lunes, 7 de abril de 2014

Primer capítulo de "Un viaje salvaje"

Espero que os guste.



Prólogo




La maleta está preparada, el billete y toda la documentación en mi bolso. Apenas faltan seis horas para volar hacia España, mi tierra.
Estoy deseándolo.
Voy a la cocina a prepararme un sándwich cuando oigo el móvil en alguna parte. Seguro que lo he dejado en el salón, lo encuentro y veo que es un mensaje de Carmen: está deseando verme y que salgamos de fiesta. Es algo que no hago últimamente, ya que no voy a Madrid desde Navidad y ahora en plena entrada del verano, digamos que es mi época favorita para desmadrarme un poco. Tengo ganas de que salgamos juntas de copas, será fantástico.
Le contesto brevemente y como ya he hablado con mis padres, apago el móvil y lo guardo en mi bolso.
Busco el teléfono que suelo usar aquí en América y llamo a Alison.
Ella trabaja conmigo en la revista “Viajes sobre el mundo” desde hace poco más de un año, mientras que yo estoy allí desde hace cuatro. Me alegré mucho que fuera la sustituta de mi ex compañera, era una petarda de mucho cuidado, era imposible colaborar con ella en nada, sin embargo Ali es increíble: una chica sencilla y simpática, tiene un hijo de tres años llamado Ben, un pequeño diablillo rubio como su madre y con unos ojazos verdes, que no solo ha heredado de ella, sino que también de su padre. Por desgracia éste no quiso saber nada del pequeño y mi amiga lo está criando sola.
Sus padres viven en Nueva York y no son lo que se dice, transigentes a la hora de perdonar a su única hija por tener un bebé sin estar casada.
En mí ha encontrado un gran apoyo, desde luego sabe muy bien que podrá contar siempre conmigo, porque sé muy bien lo que es ser hija única y no tener a tus padres a tu lado.
En mi caso, la verdad es que fui yo la que me alejé de ellos. Los quiero muchísimo, eso desde luego. Sin embargo soy muy independiente, siempre me ha gustado buscarme la vida a mi modo: viajando, escribiendo, soñando…
Ellos serían más felices si me hubiese decantado por la medicina en lugar de llevar una vida de nómada, como suelen decir, pero soy feliz viviendo a mi manera. Ahora hace cinco años que vivo en California y la verdad es que estoy empezando a sentir que éste es mi sitio.
Descuelga el teléfono y el silencio dura unos segundos.
—Estoy llegando —suelta Alison sin saludar.
—Tarde como siempre —le digo riendo—, no dirás que es por problemas de aparcamiento, ¿qué estabas haciendo?
—Lo siento, es que la canguro se ha retrasado.
—Ah, está bien —le digo algo confusa—. Creí que traías a Ben. No vamos a ir a ningún sitio, ¿o sí?
—Bueno… —hace una pequeña pausa— Me gustaría ir de compras, mañana he quedado con Mark, por fin, y necesito algo para deslumbrarle, ya sabes…
—Ah, ¡qué bien!
Intento disimular la inmensa alegría que me produce saber que por fin mi compañero de la revista se ha animado a pedirle una cita a mi amiga, ya era hora. Es un poco tímido y me ha costado horrores convencerle de que dé el paso, ya que a ella también le gusta y hacen una pareja ideal. Entraron a trabajar casi al mismo tiempo, es difícil pasar por alto las miradas que se lanzan desde sus mesas de trabajo, pero ninguno se ha atrevido a intercambiar con el otro más que unos cuantos saludos. Ali a veces me dice lo mucho que le atrae, no se puede negar que es un bombón. No es exactamente mi tipo, pero es un hombre guapo y educado, trabaja estupendamente y siempre puedes contar con él cuando se le necesita. Suficiente para que yo intentara hacer de celestina hace unas semanas, prefiero no inmiscuirme en la vida de los demás, pero me da rabia a veces, que dos personas maduras y adultas que se gustan, no sean capaces de hacer una pregunta tan sencilla como: ¿Quieres salir a tomar una copa? ¿Te invito a un café? O algo que les sirva para poner en marcha una relación.
Creo que como Mark está siempre perseguido por las lagartas que trabajan en las diversas secciones de la revista, mi amiga se siente algo cohibida, tuve que remediarlo y un día puse mi plan en marcha. Él ha resultado ser un buen amigo, tras hablarle un poco de Ali y quedar con los dos para comer varias veces, han empezado a llevarse bien, tanto que al parecer, mañana van a tener oficialmente una cita. Bueno, no se puede decir que todo el mérito sea mío, mi amiga y compañera es una gran persona. Espero sinceramente que Mark sea todo lo que demuestra ser y no le haga daño, por su bien.


