Adrián puso mala cara. La última vez que se vieron, las cosas no habían quedado muy bien, y parecía que cuando se trataba de él, Yolanda se volvía aún más loca que de costumbre. Esto iba a ser un horror.

—Venga, Yolanda. Sigo siendo el mismo, pero ahora tengo una relación seria, y lo único que ha cambiado es que ya no me interesa liarme con cualquier mujer que se me cruza en el camino —dijo con una calma que no sentía en su interior—. Me voy a ir a dormir. Si necesitas algo, llama a recepción y ellos te atenderán encantados.

Pulsó el botón del ascensor y este no tardó en abrir sus puertas; entró en él y justo cuando empezaron a cerrarse, Yolanda se coló y pulsó el botón para subir a la planta más alta, la sexta. No era la suya, pero sí la de él, aunque no iba a mencionarlo, ya que ella solo pretendía tener algo de tiempo con Adrián.

Este la miró con cara de pocos amigos.

—¿Se puede saber qué intentas? No estoy de humor.

—Seguro que esa niña no te da lo que necesitas, pero tranquilo, yo puedo hacer que te sientas muy bien… ¿lo recuerdas? —ronroneó, salvando la poca distancia que les separaba.

Adrián la sujetó por los brazos para que no se le arrimara más. Ni toda su belleza, ni toda su entrega podrían tentarle. Y no solo porque estuviera algo desequilibrada; sino porque no le haría eso a Luna.

—Lo siento, pero no podemos tener nada tú y yo. Te lo dije en su momento y te lo repito. Además, ahora tengo novia, por si acaso lo has olvidado en estos últimos treinta segundos —espetó algo molesto.

No quería herirla ni ser desagradable, pero tampoco deseaba malos entendidos. Cuanto más claro fuera, mejor. En el futuro lo agradecería.

Yolanda se deshizo de su agarre y frunció el ceño cuando se cruzó de brazos con un puchero infantil.

—No puedo creer que me des calabazas. Lo pasábamos muy bien. Y estoy convencida de que recuerdas lo salvaje que eras conmigo en la cama —repitió con una directa y caliente mirada.

—Eso es el pasado —replicó con sequedad.

—Bueno… —dijo alargando las sílabas de manera intencionada—. Tu liderazgo también será pasado si mi padre habla mal del hotel en su periódico.

Adrián sintió un escalofrío muy desagradable por la espalda. Algo le decía que no estaba tirándose un farol, pero no estaba preparado para darle crédito a las palabras de una mujer despechada.

—Tu padre es un profesional, estoy seguro de que no le interesa que tú y yo seamos pareja o no.

El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron.

Yolanda salió de él y dejó a un Adrián algo preocupado en su interior. Le lanzó una mirada airada y cargada de suficiencia.

—Eso ya lo veremos —escupió con palabras engañosamente dulces. Como una manzana de caramelo podrida por dentro.

Adrián se quedó allí solo entre las cuatro paredes del ascensor, pensando en lo que acababa de pasar. ¿De verdad esa odiosa mujer iba a echar por tierra todo por lo que su padre había luchado tanto?

Algo tenía que hacer para evitarlo.

[...]

¿Os ha gustado?

Espero que sí. Y si tenéis ganas de conocerlos un poquito mejor, os dejo unos enlaces que pueden ser de vuestro interés. 






Aprovecho para agradecer vuestros comentarios y reseñas en amazon y goodreads, y os recuerdo que si os quedasteis con ganas de más, a petición de algunas lectoras, ya está disponible un relato cortito con una escena final e inédita en "Cuando el amor es de verdad".


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sábado, 25 de febrero de 2017

Mi reseña sobre "Presagios" de Stefania Gil


Nueva lectura terminada!

Hace años que guardo este libro en mi kindle y estoy contenta por haberlo leído al fin.

Se trata de una novela romántica con toques de misterio y fantasía. Un libro muy entretenido que he disfrutado mucho.

La protagonista principal es Catherine, una chica joven con mucho carácter y con unos dones muy interesantes. Su familia es asombrosa, y poco a poco fui descubriendo los secretos que guarda.
(Me gustó el enfoque que le dio la autora).
En su vida ha tenido que enfrentarse a muchos cambios buenos y malos, e incluso en sus relaciones se ha visto en peligro, y a veces, de un modo terrorífico. Desde luego, hay mucho por averiguar. 

