jueves, 4 de mayo de 2017

Amor a fuego lento - Prólogo

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Ashley Stevens es una repostera de gran prestigio en todo el mundo que está pasando por un mal momento laboral. Cuando le ofrecen hacer un Reality Show en Madrid, su primera reacción es negarse en redondo, pero acaba por aceptar que es una buena forma de escapar de todo lo que le está pasando en Miami. 

Esas cuatro semanas serán como una pausa en su vida, y una oportunidad de hacer algo que le gusta: trabajar en la cocina. 

Sin embargo, su pasado no quiere permanecer atrás y la golpeará con fuerza, tanto como lo harán sus sentimientos por uno de sus alumnos. 

Gérard es diferente. Es chef en un pequeño restaurante de Madrid y tiene un carácter tímido, a diferencia de Ashley y los tipos con los que salía de vez en cuando. 

Aunque se niegue a verlo, se da cuenta de que su interés por él es más que simple curiosidad, pero sabe que el curso solo durará un mes y que luego volverá a su vida sin mirar atrás. Al menos, si pudiera.

Convivir con alguien con quien empiezan a saltar chispas no es fácil, y menos si llegara a descubrirse.



Prólogo



Era muy consciente de los cambios que llegarían cuando supo la noticia. Ashley Stevens era una persona muy previsora en todos los aspectos de su vida, pero en realidad, nadie la pudo haber preparado para todos los acontecimientos que revolverían su ordenado mundo de una manera tan contundente.

Trabajaba como repostera en un negocio familiar de Miami, Florida, y gracias a ello, alcanzó gran fama en todo el país y también fuera de él. Empezó como una sencilla camarera, fue escalando puestos poco a poco y con trabajo duro y, al final, los dueños del local lo renovaron por completo solo para crear un espacio para que ella pudiera desarrollar su gran potencial en la cocina. Todos habían salido ganando. Ashley pudo centrarse en lo que más adoraba en este mundo, y sus jefes ahora poseían un restaurante con pastelería incluida. 

Tenían clientes que iban solo a probar lo que ella preparaba, y eso les enorgullecía. Ashley incluso ganó varios premios como reconocimiento por su talento, claro que eso no condicionó su trabajo en adelante. Le gustaba lo que hacía y cada día intentaba superarse.

A pesar de que sus padres, Seth y Elena, le enseñaron todo lo que sabían, todo lo que amaban de la cocina, solo ella se había dedicado a ello de manera profesional. Había ido a cantidad de cursos durante su adolescencia, y al final acudió a uno de los institutos de cocina más importantes de Nueva York; pero muy a su pesar, lo único en lo que realmente era buena, era en la rama más dulce. Si bien pocas personas conocían uno de sus secretos mejores guardados, aunque lo llevaba bien, le había acarreado algún que otro inconveniente en las cocinas. 

Pero ni siquiera eso que guardaba en su interior con celo, le impidió lograr su única meta: ser una repostera profesional.

Tuvo la gran suerte de encontrar con rapidez un puesto de trabajo estupendo cerca de donde vivía apenas acabados sus estudios, y pudo ver cómo poco a poco el restaurante se convertía en uno de los lugares más emblemáticos del Estado. Se sentía muy orgullosa de haber contribuido a ello, aunque fuera en una pequeña medida, porque no era tan vanidosa como para atribuirse todo el mérito. Adoraba a sus jefes, la familia Kelley, quienes daban el nombre al negocio, aunque en todos esos años, sí hubo un inconveniente insalvable relacionado con ellos: su hija no había congeniado demasiado con Ashley. Cosa que no cambió con el paso de los años. 

Era la que se quedaría con el local cuando sus padres, Norah y Owen, se jubilaran, y en el mes de enero de 2017 llegó ese momento. Para Ashley fue muy duro. Les conocía desde que era pequeña, porque no vivían lejos de su casa, y eran casi como una segunda familia para ella. Y a pesar de sus diferencias con Leslie, la que sería su nueva jefa a partir de entonces, lo cierto era que quería continuar haciendo lo que más le gustaba.