  

1




Mirando el reloj de pulsera me doy cuenta, de que tras salir a correr durante aproximadamente media hora, estoy más agotada de lo normal. Es algo que hago a menudo para estar en forma, aunque me parece que después del viaje en avión de casi veinte horas, hacer ejercicio no es la mejor idea que he tenido. Solo deseo meterme en la bañera y pasar ahí otros treinta minutos como poco.
Me dirijo al cuarto de baño y paseo la mirada por mi piso, al que a menudo echo de menos, más aún tras varios meses sin venir a Madrid. Apenas puedo contener una sonrisa de satisfacción, no es que me guste más que la casa que tengo en el famoso barrio de Los Ángeles, pero me esmeré mucho en que estuviera a mi gusto y me encanta pasar tiempo aquí. Siempre que vuelvo a la ciudad, una sensación de paz me inunda. Deseo venir más a menudo, no solo en navidades y ocasionalmente en mis vacaciones de verano, como ahora, pero mi vida en California es tranquila y sin la presión que ejercen mis triunfadores padres, que son un poco intransigentes a la hora de pensar en mi carrera profesional.
Cuando los llamé para avisarles de que pasaría dos semanas con ellos, se alegraron enormemente, aunque sé que también piensan en la posibilidad de hacerme cambiar de idea y me quede para siempre aquí con ellos.
No consiguen ocultar que me echan de menos cada día, y además cada vez que pongo un pie en el país, aprovechan para intentar sin éxito, convencerme de que me busque un trabajo aquí y olvide mi “obsesión” con los viajes, como suelen decir.
Mis padres llevan separados más de diez años pero tienen una buena y sana amistad. Es algo que refleja bien la personalidad de ambos: son abiertos, simpáticos y sinceros hasta niveles que a mí me cuesta soportar a veces. El centro de sus vidas sigo siendo yo y a menudo centran demasiadas energías y expectativas en mi persona, algo que hace ardua nuestra relación desde que empecé a crecer y a buscar mi independencia.
La idea de que me vaya del país continuamente les hace sufrir mucho y desde que les dije que me había comprado una casa en la costa de California para vivir allí de forma permanente hace cinco años, más aún.
Ellos tenían sus esperanzas en que me convirtiera en una cirujana de prestigio como lo son ellos, pero cuando opté por estudiar lenguas modernas, casi les hago llorar.
La verdad es que la medicina es algo que no me llama ni la más mínima atención y aunque comprendo que es lo que siempre han deseado para mí, no voy hacer algo que no me apasiona y así se lo hice saber. Sé que aún ahora, después de que hayan pasado años desde aquella época en la que me tocaba elegir mi futuro, conservan la esperanza de que, aunque continúe con mi carrera como escritora y viajera, considere hacerlo más cerca de ellos. Pero desde que me marché del país, me he dado cuenta de lo que es realmente la libertad para hacer lo que quiero, mi añoranza por ellos no es tan fuerte como el deseo de poder hacer lo que me gusta sin tener que dar explicaciones a nadie.
Cuando veo la pantalla del móvil encendida me doy cuenta de que tengo algunas llamadas y mensajes de Alison. Seguro que está deseando saber qué tal mi viaje, porque hace más de veinticuatro horas que llegué y aún no hemos hablado. Le envío un mensaje rápido, tengo que hablar con mis padres antes y puedo llamarla a ella más tarde.
Con el teléfono en la mano y mientras busco una toalla y lo que necesito para darme un baño, marco el número de mi padre. Espero pacientemente, dudo que me conteste porque con su trabajo, a menudo tengo que dejarle un mensaje cuando quiero hablar con él.
Me sorprendo un poco cuando oigo su voz.
—Hola cielo, ¿qué tal estas? —pregunta con voz alegre.
—Muy bien papá —respondo con voz cariñosa—, he descansado algo y ya me he puesto las pilas. Oye he pensado que podríais venir mañana a comer mamá y tú, supongo que te podrás escapar un rato del trabajo ¿no?