Con esta novela, no os aburriréis.
Si os animáis con ella, seguro que os mantendrá intrigados en todo momento.

El único punto negativo del libro, es que en la versión que he leído, aunque no dificulta su lectura fuida, tenía algunos errores puntuales de sintaxis y ortografía. 

Por otro lado, el final me dejó un poco a medias... ya que al parecer hay una segunda parte, y en la descripción de amazon no especifica este detalle. 

En definitiva, seguro que más adelante iré a por la continuación de esta historia, "Sincronía", porque desde luego, tengo muchas ganas de saber más. 

Podéis adquirirla aquí.


jueves, 23 de febrero de 2017

Mis besos para ti - Capítulo 3

¡Buenos días!

Aquí os dejo un nuevo capítulo de "Mis besos para ti". Espero que lo disfrutéis mucho.


Podéis ver el book tráiler aquí.


Capítulo 3

  

El domingo había llegado con prontitud. Luna fue a comer con Adrián y sus padres en casa de estos. Su madrastra Lorena, los esperaba con una gran sonrisa. Decir que la mujer estaba encantada con la relación, sería quedarse corto. Era más que feliz por ver que su hijastro tenía una relación seria y había olvidado las fiestas y las noches de sexo sin compromiso. Si bien era cierto que aún salían a pasárselo bien, eso carecía de importancia cuando Lorena pensaba que Adrián por fin había sentado cabeza.

Por supuesto había puesto a Luna en un pedestal porque había sido la mujer que lo había conseguido. Esta se quitaba mérito cada vez que sacaba el tema, porque era consciente de que su hombre no tenía precio, sino que era un auténtico tesoro para ella. Cuando sus padres les oían y veían lo mucho que se querían, se sentían llenos de orgullo.

Luna adoraba esas reuniones familiares, se notaba que se respiraba mucho amor allí. A pesar de que Lorena no fuera su madre natural, a pesar de que el Manuel, el padre de Adrián, había puesto grandes responsabilidades en sus manos, se notaba que había entre ellos mucho más que pesadas cargas y negocios. Eran una familia muy unida y Luna sentía que añoraba a sus propios padres cada vez que estaba en esa casa.

Aún con ese desgarro en el corazón, le encantaba ir de visita. Los dos la apreciaban, y pasaba muy buenos ratos en su compañía.

Casi podía considerarlos como una segunda familia, pero aquello también le daba un poco de miedo. No sabía qué ocurriría en el futuro. ¿Y si les cogía mucho cariño y por alguna razón su relación se acababa?

Estaba muy familiarizada con el sentimiento de pérdida, y precisamente por aquello, sabía que haría lo que estuviera en su mano por no volver a pasar por lo mismo. Y si bien era cierto que el apego por las personas no era algo controlable, a veces deseaba poder ser tan fuerte como para reconstruir el muro de su corazón que cayó cuando Adrián lo atravesó.

Si fuera tan fácil.



Los padres de Adrián protestaron cuando estos dijeron que debían marcharse.

—Tenemos que ir a recoger sus cosas o llegará a Granada de noche —dijo Adrián con Luna de la mano. Tiró de ella con suavidad para ir hacia el coche que estaba aparcado a poca distancia de la puerta principal de la casa—. Además, la semana que viene se vendrá otra vez, ¿o lo habéis olvidado?

—Es cierto, la fiesta de negro —dijo Lorena con entusiasmo.

—Claro, no me perdería la fiesta de aniversario del hotel por nada del mundo —aseguró Luna.

Cuando se subieron en el coche de Adrián, volvieron a despedirse de ellos con la mano. Él tocó el claxon y se dirigieron hasta el hotel.

Aunque Luna y Tania iban a subir a Granada cada una en su coche, habían quedado en ir juntas. A pesar de que la distancia no era muy larga, siempre era mejor sentir que alguien podía estar cerca en caso de emergencia.

Ahora sin embargo, la emergencia que tenían entre manos ellos dos era otra bien distinta. No habían mentido exactamente a sus padres, pero tenían pensado despedirse en privado antes de que Luna se marchara. Disponían de media hora antes de que Tania llegara, así que cuando Adrián aparcó cerca de la puerta, salieron disparados hacia dentro.