No entendía esa enemistad y fría cortesía desde que se conocieron, porque ambas con sus veintiocho años, tenían algunas cosas en común. 

Cuando Ashley cumplió los veintiuno y empezó a trabajar en el Kelley’s Restaurant & Bar, Leslie ya era jefa de camareros. Llevaba el negocio en la sangre, decían sus padres. Eran profesionales entre ellas y les iba bien aunque no intimaran demasiado. A pesar de la cercanía, no habían ido al mismo colegio y, mientras Ashley estudiaba para ser chef, al menos al principio, Leslie se preparaba para llevar algún día, el negocio familiar. Era admirable la dedicación que mostraba; era respetuosa con todo el mundo y justa con sus peticiones y los repartos de tareas, pero por algún motivo, cuando Ashley fue ascendiendo hasta llegar a cocina, y pasado el tiempo sus padres abrieron la pastelería solo por ella, Leslie empezó a ser cada vez más fría en su trato. 

Nada volvió a ser igual en esos tres años posteriores.

Ashley también modificó el modo de dirigirse a ella. La trataba como siempre, pero no soportaba su frialdad y la poca delicadeza con la que le decía según qué cosas. Nunca la había considerado una amiga, porque en realidad eran compañeras de trabajo y poco más, pero esa misma correcta relación laboral se fue deteriorando hasta convertirse en una especie de guerra silenciosa. 

Por supuesto, Ashley jamás les dijo nada a sus jefes, porque no quería más problemas con Leslie; y esta se limitaba a dejar ver su lado más despreciable cuando no había nadie cerca. Parecía que tuviera doble personalidad. Incluso llegó a pensar que tal vez le gustaba Donovan Harper, el marido postizo con el que Ashley estuvo casada apenas seis meses para luego separarse. 

No llegó a preguntarle sobre ello, porque no quería entrometerse en sus cosas privadas, y tampoco que nadie supiera que ya no estaban oficialmente unidos, pero su comportamiento era muy extraño y le molestaba no saber a qué se debía. No tenían ni idea.

Es decir, al menos hasta ahora.

Después de la increíble fiesta de despedida por la jubilación de Norah y Owen, la cosa fue a peor. Ellos se habían marchado a Europa para viajar durante unos meses, y Leslie por fin tenía el cargo que tanto deseaba. Ashley había temido en silencio la llegada de ese día, y no se equivocó en cuanto a sus negras expectativas. Leslie no solo la menospreciaba en cada cosa que hacía, y ahora de manera abierta delante de otros empleados e incluso clientes, sino que había cambiado por su cuenta a varias de sus ayudantes por otras que eran, además de amigas suyas, unas auténticas incompetentes. 

Ella adoraba enseñar lo que sabía, y conseguir que otros amantes de la cocina se enamoraran también de la repostería, pero no lo disfrutaba cuando sus alumnas se negaban a obedecer unas simples y sencillas directrices. Era agotador, desesperante, y algo que empezaba a hacer mella en su autoestima. 

Muy a su pesar y contra todo lo que había deseado, a principios de febrero, colgó su uniforme y dijo adiós al mejor trabajo que había tenido jamás. 

Lo sentía por los clientes que disfrutaban de sus postres, por sus jefes que habían hecho tanto por ella, y por sí misma, porque eso solo fue el inicio de una pesadilla que no vio venir.

Leslie no parecía contenta con haberse librado de ella en el restaurante, y empezó a contar mentiras sobre su poca profesionalidad, su declive en el trabajo y su falta de compromiso con el negocio. 

Algunos de sus clientes habituales, así como otros reposteros, no parecían creerlo, pero otros se cebaron con ello y aprovecharon el momento para hacerse publicidad. 

La competencia era brutal, y Ashley lo sabía, pero nunca había imaginado que lamentaría su decisión de ayudar a Donovan a avanzar con su carrera televisiva y de paso, hacerse conocida mundialmente. Ahora era carne de cañón en las redes sociales y la televisión sensacionalista, y los mensajes de la gente la estaban poniendo de los nervios. Hacía lo imposible por ignorarlos, pero a veces era complicado.