—Creo que sí, seguro que si surge alguna emergencia me podrán sustituir —me contesta, hace una pausa y continúa—. Por cierto, ¿has avisado ya a tu madre?
—No, pero tranquilo, enseguida la llamo. No te molesto más si estás ocupado. Nos vemos.
—Vale. Hasta mañana.
Cansada tras la carrera, me siento en un taburete mientras la bañera se llena. El intento de hablar con mi madre se frustra cuando veo que no contesta al teléfono. Pienso que estará ocupada con algún paciente. Le escribo un breve mensaje para que venga a comer mañana, estoy deseando verla de nuevo, porque después de que los dos me recogieran en el aeropuerto, apenas les he visto. La echo muchísimo de menos, aunque me cueste admitirlo a veces.
Siempre he podido recuperarme del jet lag tras un gran número de horas de sueño y pese a que a veces no consigo superarlo tan rápido, al menos el hecho de dormir nada más llegar a mi destino sí ayuda bastante, ahora me encuentro algo mejor. Sin duda un baño caliente y relajante me dejará como nueva.
Me sumerjo lentamente en la bañera, un escalofrío recorre mi cuerpo y suelto un gran suspiro.
—Oh por favor, ¿hay algo mejor que esto? —pregunto para mí misma.
Tras unos pocos minutos de tranquilidad bajo el agua caliente, veo que mi madre me llama al móvil. Qué inoportuna.
—Tendría que haberlo dejado sin sonido —suelto algo molesta por la interrupción.
—Hola mamá.
—Hola Teresa —saluda—. ¿Dónde estás cariño? Te escucho fatal.
—Lo siento, es que me estoy dando un baño, he estado haciendo ejercicio.
—Ah, muy bien. Antes no he podido responderte, estaba ocupada, ¿para qué me has llamado?
—He hablado antes con papá, quería que comiésemos juntos mañana, ¿te apuntas?
—Lo siento, pero me resultará imposible —dice con voz lastimera. Casi puedo ver su cara de tristeza, le ocurre siempre que me tiene que negar algo—. ¿Qué te parece si nos vamos de compras por la tarde? Además, creo que es mejor que estés a solas con tu padre y podáis hablar.
—Me parece bien, y si no tienes trabajo nos vamos a cenar también.
—Claro, estupendo. Tengo que dejarte cielo, hablamos mañana y me cuentas qué tal con tu padre.
—Eso no lo dudes —le digo riendo—. Te quiero mamá.
—Yo también cielo. Adiós.
Cuelga y yo me quedo pensativa. La verdad es que la noticia que de la que me hablará mi padre mañana no será del todo desconocida para mí. Mamá ya me dijo que hay alguien especial en su vida. Él no ha querido contarme absolutamente nada y menos por teléfono, pero claro, ella no ha podido guardar el secreto aunque al parecer le hizo una promesa.
Mi madre no parece afectada en absoluto y tampoco cuando lo hablamos por primera vez, pero creo que es difícil para ella aunque no diga nada al respecto y no seré yo la que ponga el dedo en la llaga preguntándole cosas sobre esa misteriosa mujer. Me alegro de que al menos lo mencionara, así no me sorprenderé demasiado cuando mi padre al fin me hable de ella.
No es que me moleste, para nada. Es su vida y ya es hora de que conozca a alguien, solo lamento que mi madre no pase página, en todos estos años no ha tenido ninguna relación, al menos que yo sepa.
A veces pienso que aún sigue enamorada de mi padre, me parece casi imposible, ya que son mejores amigos que pareja, pero creo que nunca llegaré a saberlo realmente, porque ninguno de los dos dice nada sobre lo que ocurrió hace tantos años, diez para ser exactos.
Alguna vez ambos han llegado a comentar que esperan que me case y tenga hijos algún día. Sospecho que es lo que los dos desean para mí, aunque creo que no estoy preparada para las relaciones serias y mucho menos para lo otro.
Mis padres después del divorcio, demostraron que las relaciones pueden ser cordiales siempre que haya respeto entre los dos, pero la verdad, es que creo que cuando hay sentimientos de por medio, nada es tan fácil como ellos me hacen creer. No soy ninguna ingenua, nunca me han hablado del porqué de su distanciamiento, pero sé que debió de ser algo complicado, las rupturas no llegan porque sí, siempre hay un detonante y a veces solo eres consciente de ello cuando te separas de esa persona, como me ocurrió a mí en el pasado.