Cruzaron las puertas solo cogidos de la mano para evitar mostrar un espectáculo, pero los dos tenían unas ganas locas de besarse con pasión y de despojarse de todas las prendas que les estorbaban. Pasaron de largo por la recepción y esperaron con impaciencia a que el ascensor abriera sus puertas.

Las ansias de los dos eran casi insoportables.

Cuando las puertas metálicas abrieron con un pequeño timbre, entraron tan aprisa como sus piernas les permitieron. Al cerrarse, solo dos personas quedaron en la recepción, mirando el lugar por el que Adrián y Luna habían desaparecido.

La mujer que esperaba registrarse en ese mismo instante, sintió un vuelco en el corazón con lo que había presenciado, pero trató de reprimir sus emociones cuando se volvió hacia la recepcionista. Ella parecía igual de estupefacta por haber visto a la pareja tan acaramelada. Soltó una pequeña risita nerviosa y negó con la cabeza antes de volver a hablarle.

—¿Puede dejarme su DNI por favor?

—Por supuesto, aquí tienes —lo dejó en el mostrador y se acercó para hablarle. No había nadie cerca, pero siempre era mejor tener cuidado, y más aún porque su curiosidad podría acarrearle a ella algún inconveniente—. Tengo la impresión de que conoces al hombre que acaba de entrar.

La recepcionista sonrió para no mostrar su disgusto.

—Es el dueño del hotel, señorita Acosta —dijo de manera escueta.

—Oh, conozco muy bien a Adrián, Ivonne Lago —dijo mirando la chapa que tenía la joven en el uniforme de trabajo—. Puedes llamarme Yolanda, por cierto.

A pesar de su altivez inicial, y a la prematura confianza que intentaba mostrar ante una desconocida que trabajaba en el hotel, se notaba que quería congraciarse con ella para sacar información. Ivonne sabía muy bien por qué lo hacía y no podía culparla.

—Bien, Yolanda —dijo Ivonne mostrando una sonrisa comprensiva. Seguro que se trataba de algún pasado ligue de su jefe, imaginó—. Supongo que hace bastante que no pasas por aquí, pero el señor Hidalgo tiene ahora una relación seria con esa chica que ha entrado con él.

—Sí. Ya veo —musitó pensativa—. No sabía que ninguna mujer pudiera hacerle cambiar su forma de ser —soltó con aire confidente.

No pudo ocultar del todo su desprecio en su voz.

—No creo que en cinco meses nadie sea capaz de cambiar, por muy enamorado que se crea que está —cuchicheó la recepcionista.

Los ojos de Yolanda se abrieron como platos. Aunque reticente, sonrió a su nueva compañera de cotilleo. Quería tenerla de su lado durante su estancia, pero no le hacía ninguna gracia que también pareciera estar encaprichada de él, ni que Adrián tuviera una novia. Su viaje no empezaba especialmente bien.

—También te gusta, ¿verdad?

Ivonne se sonrojó. Trató de disimular haciendo su trabajo y centrando su atención en el ordenador, pero se le notaba demasiado. Dejó la llave de la habitación de la nueva huésped en el mostrador y al final la miró a los ojos.

—Da igual si me gusta o no. La verdad es que me gusta mi trabajo, y las relaciones entre trabajadores aquí están prohibidas, así que…

Dejó la frase a medias, pero tampoco necesitaba explicar más. Quería conservar el trabajo, pero eso no le impedía emitir juicios sobre la vida privada de su jefe, lo que a su vez también podía acarrearle algunos problemas; algo que pudo comprobar en el pasado.

Alfred Cox, el gerente, apareció tras ella y escuchó la última parte de la conversación. No hacía falta hacer muchas averiguaciones para saber qué pasaba, puesto que casi todas las empleadas del hotel suspiraban por el apuesto y hasta hacía poco soltero dueño.

—Buenas tardes, señoritas, ¿va todo bien?

—Sí, señor. Acabo de hacer un nuevo registro y la señorita Yolanda Acosta ya tiene su llave. Espero que disfrute de su estancia —dijo a modo de despedida.

La aludida sonrió al gerente, al que ya había visto en otras ocasiones, al fin y al cabo, su padre era un buen amigo del padre de Adrián y los dos se habían hospedado muchas veces allí.

—Encantado de saludarla de nuevo. Estoy seguro de que viene para la fiesta de negro, ¿no es cierto? —se interesó con voz amable.

