lunes, 22 de mayo de 2017

Amor a fuego lento - Capítulo 2


Capítulo 2

  
Ashley se despertó con una resaca de campeonato a la mañana siguiente. Le dolía casi todo el cuerpo, pero sobre todo la cabeza. Notó que había demasiada luz cuando intentó abrir los ojos, y lo único que pudo hacer fue darse la vuelta y taparse la cabeza con la almohada.

Cuando se movió, notó que no estaba sola en la cama, y aún con la duda de que pudiera ser Donovan, desvió su mirada y echó un rápido vistazo. Era un hombre rubio, así que no era su ex. Respiró aliviada, aunque no tanto al pensar que tendría que echarle pronto de su habitación.

Se levantó, fue al cuarto de baño y cuando salió, se puso un camisón negro que tapaba lo imprescindible y se recogió el pelo en una coleta alta. Le zarandeó un poco en el hombro para intentar despertarle. Al moverse, se dio cuenta de que era el musculitos con el que había estado bailando durante toda la noche. Estaba muy bueno, eso estaba claro, pero no era el típico tío que llevaría a su casa, y a su cama. Viendo lo depilado que estaba y los músculos que marcaba, al menos en la parte que no tapaba la sábana, estaba claro que dedicaba más tiempo a cuidarse que ella misma. Podía haberse ligado a alguien mejor, aunque no tenía intenciones de ir más allá de un rápido revolcón, así que poco importaba.

Quería echarle para poder hablar con Donovan, el cual debía estar durmiendo todavía, o al menos esperaba que no se hubiera quedado en casa de cualquier mujer a la que hubiera seducido con esos innegables encantos suyos.

Volvió a zarandear al hombre desnudo que ni siquiera sabía cómo se llamaba, y cogió su teléfono para llamar a Donovan.

Colgó al escuchar la melodía en algún rincón de la casa. Se acercó al musculitos y, con las dos manos, intentó moverle para ver si de esa manera se despertaba. Dormía profundamente, y lo peor fue que empezó a roncar como un cerdo. Se le ocurrió que Donovan podría ayudarle para sacarle de la cama. También de casa.

Salió al pasillo y vio la puerta de su habitación semi abierta. Tocó con suavidad porque no sabía si tendría compañía.

—Entra.

—¿Hay alguien más contigo?

—No tranquila, estoy solo —respondió con una sonrisa cuando la vio asomar—. ¿Me llamabas al móvil?

—Sí, necesitaba saber si estabas en casa. Quiero deshacerme de mi ligue de anoche —dijo, notando que sus mejillas se encendían. Donovan no le dio mayor importancia, solo la miró con curiosidad—. No consigo despertarle, y he pensado que podrías hacer de marido celoso para ahuyentarle.

Donovan empezó a reír por lo bajo. Ashley puso los ojos en blanco y se plantó frente a él.

—Por favor —rogó con desesperación.

—Oh, venga, ¿no te apetece convertir esa noche de perversión en algo más? Ya sabes… conoceros y empezar una relación.

Ashley cruzo sus brazos, negó con la cabeza y le miró con impaciencia.

—Eres el rey de las relaciones de una sola noche —apuntó con obviedad—. No digas bobadas, solo me hace falta que le digas que se largue.

Su voz adquirió un tono chillón que no pudo reprimir.

—¿Está en tu cuarto o te lo has montado en otra parte de la casa, como por ejemplo… en la cocina? —inquirió con burla.

—La cocina es sagrada; nada de sexo entre los fogones y el horno, ¿recuerdas? —inquirió con un asomo de sonrisa.

Donovan le lanzó una mirada descarada y recorrió su cuerpo con una mirada perezosa. No se había dado cuenta de lo que llevaba puesto al entrar, y le dieron ganas de arrimarse para quitárselo de un tirón. Sin embargo, antes debía encargarse del suertudo que dormía en la habitación de su preciosa ex.

Se preguntó por qué la veía tan alterada, ya que no era la primera vez que llevaba a un ligue a casa. El alcohol sacaba su lado más salvaje, estaba claro.