Antes de que mi mente navegue en terreno pantanoso, como es el tema de mi traumática ruptura, a pesar de que hace años de aquello, cierro los ojos e intento relajarme y olvidar, o al menos enterrar muy en el fondo de mi mente, los recuerdos dolorosos y disfrutar en la deliciosa bañera con agua caliente.
Mi vida no es lo que se dice estresante, la verdad es que vivo mejor de lo que nunca llegué a imaginarme, pero jamás me negaré un baño placentero como éste.
Enciendo el hidromasaje y todo a mi alrededor parece desvanecerse por un instante. Siempre que vengo a Madrid disfruto de las comodidades del piso que muy acertadamente, dispusieron mis padres para mí. Todo es elegante y cómodo, colmaron todos mis caprichos, como muy a menudo ocurre al ser su única hija.
Pasados unos treinta minutos, decido que ya es hora de salir del pequeño balneario particular y con una toalla alrededor de mi cuerpo entro en el vestidor del dormitorio.
Salir de fiesta un sábado por la noche requiere de suficiente tiempo para prepararse y elegir correctamente lo que vas a llevar, así que opto por un vestido mini de color naranja estridente, que se lleva mucho este verano y unas sandalias con un tacón de infarto de un color marrón claro con elegantes adornos brillantes. No me gusta llamar especialmente la atención, pero me siento atrevida esta noche. Tengo ganas de ponerme algo que me encante y la verdad es que, pensándolo bien, dudo mucho que destaque porque Carmen Espejo y yo vamos a ir a uno de los locales más exclusivos de Madrid y aquello estará lleno de gente que pertenece a la élite del país, son todo glamour y sofisticación.
Como hace meses que no vengo, cuando llamé a mi mejor amiga para decirle que me gustaría salir de marcha con ella y los demás colegas, pues estaba claro donde iríamos, ya que siempre nos ha gustado salir por esta zona de Madrid donde las fiestas no acaban hasta el amanecer y la música y el ambiente son ideales para pasarlo de miedo.
Mi móvil suena y tras mirarlo veo que es un mensaje de Carmen que me dice que está llegando al portal y que baje de una vez. No sé cómo lo consigue, pero incluso por mensaje de texto es una mandona. Me encanta que sea siempre tan directa y como tengo unas ganas locas de verla, sin pensarlo dos veces voy a por mi pequeño bolso y salgo casi corriendo hacia la puerta de casa. Ya en el ascensor empiezo a ponerme nerviosa, no por nada, pero es que hace tiempo que no salgo a divertirme de noche y tengo muchísimas ganas de volver a encontrarme con mis amigos y disfrutar de todo el tiempo que pueda con ellos antes de tener que regresar a mi casa en Santa Mónica.
Debo seguir trabajando después de esta escapada y aunque me encanta pasar tiempo con mi gente, no puedo evitar pensar que he echado raíces allí. Ni yo misma me lo creo a veces, pero por fin disfruto de mi independencia y estoy fuera del influjo de mis padres y de las altas y erróneas expectativas que crearon y que sin duda, aún tienen para mí.
Cuando llego al portal, enseguida veo que una chica preciosa y con el pelo moreno casi idéntico al mío está ya esperándome, golpeando con sus increíbles tacones incesantemente. Al vernos, las dos pegamos un grito de alegría que alarma a los estirados de mis vecinos que entran en el edificio. Sin hacerles caso le doy un abrazo a la persona a quién más echo de menos desde que me marché.
Siempre que veo una oportunidad le insisto en que se venga conmigo y vivamos juntas en mi casa, pero como sé que ella además de a su familia tiene a Ricardo y están locos el uno por el otro, no he podido convencerla de que lo deje todo para cumplir un sueño que hemos compartido desde niñas: compartir piso y viajar por todo el mundo.
Después de un gran y emotivo abrazo, nos subimos en el Audi deportivo que está aparcado cerca y Carmen conduce hacia el parking del local donde hemos quedado.