Él sin embargo, se ganaba la vida delante de los focos, había trabajado durante años como modelo, actor, publicista y presentador en algunos programas. Cuando se conocieron en el restaurante, Donovan solo era un cliente intrigado por las críticas que Ashley recibía, y lo que empezó como una simple relación de empleado y cliente, se fue convirtiendo en amistad y más tarde, en un matrimonio por conveniencia. 

Donovan la había ayudado a progresar en su carrera, la animó a crear su propia página web para mostrar su talento a todo el mundo y gracias a ello alcanzó la fama que tenía en el país. Los premios de reconocimiento por su trabajo eran, en parte, gracias a él, a su apoyo y a su amistad. Y cuando le pidió que le hiciera un favor para que su carrera, que estaba estancada, se volviera a levantar, ella aceptó de inmediato. Muy pocas personas sabían que esa improvisada boda en Las Vegas fue solo un medio para un fin. La imagen de chico alocado de Donovan, mejoró al dejarse ver con su dulce “esposa”. Ella no era muy amante de actuar delante de nadie, pero no le importó hacerlo por él, ya que en realidad, su éxito también era gracias a sus consejos y su apoyo incondicional durante mucho tiempo. Había sido un intercambio de favores justo. Si bien Ashley no soportaba ser la comidilla de los cotilleos, tampoco se prestaba a ser portada de los programas de prensa rosa y el interés de su boda desapareció al poco tiempo, con lo cual, ambos lograron lo que deseaban.

Ashley estaba contenta con su acuerdo. No tenía muchas ganas de tener pareja formal, y el estar casada le dejaba cierta tranquilidad con los pesados de turno; y él había logrado lo que necesitaba en su vida laboral, que le tomaran en serio como alguien serio, y no el típico soltero con una vida llena de juergas y relaciones sin sentido. Ambos tenían sus vidas por separado, aunque intentaban mantener una fachada frente a los medios de comunicación más insistentes. Esa era la parte que menos le gustaba a ella, que los paparazzi les siguieran a todas partes, pero cuando la novedad inicial terminó, también acabó el acoso por parte de esa gente. 

El acuerdo pudo haber acarreado algunos problemas cuando un día, tras una gran fiesta en casa, acabaron acostados en la misma cama. Culparon al tequila, pero lo cierto era que la atracción estaba ahí. Era innegable. 

Sin sentimientos más profundos de por medio, Donovan, al menos por un tiempo, sintió miedo de que Ashley pudiera enamorarse, y a pesar de que la adoraba, no sentía más que atracción física por su falsa mujer. Claro que pronto supo que ella pensaba lo mismo con respecto a su relación. Podían acostarse tantas veces como quisieran y, mientras no confundieran los términos de ese acuerdo y ninguno se inmiscuyera en los asuntos del otro, todo iría bien. Más que bien, ya que los dos tenían la vida que deseaban.

Ashley era muy consciente de sus breves encuentros con chicas monas pero superficiales, así como de las breves relaciones que apenas superaban las dos semanas de duración, pero lo único que le preocupaba de todo eso, era que Donovan no encontrara a nadie que le mereciera de verdad. Las relaciones no eran lo suyo tampoco, y lo cierto era que en ningún momento le dijo nada al respecto, pero a veces pensaba que tal vez ese matrimonio de pega no era más que un escudo para no sentir nada por nadie que le importara de verdad, con el que quizás pudiera formar una familia en el futuro.

Ninguno de los dos se lo planteaba en ese punto de sus vidas, pero claro, su arreglo no iba a aportarles más que la mentira que mostraban al resto del mundo. Su matrimonio no fue más que un medio para un fin.

Se tenían el uno al otro y la amistad era suficiente por el momento pero, ¿lo sería para toda la vida?

Ashley se lo preguntaba algunas veces.


¡Espero que os haya gustado! 

Muy pronto más. Que tengáis un buen día.

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