Se puso una camiseta de manga corta en color gris, acabó de calzarse las zapatillas deportivas para ir a correr, se amasó el pelo para peinárselo después y miró a Ashley antes de salir hacia su habitación.

Ella no había perdido detalle de su musculoso pecho que trabajaba duro con ejercicio, pero que no era tan marcado como el de su ligue de esa noche. Le gustaban los hombres que iban al gimnasio, pero no los que parecían que vivían allí y no paraban de entrenarse. Un término medio siempre resultaba más sexy, sin duda.

—¿Qué te ocurre con ese tipo para que no puedas echarle tú misma?

—Nada.

Donovan se había acercado mucho a ella y esta no pudo hacer otra cosa más que mirar sus profundos ojos azules y pícaros. El bulto en sus pantalones azules deportivos le indicaba que podía estar atraído por ella en ese preciso momento, pero también estaba preocupado sinceramente por su pequeño “problema”. Lo conocía.

Se había colocado bloqueando la puerta, de modo que su medio para escapar estaba bajo su custodia, y algo le decía que no iba a poder salir sin hablarle claro al hombre con el que compartía su casa, y prácticamente su vida.

—Es el típico plasta al que no daría ni la hora… no sé ni cómo se me ocurrió traerle aquí —confesó avergonzada.

Donovan trató de no reír ante su dilema.

—Si estabas tan borracha, deberías haber escuchado los consejos de tus amigas. Ellas te habrían disuadido, ¿no?

Ashley hizo una mueca de disgusto.

—¿Qué? —inquirió ella con aire distraído.

Este compuso su famosa mirada de infinita paciencia para que se diera cuenta de que no iba a ceder y olvidarlo.

—Ellas ligaron también —confesó al final.

—Ya. ¿Congregación de pesados en la disco?

—Más o menos —farfulló malhumorada.

Con una pequeña sonrisa, Donovan se apartó para dejar que saliera la primera. Entraron en su habitación y se dieron cuenta de que el hombre estaba incorporado a medias en la cama. Le sonrió con lascivia cuando la vio, pero enseguida su expresión cambió al ver que no estaba sola.

—Eh, oye, ¿quién es ese tipo?

—No quieras saberlo, pero tienes que irte ya —dijo Ashley muy seria.

El tipo se mostró algo nervioso, pero no con muchas ganas de largarse.

—Venga mujer… no digas eso. Anoche conectamos, y podríamos repetirlo pronto —propuso mientras la repasaba de arriba abajo.

—La respuesta es no —espetó con los dientes apretados. Resopló.

—Sé que me costó un poco ponerme a tono anoche, pero es que el alcohol…

—Cállate —le cortó de inmediato—, no es por eso. No quiero repetir, y no quiero nada contigo. Vístete y márchate, por favor —pidió de nuevo y más tajante.

—¿Qué tal otro día?

—Olvídate —dijo cada vez más molesta.

Miró a Donovan, que parecía divertido con la situación, tal vez hasta demasiado, y al final este tomó parte en la conversación.

—Oye, cuando una mujer te dice que te vayas, lo mejor que puedes hacer es seguir su consejo —dijo con un tono de voz brusco que no admitía réplica.

El tipo miró a Donovan con mala cara, se levantó de la cama, completamente desnudo, y le encaró.

Ashley se sonrojó por la escena que el tipo le estaba montando, y además, desnudo. Ese hombre no tenía la más mínima vergüenza. Menudo idiota pegajoso.

—Esta mujer me gusta. No pienso irme sin saber si quiere volver a verme otro día. No voy a consentir que hables por ella —replicó indignado.

Donovan hacía un esfuerzo para no reír, pero Ashley supo que también se contenía para no darle un puñetazo. El tío se estaba portando como un lunático, y se arrepintió mucho por haber aceptado su propuesta en la discoteca. No volvería a cometer el mismo error.

—Ni siquiera sabes mi nombre —atacó Ashley.

—Pues claro que sí, esto… creo que me acuerdo…

Se rascó la cabeza mientras buscaba en su mente sin resultado.