—Sí, por supuesto. No puedo faltar a un evento como este —dijo con cierto tono reprobatorio por su intromisión. No estaba de humor para formalismos.

—¿Sus padres vienen también? Será un placer atenderles en todo lo que pueda, como siempre —dijo con la profesionalidad que le caracterizaba e ignorando su tono.

—Ellos llegan el viernes, justo antes de la fiesta. Están atendiendo sus negocios y no pueden venir antes —explicó de forma vaga.

Recogió las llaves y tras lanzarle una mirada agradecida e intencionada a Ivonne, se despidió de los dos y se dirigió hasta la sexta planta, hasta su ático de lujo con terraza, el que siempre reservaba. Tenía unas vistas impresionantes, pero algo le decía que esta vez no las compartiría con uno de los hombres más sexys con el que había estado en su vida, Adrián. Solo habían estado juntos en algunas contadas ocasiones, pero fue el sexo más ardiente que tuvo jamás. ¿Y quién le decía que no podría repetir? Ella era una mujer de su nivel: rica, atractiva, con una espléndida cabellera rubia hasta la cintura y un cuerpo de infarto, y que podía tener al hombre que quisiera. Tras mucho tiempo sin verle, le quería de nuevo para disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Y lo que ella deseaba, lo tenía, así de sencillo. Esta vez no iba a ser menos. Nadie, y mucho menos una jovencita cualquiera, lo impediría.

No se podía decir que estuviera enamorada de Adrián, pero él era como una droga para Yolanda, como un juguete con el que le apetecía volver a jugar.

Ya vería si era capaz de negarse a ella cuando usara todas sus armas para seducirle. Nunca le habían fallado para conseguir hombres atractivos, y ahora tampoco lo harían.



Luna se aferraba a Adrián como si le fuera la vida en ello. El agua de la enorme ducha caía por sus cuerpos, humedeciéndolos y calentándolos un poco más, mientras él la penetraba con fuerza y la apretaba contra la pared. Sus labios estaban unidos en un tórrido beso que les dejaba casi sin aliento; una clara muestra de la desesperación que sentían cuando notaban que tenían que despedirse por un período largo de tiempo. Ni todo el trabajo en el que se sumergían durante la semana, les ayudaba a consolarse por no tenerse cerca, y si bien era algo que ninguno estaba preparado para hablar, lo demostraban del único modo que sabían: entregándose en un frenesí de sexo salvaje.

Adrián notaba que Luna estaba a punto de correrse y dejó de besarla para mirarla a los ojos, esos ojos castaños que le robaban el corazón y el alma.

—Vamos nena, quiero sentirlo todo —masculló con resuello.

Ella se estremeció ante sus palabras, ante su intensa y azulada mirada. Su voz era un potente afrodisíaco, tanto como su perfecto y torneado cuerpo, y esa fogosidad que le caracterizaba. Era insaciable, y eso le encantaba. Ella tampoco tenía nunca bastante de él, pero trató de dejar todo pensamiento a un lado y se dejó llevar por la arrolladora pasión del momento. Adrián empujaba con fuerza una y otra vez en su interior y los jadeos escapaban sin control de sus labios. Adoraba cuando se desataba, cuando su deseo crecía sin control. Eso le hacía perder el suyo. No podía ser más excitante.

Adrián la siguió al instante, derramándose en su interior con las últimas estocadas. Echó la cabeza hacia atrás y dejó que el agua cayera en su cara. Luna levantó sus manos y acarició sus mejillas cuando él la dejó con cuidado sobre el plato de ducha. El beso que se dieron era un adiós, una despedida temporal, y trataron de dejar en él todo el cariño que se tenían, sabiendo que se echarían mucho de menos.

Se lavaron el uno al otro y Luna tembló de gusto cuando él le enjabonó su largo pelo castaño. Le encantaba sentir sus manos por cada parte de su cuerpo, y cuando le masajeaba con suavidad por las sienes y el cuello, casi se derretía. Daba igual dónde posara sus manos, porque parecían mágicas.