—Bueno, espero que hayas descansado bien —dice mientras cambia de marchas como un rayo. Su manera de conducir me pone enferma desde siempre y no parece que vaya a cambiar nunca—. Por cierto, ¿has hablado con tu padre ya?
Yo me río ante la pregunta, hace meses que no paramos de cotillear sobre el tema de la nueva novia.
Mi madre tiene un defecto que comparto con ella, y es que es incapaz de callarse nada. Un día hablando por teléfono se le escapó y me hizo prometer que no diría nada a nadie, porque mi padre quería contármelo en persona. Claro que mi promesa no duró mucho al darme cuenta de que en una de mis muchas conversaciones por chat con Carmen, solté la bomba y ya no hubo marcha atrás. No le conté demasiado en verdad, ya que ni siquiera yo conozco a la susodicha, pero somos incapaces de dejar las especulaciones, a menudo parecemos dos adolescentes cotillas con legua viperina. No tenemos remedio, a nuestros veintinueve años, nos resulta difícil cambiar nuestra forma de ser.
—Mañana hemos quedado a comer—le digo—, mi madre no podrá venir, pero supongo que será más fácil hablar con él a solas. Pobrecito, pensará que le voy a preparar un bocadillo, siguen pensando que no he madurado ni aprendido nada en absoluto desde que me fui.
—Menos mal que no nos verán esta noche —dice Carmen riendo—, y por cierto estás increíble con ese vestido.
—Gracias, tú no te quedas atrás —admiro el precioso collar que adorna su vestido de seda negro—. Karla ha hecho un buen trabajo con nosotras —le guiño un ojo a mi amiga al mencionar a una estilista de Nueva York que nos ha enseñado muchas cosas sobre moda —. Ojalá pudiera vernos.
—No sé porque no ha querido venir contigo esta vez, aquí las fiestas no serán tan glamurosas como en la gran manzana, pero igualmente son lo más —dice mientras aparca y se retoca el maquillaje antes de bajar del coche. Yo hago exactamente igual.
Al salir del flamante deportivo plateado, unos hombres vestidos muy formalmente nos echan el ojo y nos dedican unas deslumbrantes sonrisas que aumentan sus atractivos rostros. Mi amiga se queda embobada mirándolos y sé que ella solo se fija en los pocos mortales en los que tiene algún interés, por ese motivo me quedo desconcertada y no puedo evitar hacerle la gran pregunta que me tiene mortificada desde hace varios meses.
—A ver, ¿se puede saber qué pasa entre Ricardo y tú? Últimamente eres incluso más esquiva que yo con ese tema y ya de por sí es preocupante, pero verte mientras le lanzas miradas a ese tío es lo más raro que he presenciado en años —con mis brazos en jarras, espero con poca paciencia y el ceño fruncido a que se explique—. Si lleváis más de siete años saliendo, ¿qué ocurre?
—No pretendía ocultártelo, pero es humillante hablar de esto y más aún por teléfono —dice con semblante serio—, ha empezado a salir con María Molina y no digas nada, estoy segura de que sabes de quién te hablo.
—¿Qué? —pregunto estupefacta, casi gritando.
Claro que sé quién es, trabajó con Carmen en su estudio de fotografía cuando lo abrió. Demostró tener un interés preocupante por Ricardo y mi amiga no dudó en despedirla cuando pasó el periodo de prueba. Tuvieron una terrible discusión en la que María llegó a amenazarla, diciendo que ya se las vería con ella. Ninguna creímos entonces sus palabras, nos imaginamos que estaría molesta por perder su trabajo, pero está claro que nos equivocamos.
—Pues lo que no sabes, es que hace unos dos meses, la invité a casa para hablar sobre el reportaje que íbamos a hacer para su boda. Me pidió perdón por lo ocurrido, dijo que era feliz con su novio y tiene un trabajo estupendo. No dudé de ella —dice con cara de confusión—. Fue raro que me dijera que no podía ir al estudio porque le venía mal el horario, pero no sé, no lo pensé y le dije que podía venir a casa al medio día. Tomás me llamó desde el estudio preocupado porque no encontraba un álbum de fotos que recogerían esa tarde y tuve que ir a ayudarle. Cuando llegué a casa… —su mirada se ensombrece y se aclara la garganta, lo cual me indica que se está atormentando con el recuerdo— me los encontré revolcándose en el sofá del salón.