—Se llama, «ella es mi mujer», así que olvídate de que la conoces y, como te vuelva a ver por aquí, llamaré a la policía, ¿te queda claro, o te lo tatúo en el culo? —inquirió con voz amenazante.

El tipo se puso blanco como el papel. Miró a Ashley contrariado y luego a Donovan. Debió de ver algo en su mirada y, aunque se le veía confundido, y tal vez no se lo terminaba de creer, estaba claro que no quería enfrentarse a él. Donovan imponía mucho cuando así lo deseaba.

—Mejor me largo —dijo con rapidez.

—Buena idea —convino él con una sonrisa siniestra.

El tipo desapareció por el pasillo con toda su ropa en la mano y Ashley esperó alguna broma por parte de su ex.

—Mejor paso de comentar nada sobre tu ligue y su gatillazo. Solo prométeme que pasarás de los idiotas de turno. Mereces algo más —musitó sin dejar de mirarla con una tierna expresión.

—Hecho.

Le sonrió y Donovan hizo lo mismo.

—Voy a vestirme. Cuando vuelvas de correr quiero hablar contigo.

Se detuvo a medio camino hacia la puerta y la miró con interés.

—¿Has considerado lo que te dije?

—Lo he pensado y, Erika y Jenna me han dado su opinión también.

Ashley vio cómo pasó de la ilusión al descontento más absoluto. Estaba claro que él pensaba que la habrían disuadido de ir a España, pero estaba muy equivocado. Sus amigas la habían apoyado mucho, y hasta pensaron en ir con ella, ya que podrían tomarse unas semi vacaciones y asesorar a sus clientas vía online sin problemas.

La idea empezaba a seducirlas a las tres. Sin su apoyo, la verdad es que se habría seguido negando a aceptar.

—Ellas me animan, así que creo que estoy dispuesta a hacerlo. No quiero pasar fuera más de un mes o dos, aunque estoy dispuesta a negociar un poco —admitió con una sonrisa.

Donovan se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Estaba claro que le hacía mucha ilusión.

Le dio un rápido beso en los labios y enmarcó su rosto con sus manos.

—Es un proyecto muy interesante, y estoy deseando contarte todos los detalles —dijo con entusiasmo—. Coge una libreta y me esperas media hora. No tardaré en volver de correr y lo hablamos todo, ¿vale?

Ashley asintió nerviosa.

¿Estaría haciendo lo correcto? Tal vez debería pensárselo un poco mejor, buscar un local para una pastelería, como en realidad quería, y dejarse de viajes a lo desconocido. España, y más concretamente Madrid, era como un segundo hogar para Ashley, pero el tema del programa le resultaba difícil de asimilar. No tenía ni idea de trabajar en platós de televisión bajo la dirección de un montón de personas. Menudo marrón se le venía encima. Donovan tenía mucha experiencia, y estaba claro que su colaboración sería esencial para ella también, pero no estaba nada segura de que todo eso fuera a salir bien.

Si los medios y sus peores críticos se ensañaban como tanto les gustaba, ahora tendrían más municiones, más cosas que podrían usar en su contra. No sabía si podría reponerse de algo así y, a pesar de saber que estaba adelantando acontecimientos, no podía evitar pensar en todo lo que podría ir mal.

Donovan se marchó y la hizo esperar apenas veinte minutos. Él también estaba ansioso por comentar todos los pormenores del proyecto, como pronto le confesó.

Se dio una ducha muy rápida mientras ella paseaba impaciente por el salón, y al final apareció con una carpeta enorme que le dio para que echara un vistazo.

Había tanta información que apenas sabía por dónde empezar. Casi tenía ganas de decir sí, y que todo fluyera sin más. Sabía que se pondría nerviosa durante todo el proceso, de modo que, ¿para qué martirizarse al saberlo todo de antemano? Desde luego, lo hacía para poder negarse si algo le parecía absurdo, pero por otro lado, ella no sabía nada sobre realities, de modo que poco podía ella aportar. Si aceptaba, tendría que hacer lo que le dijeran, lo que los productores creyeran que sería mejor para el programa. Podía entender eso.