Bromearon unos minutos mientras se envolvían en las toallas y se vestían, y cuando ella fue a secarse el pelo, él aprovechó para terminar de recoger sus cosas. Cuando tuvo la maleta abierta sobre la enorme cama, se le ocurrió lo que creyó que nunca consentiría de una mujer. Sacó una de sus camiseta, la de color rojo oscuro de manga larga y la dejó donde estaba antes, en el armario. Hasta ahora Luna no había dejado ni un mísero cepillo de dientes, pensó, e imaginó que lo haría por él, porque en su casa jamás había dejado que ninguna mujer entrara para ponerse cómoda, y ni mucho menos para quedarse, pero creía que era el momento de dar un paso. Podría parecer una tontería para cualquiera, pero para él, era algo importante.

Le daba un poco de miedo, pero en el buen sentido.

Luna, su Luna, no era cualquier mujer, y ella se merecía siempre más. Él estaba dispuesto a dárselo poco a poco; jamás había tenido una relación seria, de modo que también tenía que ir aprendiendo.

Salió del cuarto de baño con un vaquero, zapatillas cómodas y un jersey, y cuando la vio, le pareció la mujer más sexy del mundo. Le dio la chaqueta y un fular que le gustaba ponerse en lugar de una bufanda, y él cogió la maleta y su bolso. Con todo su pesar, había llegado el momento de despedirse hasta el fin de semana siguiente.

Ya estaba deseando que pasaran rápido los días.

Cargó las cosas en el maletero de su coche y juntos esperaron la llegada de Tania, que fue muy puntual.

—Te quiero mucho, preciosa.

—Y yo a ti, cariño —musitó ella junto a sus apetitosos labios.

Sintió un nudo en la garganta, pero hizo un esfuerzo para mostrarle una sonrisa. No quería ponerse a llorar cada vez que llegaba una despedida, aunque eso fuera lo que le apetecía en realidad.

Los dos tenían responsabilidades que atender, y la distancia sería algo temporal, estaban seguros. Algún día estarían preparados para dar ese paso.



Luna llegó a Granada algo cansada. En lugar de parar a tomar algo con Tania, cada una se fue directa a casa. Al día siguiente se verían en el trabajo y ya tendrían tiempo de charlar.

Envió un rápido mensaje a Adrián para avisar de que había llegado, y fue hasta el salón. Sabía que la abuela estaría viendo la televisión

—Hola abu. ¿Qué tal el fin de semana? ¿Se pasaron a verte Belida y Félix?

—Hola mi niña. Sí, se llegaron ayer a traerme unas galletas muy ricas —dijo con una sonrisa. La madre de Tania tenía mano con la repostería y solía llevarles galletas caseras de vez en cuando—. Pero ya sabes que no hace falta que nadie venga a vigilarme —se quejó sin dejar de sonreír.

Luna le dio un sonoro beso en la mejilla y se sentó a su lado en el sofá.

—No me gusta dejarte sola tanto tiempo, ya lo sabes, así que no protestes —la reprendió como si fuera una muchachita traviesa.

Aurora negó con la cabeza. Y luego le decían que ella era cabezota, pensó. Su nieta no dejaba algo si se le metía la idea entre ceja y ceja, y cuidarla, a pesar de que se desenvolvía bastante bien, se había convertido en su nueva razón de ser.

—¿Pero cuánto tiempo crees que me dejas sola? Si apenas llegas cuando te acabas de marchar. Deberías disfrutar de tu juventud y de ese nuevo novio tuyo tan guapetón. Que la vida son solo dos días… —dijo por millonésima vez.

Luna sonrió. Tan pronto le decía que no le gustaba que estuviera conduciendo los fines de semana que iba a Almuñécar, como la animaba a salir más.

—Tú has cuidado de mí toda la vida. Ahora me toca hacer lo mismo —le dijo con cariño.

Luna notó que se había quedado muy callada y se giró para mirarla a la cara. Había vuelto la vista al televisor, pero solo para que no viera que las lágrimas habían hecho acto de presencia.

Abrazó a su abuela con ternura, a la mujer que más adoraba en el mundo entero, y se quedaron así un rato. Más tarde preparó algo de cena y se demoraron mucho a la hora de irse a dormir. Al día siguiente Luna tenía trabajo por delante. Aurora, como siempre, tenía que atender miles de tareas domésticas. Le gustaba tenerlo todo limpio y ordenado. A su nieta aún le asombraba cómo se preocupaba por cada detalle de su pequeño piso; podía ser viejo y algo destartalado, pero para las dos era un hogar, un buen hogar lleno de cariño.