—¡Dios mío! —suelto con la boca abierta—.Y entonces… ¿qué hiciste?
Me quedo alucinada cuando veo que Carmen me mira y sonríe de manera perversa. Por un momento estoy imaginando que está triste por lo ocurrido y de repente la veo poner una expresión maliciosa y carcajearse delante de mis narices. La miro desconcertada por su reacción.
—Les dije que estarían increíbles para un reportaje pornográfico y que cuando acabaran, me llamaran al móvil —explica sin inmutarse apenas—. Me largué de allí y a las dos horas o así, Ricardo me llamó al estudio y me dijo que María no estaba y que teníamos que hablar. Obviamente le dije gritando que no pensaba escuchar sus penosas excusas y que desapareciera de mi vista mientras iba a recoger mis cosas. Por la noche haciendo la maleta descubrí que el álbum de fotos perdido estaba en casa con una nota de esa petarda diciendo que la venganza se sirve mejor fría.
—Vaya, menuda hija de… —callé. Preferí guardarme los calificativos que iban a salir de mi boca—. ¿Y todo terminó así sin más? ¿No hablaste con Ricardo?
Carmen me mira con cara de pocos amigos. En seguida me arrepiento de mis palabras.
—¿Qué querías que hiciera, que me uniera a ellos o le diera unas palmaditas en la espalda? —espeta furiosa.
—Maldita sea, claro que no. Pero digo yo que al menos podrías haberte enterado de qué es lo que pasaba entre los dos —le digo—. Ya sabes que creo que el amor solo existe en el cine, y ni aún así es creíble, pero creo que es importante conocer la verdad. ¿Llegaron a acostarse aquel día? Quizás ella lo preparó todo para que los pillaras de esa forma y en realidad no ocurrió nada. Es posible que empezaran algo cuando ya no estabais juntos.
—Es un cabronazo, me da igual que ella solo le estuviera utilizando entonces, eso no cambia las cosas y además… unas semanas más tarde me enteré de que salían juntos. La única verdad que me interesa es que es un cerdo y no merece la pena —dice Carmen más suavemente—. Después de tantos años creí que todo iba bien y que llegaríamos a dar el siguiente paso pronto, pero definitivamente él no estaba preparado para eso. Creo que fue su forma de hacérmelo comprender.
—¿A qué te refieres?
—Bueno… el último año le hablé de mi intención de pasar por el altar en un futuro no muy lejano, pero veo que él no quería lo mismo —suspira y vuelve a sonreír como para quitarle importancia—. Fue contundente al demostrármelo, ¿no crees?
Casi no puedo creer lo que estoy viendo. Mi mejor amiga siempre ha sido una chica alocada, pero una romántica empedernida. Sé que estaba enamorada de su hombre y al parecer descubrir el engaño de éste, la ha convertido en una cínica de las relaciones. Está claro que ahora se parece más a mí de lo que me imaginé, y no sé por qué, pero la idea no me agrada demasiado.
Parece que no le ha afectado, y eso en cierto modo me asusta, no sé si es que realmente le ha olvidado, o si por el contrario, está reprimiendo lo que siente y en cualquier momento se dará cuenta de lo que ha ocurrido y explotará.
Carmen siempre me decía que era el hombre de su vida y ahora habla de Ricardo como si no significase nada para ella. Desde luego creo que nunca llegaré a entender el curso que siguen las relaciones de las personas que hay a mi alrededor. Y mucho menos las mías.


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2 comentarios:

  1. Deseando seguir. Haber como se desrrolla.

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    1. Me alegro de que te haya gustado, de momento solo está en amazon (en papel y kindle). Espero que te animes a comprarlo y comentarlo allí también. Un abrazo!

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