—¿Y todas estas fechas? Creía que eso de la primavera sería una aproximación, no que todo estuviera ya cerrado —dijo Ashley con una mezcla de asombro y molestia.

—No se trata de eso, tranquila —se defendió Donovan—. Cuando hablé con Paloma y me comentó que estaba buscando algo nuevo para la temporada de primavera-verano, enseguida pensé en ti. Hablamos durante horas y a los dos días me envió este dosier. Está muy ilusionada. Creo que por eso lo hizo enseguida.

—Ya lo veo —comentó en voz baja mientras ojeaba por encima toda la información. Cada vez estaba más nerviosa, pero algo a su vez, le hacía desear conocer todos los detalles.

Donovan aguardaba con fingida paciencia, ya que se sentía ansioso por saber qué pensaba de todo eso. Cabía la posibilidad de que dijera que no, pero ahora mismo sabía que su amiga Paloma quería hacer el programa de igual modo. Si Ashley decía que no, tal vez se buscara a otra para llevarlo a cabo porque, en su última conversación, le dijo que había empezado a buscar el sitio perfecto para el plató. Sabía que si una buena idea se cruzaba en su camino, nada la detendría. Y Donovan quería que la protagonista de ese programa fuera Ashley; sabía que era justo lo que necesitaba para salir de Florida un tiempo, para renovar su imagen y para hacer algo distinto, algo que le abriría nuevas puertas si era lo que deseaba. Debía ser ella, y esperaba poder convencerla.

—Un mes no es mucho tiempo, pero… —Donovan tembló al notar que llegaba a una parte del dosier que sí podría ser problemática— ¿pretendes que vivamos todos juntos en una especie de mansión, como un hotel? ¿Estás loco?

—Oye, eso se le ocurrió a Paloma para hacerlo más interesante —explicó con rapidez—. Al final del curso, el que consiga una mejor valoración de los jueces, recibirá un premio en metálico, así que ella piensa que es buena idea controlar a los participantes. No quiere que se les ocurra pedir ayuda fuera. Sus trabajos deben realizarse sin interferencias, y creo que puede ser un experimento muy divertido, ¿no crees?

—Si intentas venderme la idea de un gran hermano, la respuesta es un no rotundo —sentenció—. Me encanta la idea del curso de cocina, pero convivir con un montón de personas desconocidas en un lugar lleno de cámaras, me parece demasiado. No quiero que anden grabando cada movimiento que haga. Me niego.

Donovan la miró comprensivo.

—No es esa la idea, descuida. Paloma me explicó que el programa se grabaría solo por la mañana, de ese modo la gente podría disponer de tiempo libre para hacer lo que quisiera. Si encuentra el lugar perfecto, tendrá todas las instalaciones necesarias para que la experiencia sea como unas vacaciones, no simplemente un curso en el que compiten ocho personas.

Ashley se sintió algo más tranquila; desde luego el tener privacidad era mejor que vivir treinta días bajo la estricta supervisión de los responsables del programa a cada momento.

—¿Ocho?

—Sí —dijo Donovan con inseguridad. Casi le costaba respirar con tanta espera.

—Me parece un número razonable —indicó para el alivio de su ex marido.

Vio cómo soltaba el aire que había retenido y sonrió. Sabía que estaba poniendo muchas trabas, pero no podía evitarlo; la ponía muy nerviosa todo el proyecto en general. Por si fuera poco, era más complejo de lo que pensó en un principio. Tenía mucho que sopesar.

Siguió mirando los papeles con cuidado y temiendo encontrarse con más sorpresas similares, pero solo especificaba algunas condiciones para los posibles alumnos, los horarios, el número de recetas, y la forma en que se realizaría el curso. Los quince primeros días, los integrantes contarían con las indicaciones para la elaboración de los platos, que ella tendría que aprobar de antemano, y los últimos cinco, los alumnos los realizarían con un tiempo límite y sin que los ingredientes y pasos aparecieran en una pantalla.