Luna salió de casa con un poco de retraso. Cuando llegó a la cafetería, Tania ya estaba esperando con su taza de café en la mesa. Entró en el local y después de saludar a su amiga y compañera, hizo un gesto a la camarera que enseguida le preparó su café con leche habitual.

—He encontrado unos zapatos de tacón alto impresionantes por internet —dijo Tania enseñándole la pantalla de su teléfono móvil—. Deberías mirarlos, esta página que anuncian en la tele es genial.

—¿De verdad? No sé qué decirte. Como no me queden bien cuando lleguen a casa… voy a tener un problema. Solo tenemos cuatro días —se lamentó.

—No te preocupes por eso, te lo mandan muy rápido, y de todos modos, ya no tenemos mucho tiempo libre para ir de tiendas. Creo que es una buena solución si es que quieres llevar algo espectacular a la fiesta —aludió de manera intencionada.

Luna tragó saliva con dificultad. La fiesta de negro era mucho más que la típica celebración temática de Halloween, aunque esta la fueran a adelantar al día treinta; era el aniversario del hotel, y habría un montón de gente famosa: como los conocidos y amigos de Adrián y de su familia. Estaba de los nervios por el hecho de querer causar una buena primera impresión como su novia. Aunque él intentaba quitarle hierro al asunto, sabía muy bien que los invitados estarían pendientes de ellos. Ya ocurría con los empleados del hotel, así que sus conocidos no iban a ser menos. Todos tendrían curiosidad por la mujer que había sacado al famoso Donjuán de la soltería.

—Bien, envíame el enlace y cuando vaya a casa a comer, intentaré buscar algo que le vaya bien al vestido.

Tania la miró comprensiva y le sonrió con cariño.

—El vestido es precioso, y seguro que los zapatos serán igual. No he conocido a una mujer a la que le quede mejor la ropa que a ti. Eres como la modelo perfecta —alabó. Puso su mano sobre la de ella y la apretó con suavidad—. Estarás increíble y Adrián se derretirá. Seguro que no podrá evitar llevarte a esa suite del hotel para hacer travesuras.

Luna se carcajeó y se sonrojó.

—Prefiero mil veces eso. Estoy de los nervios por culpa de la maldita fiesta —masculló alterada.

—Mmm… yo nunca he estado en una fiesta así, y seguro que será divertida. ¡Vamos! Seguro que eres la envidia de todas las mujeres —bromeó con una amplia sonrisa.

—Bueno, eso no lo sé —dijo temblando por dentro—. Empecemos a trabajar y luego te vienes a comer a casa y me ayudas, ¿vale?

—Por supuesto —dijo enseguida.

Se acabaron los cafés, pagaron y salieron al frío otoñal de Granada.

—Hemos quedado con una pareja que busca un piso en la avenida de América, así que en marcha.

—¿Has recogido las tablets y las llaves ya? —inquirió Luna con curiosidad.

—Sí, esta mañana me levanté muy temprano y ya he pasado por la agencia. Estamos listas. Mis padres llegarán enseguida, pero no podía esperar —dijo con cierto nerviosismo.

—¿Ha ocurrido algo de lo que no esté enterada? —preguntó sin dejar de mirarla.

Tania mostró una sonrisa radiante.

—¡Rubén me ha pedido que me vaya a vivir con él! —gritó con entusiasmo.

Luna se quedó con la boca abierta un instante y no tardó en abrazar a su amiga con efusividad.

Sabía que habían empezado a hacer planes cuando Rubén les dio la noticia de su adquisición del restaurante, pero no que estos fueran tan formales y tan rápidos.

Sí que se había perdido algo importante al parecer, pensó Luna.

—Me alegro muchísimo por ti, guapísima —dijo con sinceridad, contenta por los dos—. Supongo que eso es lo que te ha causado insomnio, ¿no? —bromeó.

—Ya te digo, aunque más que por eso… creo que es por la idea de tener que decírselo a mis padres —confesó con una mueca de disgusto.

Luna la miró. Era evidente que al ser hija única, al igual que ella, le iba a costar un mar de lágrimas dar la noticia de que iba a volar del nido, pero era ley de vida. Belinda y Félix tendrían que aceptarlo.

—Tranquila, apuesto que no se lo tomarán tan mal. Rubén es un hombre maravilloso, y seguro que os irá muy bien juntos —aseguró convencida de sus palabras.

—Gracias —musitó ella emocionada.

Caminaron cogidas del brazo hasta llegar al lugar acordado con sus clientes, y sin dejar de hablar del enorme cambio que se iba a producir en la vida de Tania en breve. Aún no tenían una fecha concretada, pero ya estaba deseando hacer las maletas.

Todo era muy emocionante, y Luna la comprendía muy bien. A ella también le había pasado esa idea por la cabeza en algunas ocasiones, y si bien Adrián no había hablado del asunto, sabía que en el futuro, tendrían que plantearse dar ese paso también. Ella no quería tener una relación a distancia para siempre, y esperaba que él tampoco. Había muchas cosas que replantear, desde luego, y no sería fácil, así que ese tema quedaba estancado de momento.


Espero que os haya gustado. Aquí tenéis los enlaces de compra:




¡Felices lecturas!

lunes, 20 de febrero de 2017

Amazon y Kindle Unlimited

¡Buenos días!

Espero que tengáis un buen inicio de semana. 
Quiero aprovechar esta entrada para daros las gracias por vuestras adquisiciones de mis libros, por los comentarios y reseñas, y cómo no, por vuestras visitas al blog.

Hace tiempo vengo notando que algunos lectores tienen dudas en cuanto al servicio de amazon, y también a la hora de tomar una decisión para comprar allí. 

Me gustaría mostraros algunas cositas que espero que os ayuden.

Antes de nada, principal e imprescindible, es abrir una cuenta para poder acceder.



Voy a tomar como referencia uno de mis últimos títulos: "Mis besos para ti".

Para empezar, podéis entrar en la plataforma de amazon de vuestro país de residencia. Aquí os dejo algunos de los enlaces, aunque hay muchos más (siento no poner cada uno de ellos ;-) )




Cuando pinchéis en la portada de uno de los libros que os aparecen, tenéis la posibilidad de leer los primeros capítulos de manera gratuita solo con un clic:


Lo único que tenéis que hacer es esperar que amazon abra una nueva ventana, y os dará la oportunidad de ver el inicio del libro sin coste alguno. (Solo algunas páginas, según el volumen del libro).

Si tenéis aplicación Kindle (que es gratuita) en alguno de vuestros dispositivos (ordenador, teléfono móvil...), también podéis pedir una muestra gratis, y esta se cargará en la aplicación para que podáis leerla y guardarla, igualmente sin coste.

Pinchad aquí para descargarla. También la encontraréis en Play Store.

Para esto sí es necesario tener dicha aplicación, ya que es allí donde se cargará el contenido. Y si tenéis varios, como es mi caso, solo tenéis que indicar en cuál queréis leerlo, pero no os preocupéis, una vez que tengáis la muestra gratuita en vuestra cuenta, podréis verla en cualquiera de vuestros dispositivos.


Otra forma de leer gratis en amazon, además de con las miles de promociones a 0€ que hacen montones de autoras cada día, es con el servicio de Kindle Unlimited.


Todos mis títulos tienen esta opción, y también la posibilidad de "préstamo", así que os animo a probar, seguro que no os arrepentiréis si sois unas lectoras insaciables como yo.

Podéis leer toda la información aquí.

No podéis olvidar que es importante leer la información que proporciona esta plataforma antes de tomar una decisión a la hora de comprar un libro, cualquiera de los que ofrecen.


Aquí sabréis todo lo que necesitáis: sinopsis, número de páginas, idioma y reseñas de otros lectores.

Y en este enlace, amazon os proporciona información para facilitaros y resolveros vuestras dudas con respecto a todo esto. Espero que os sirva. (En la web, en la parte inferior, podréis ver que amazon os ofrece un apartado de "Ayuda", así que no dudéis en enviar vuestras dudas).

Espero no olvidar nada importante, pero si alguien desea dejar su comentario o preguntar algo, que no dude en hacerlo.

¡Un abrazo!



viernes, 17 de febrero de 2017

Mis besos para ti - Introducción


¡Es viernes! 
¡Feliz fin de semana a todos!

Me gustaría mostraros la introducción de "Mis besos para ti". Como se suele decir, todo lo bueno se hace esperar, y con mucha ilusión, la recibí ayer de mano de mi querida Minny. Espero que os guste tanto como a mí. 
Mil gracias, corazón.





Podéis ver el book tráiler aquí.

Y estos son los enlaces de compra:




¡Felices lecturas!