Si hacía bien su trabajo con ellos, podrían ser capaces después de ese tiempo, y esperaba poder lograrlo, o sería un fracaso total.

No era la primera vez que enseñaba a alguien, pero hacerlo frente a las cámaras, y sin que esas personas tuvieran nociones previas de cocina o repostería, sería muy distinto, y ella lo sabía muy bien.

Tendría que ser organizada como nunca antes lo había sido, y esperaba que todo el equipo de detrás, no la limitara en ese sentido o en otros; lo importante era que aprendieran, porque para eso se apuntarían los alumnos.

El tema del premio en metálico y el realizar las grabaciones para que el programa fuera más comercial, era lo que más temía en realidad. Mucha presión.

—¿Publicarán un libro con las recetas del programa? —preguntó con entusiasmo.

—Eh… sí…

Ashley le miró confusa por su titubeo. Casi sintió pánico por preguntar.

—¿Qué ocurre?

—Oh, nada, es que pensé que tal vez no te gustaría la idea. Han pensado que sería una buena manera de obtener ingresos extra cuando haya finalizado el curso, y, si va bien el proyecto en general, puede que quieran repetirlo en el futuro —explicó con una mirada inquisitiva.

—Ya veo.

Era mucho suponer el que todo saliera bien si tan siquiera haber empezado, y no conocía a los responsables de llevar a cabo el proyecto, de modo que no tenía ni idea de si trabajar con ellos sería fácil, o por el contrario, le ocurriría como con Leslie, y sería un completo fracaso.

Cada vez le parecía más interesante. Le gustaba saber que no estaría sola, sino que Donovan estaría a su lado en todo momento, pero tenía claro que si trabajar con una productora se llegaba a convertir en una odisea, le daba igual que el programa tuviera todo el éxito del mundo, no repetiría. Ahora bien, aceptar implicaba ir hasta el final y dar lo mejor de sí misma, por eso quería estar segura al cien por cien de su decisión. O al menos, lo máximo que pudiera estarlo.

—Creo que te puede gustar, o de lo contrario, ni te lo mencionaría. Es una gran oportunidad, y pienso que ha surgido en el mejor momento posible —dijo Donovan con total sinceridad.

Sabía que podía confiar en él, que jamás le ofrecería algo que la pudiera perjudicar, sino al contrario. Le debía todo su éxito, y más de lo que se imaginó nunca.

No quería ser impulsiva en esto, porque con el trabajo siempre había sido concienzuda, meticulosa y muy profesional pero, en el fondo, le daba buenas vibraciones. No creía que hubiera nada de malo en dar un salto de fe hacia algo desconocido. Desde luego, un cambio de aires le vendría bien, eso seguro.

Suspiró.

—Bien, creo que puede salir bien —concluyó algo nerviosa—. ¿Cuándo empezamos?

Vio cómo Donovan abría mucho los ojos por la inicial sorpresa y la miró sin dar crédito a lo que oía.

—¿Estás segura? ¿No te lo vas a pensar más tiempo?

Contuvo la respiración, sintiendo que su pulso se aceleraba. No quería pensarlo mucho en realidad, si era un error, casi prefería no saberlo.

Le gustaba la aventura, viajar y hacer cosas nuevas. ¿Por qué no esto? Al final sería una experiencia más.

—Estoy segura —soltó—, si estoy cometiendo un error, no quiero saberlo, así que… adelante.

Donovan empezó a dar saltos de alegría y la animó para unirse a la celebración.

Felices, comenzaron a hacer cantidad de planes. Ashley casi se mareó al oírle hablar sin parar sobre todo lo que debían ir haciendo desde ya, pero a su vez, notaba cómo su entusiasmo se le contagiaba.

No podía ser de otro modo. Se mostraba tan seguro de que la experiencia sería algo maravilloso, que lo creyó de verdad.


A pesar de sus nervios y dudas, algo en su interior le decía que valdría la pena el riesgo.


¡Espero que os haya gustado mucho!





¡Felices lecturas!

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